Los ingenieros y técnicos de la izquierda marxista, en la España de los sesenta y principios de los setenta, teníamos una idea favorita que llamábamos la RCT, o "revolución científico técnica", tomada de un libro del checoslovaco Radovan Richta. Una idea que empleábamos con profusión para caracterizar el mundo desarrollado del futuro, pero que entonces no sabíamos definir con precisión. En el libro de Richta "La civilización en la encrucijada" se daban gran cantidad de cifras para demostrar que el mundo desarrollado se dirigía a una creciente tecnificación: el descenso del número de trabajadores agrícolas o manuales junto con el incremento de los ingenieros y técnicos, la producción de materiales plásticos y la aparición de otros materiales nuevos, el crecimiento del consumo de energía eléctrica y el fuerte incremento de los ordenadores especialmente en los E.E.U.U. donde, en 1970, se había llegado a la "escalofriante" cifra de 55.000 ordenadores o sea de unos 250 ordenadores por millón de habitantes. Una cifra que, en realidad, se habrá multiplicado casi por 1.000 para el año 2005. En España, la cifra era entonces de unos 10 ordenadores por millón de habitantes y hoy en día por lo menos 10.000 veces más.
Si repasamos las predicciones futuristas de la época, veremos que se hablaba de ideas fantásticas como artilugios voladores individuales, grandes ciudades en el mar y muchas otras que no se han realizado en la actualidad. En cambio, nadie fue capaz de predecir entonces que la mayoría de los hogares del mundo desarrollado dispondrían de uno o más ordenadores con una potencia superior a los grandes ordenadores de los años 70. Ni que casi todos tendríamos un pequeño teléfono de bolsillo con el que comunicarnos, sin cables, desde casi cualquier lugar. Ni mucho menos que habría una Red global descentralizada capaz de suministrarnos información sobre cualquier tema y a la que cualquiera podría añadir información e intercomunicar con cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Si hubieramos sabido entonces que un fenómeno así se iba a producir, sin dudarlo le hubieramos asignado la etiqueta de la misteriosa RCT.
¿Se puede afirmar ahora que la Red -Internet más móviles- es un fenómeno al que se le puede asignar el término de "revolucionario"?
Desde luego, no hay duda del papel relevante que la intercomunicación masiva y simultánea en la Red está teniendo en algunos cambios políticos recientes: parece que lo hubo en los cambios del 99 en Filipinas y luego en Georgia y en las recientes movilizaciones de la "revolución naranja" de Ucrania o en las últimas de Kirguizistán. Y, desde luego, en los días previos al 14 de Marzo en España que supusieron el relevo del gobierno del PP. Los gobiernos perdedores suelen culpar de las movilizaciones a la actividad conspirativa de la oposición. Sin embargo, lo que tienen de nuevo estos fenómenos es que se producen en base a un sentimiento generalizado de protesta que se manifiesta en concentraciones masivas convocadas por la intercomunicación espontánea de miles de individuos conectados a través de la Red. Ningúna organización centralizada ni ningún partido sería capaz de constituir este fenómeno de convocatoria multilateral de intercomunicación masiva entre individuos libres, como han mostrado los sociólogos Manuel Castells o David de Ugarte (11M: Redes para ganar una guerra) .
No obstante, "secondo me", lo que la Red tiene de revolucionaria no es tanto su capacidad de movilización política sino su capacidad de facilitar la masiva colaboración activa entre individuos, en todo el mundo, que no se conocen entre sí pero que tienen el vínculo de sentirse fuertemente atraídos por una afición o propósito común. Sin duda, en la Red se pueden encontrar una multiplicidad de casos de esa intercolaboración, pero el más significativo y extraordinario, en mi opinión, ha sido el vertiginoso desarrollo del software libre y GNU/Linux desde los primeros años 90 hasta nuestros días. De este tema, vale la pena escribir en un próximo artículo.
Si repasamos las predicciones futuristas de la época, veremos que se hablaba de ideas fantásticas como artilugios voladores individuales, grandes ciudades en el mar y muchas otras que no se han realizado en la actualidad. En cambio, nadie fue capaz de predecir entonces que la mayoría de los hogares del mundo desarrollado dispondrían de uno o más ordenadores con una potencia superior a los grandes ordenadores de los años 70. Ni que casi todos tendríamos un pequeño teléfono de bolsillo con el que comunicarnos, sin cables, desde casi cualquier lugar. Ni mucho menos que habría una Red global descentralizada capaz de suministrarnos información sobre cualquier tema y a la que cualquiera podría añadir información e intercomunicar con cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Si hubieramos sabido entonces que un fenómeno así se iba a producir, sin dudarlo le hubieramos asignado la etiqueta de la misteriosa RCT.
¿Se puede afirmar ahora que la Red -Internet más móviles- es un fenómeno al que se le puede asignar el término de "revolucionario"?
Desde luego, no hay duda del papel relevante que la intercomunicación masiva y simultánea en la Red está teniendo en algunos cambios políticos recientes: parece que lo hubo en los cambios del 99 en Filipinas y luego en Georgia y en las recientes movilizaciones de la "revolución naranja" de Ucrania o en las últimas de Kirguizistán. Y, desde luego, en los días previos al 14 de Marzo en España que supusieron el relevo del gobierno del PP. Los gobiernos perdedores suelen culpar de las movilizaciones a la actividad conspirativa de la oposición. Sin embargo, lo que tienen de nuevo estos fenómenos es que se producen en base a un sentimiento generalizado de protesta que se manifiesta en concentraciones masivas convocadas por la intercomunicación espontánea de miles de individuos conectados a través de la Red. Ningúna organización centralizada ni ningún partido sería capaz de constituir este fenómeno de convocatoria multilateral de intercomunicación masiva entre individuos libres, como han mostrado los sociólogos Manuel Castells o David de Ugarte (11M: Redes para ganar una guerra) .
No obstante, "secondo me", lo que la Red tiene de revolucionaria no es tanto su capacidad de movilización política sino su capacidad de facilitar la masiva colaboración activa entre individuos, en todo el mundo, que no se conocen entre sí pero que tienen el vínculo de sentirse fuertemente atraídos por una afición o propósito común. Sin duda, en la Red se pueden encontrar una multiplicidad de casos de esa intercolaboración, pero el más significativo y extraordinario, en mi opinión, ha sido el vertiginoso desarrollo del software libre y GNU/Linux desde los primeros años 90 hasta nuestros días. De este tema, vale la pena escribir en un próximo artículo.