Casi todos pensamos que la corrupción es algo esencialmente contrario a la democracia. Algo que hay que perseguir y sustituir por la mayor transparencia posible, especialmente en el ámbito de lo público. Sin embargo, el influyente publicista americano Moisés Naim ha escrito, en la revista Foreign Policy de la que es Director, un alegato a favor de la corrupción como parte inseparable de la condición humana y también de la Democracia. La tésis de Naim es que las leyes anticorrupción y los códigos éticos de conducta empresarial hacen más daño que beneficio a las actividades económicas ya que la cultura del soborno y la ambición para conseguir el éxito son consustanciales con la humanidad y tratar de frenarlos suponen una ilusión paralizante. Naim llega a decir: "la guerra contra la corrupción está minando la democracia". La razón fundamental para lanzar esta sorprendente tésis es la de que si la corrupción polariza en exceso el debate político y de los medios de comunicación se impide que se traten las cuestiones y problemas verdaderamente importantes para un país. Naturalmente, esta es la visión del liberalismo radical que abomina de todas las regulaciones que obstaculizan el libre juego del mercado que incluiría también la utilización del soborno y las comisiones ocultas. Incluso, Naim se permite dar ejemplos de países donde la corrupción coexiste con altas tasas de crecimiento y prosperidad: China, India, Tailandia... Países que, por cierto, no son un modelo de democracia. Como tampoco lo son los países latinoamericanos con elevados niveles de corrupción.
Pero los liberales radicales y "neocons" se olvidan siempre de mencionar países donde sus tésis económicas no se cumplen: los países nórdicos, es decir Suecia, Finlandia, Noruega o Dinamarca. Son los países de más bajo nivel de corrupción del mundo y donde el bienestar social y el espíritu democrático son más fuertes, al mismo tiempo que presentan, junto a los altos impuestos, un buen nivel de ocupación, altos niveles de renta per cápita y un fuerte desarrollo tecnológico que genera una alta competitividad empresarial. Si aplicásemos las teorías "neocons" esos países deberían dar altos niveles de desempleo y un estancamiento económico junto con un bajo nivel democrático, justamente lo contrario de lo que realmente presentan.
Pero los liberales radicales y "neocons" se olvidan siempre de mencionar países donde sus tésis económicas no se cumplen: los países nórdicos, es decir Suecia, Finlandia, Noruega o Dinamarca. Son los países de más bajo nivel de corrupción del mundo y donde el bienestar social y el espíritu democrático son más fuertes, al mismo tiempo que presentan, junto a los altos impuestos, un buen nivel de ocupación, altos niveles de renta per cápita y un fuerte desarrollo tecnológico que genera una alta competitividad empresarial. Si aplicásemos las teorías "neocons" esos países deberían dar altos niveles de desempleo y un estancamiento económico junto con un bajo nivel democrático, justamente lo contrario de lo que realmente presentan.
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