Según mis noticias, los fuegos desatados en España y Portugal debido a la fuerte sequía y altas temperaturas están siendo muy comentados en la prensa de algún país nórdico, especialmente el caso de Guadalajara. A la mentalidad práctica de los ciudadanos nórdicos les impresiona la falta de previsión y de civismo que implica la forma en que la mayoría de los incendios se producen: casi todos por negligencias humanas y algunos hasta intencionados. Que en esta situación de sequedad y altas temperaturas se permita que se enciendan barbacoas o fuegos para hacer comidas es algo muy dificil de entender para mentes que comprendan el valor de los bosques y del medio ambiente.
Sin duda, en estos aspectos España se encuentra al nivel del subdesarrollo.
Siempre me ha sorprendido el hecho de que no se limpien los bosques de maleza y que esta no se aproveche como biomasa para generar energía limpia. En algún simposium sobre medio ambiente he hecho estas preguntas a los expertos y las respuestas fueron siempre confusas y poco convincentes. Creo que la razón principal, además de que resulta caro en mano de obra, es que la iniciativa tiene que venir de las Administraciones públicas y es sabido que estas oponen siempre resistencia a implicarse en operaciones cuyos resultados desconocen y pueden suponerles un riesgo. Sin embargo, no hacerlo se ha convertido en un riesgo todavía mayor. Quizás haya que agradecer a los 11 muertos de Guadalajara el que el problema endémico de los fuegos empiece a estudiarse con seriedad para llegar a establecer programas de prevención eficaces a medio y largo plazo. En mi opinión, además de normas estrictas para evitar negligencias, han de proyectarse cortafuegos correctamente situados, realizar limpiezas bien organizadas y en los momentos adecuados, y crear equipos de detección temprana y de acción rápida bien entrenados y coordinados con los recursos comunitarios y estatales. El coste puede ser alto, pero probablemente no tanto como el de los daños que consigan evitar.
Veremos si se ha aprendido la lección de una vez por todas.
Sin duda, en estos aspectos España se encuentra al nivel del subdesarrollo.
Siempre me ha sorprendido el hecho de que no se limpien los bosques de maleza y que esta no se aproveche como biomasa para generar energía limpia. En algún simposium sobre medio ambiente he hecho estas preguntas a los expertos y las respuestas fueron siempre confusas y poco convincentes. Creo que la razón principal, además de que resulta caro en mano de obra, es que la iniciativa tiene que venir de las Administraciones públicas y es sabido que estas oponen siempre resistencia a implicarse en operaciones cuyos resultados desconocen y pueden suponerles un riesgo. Sin embargo, no hacerlo se ha convertido en un riesgo todavía mayor. Quizás haya que agradecer a los 11 muertos de Guadalajara el que el problema endémico de los fuegos empiece a estudiarse con seriedad para llegar a establecer programas de prevención eficaces a medio y largo plazo. En mi opinión, además de normas estrictas para evitar negligencias, han de proyectarse cortafuegos correctamente situados, realizar limpiezas bien organizadas y en los momentos adecuados, y crear equipos de detección temprana y de acción rápida bien entrenados y coordinados con los recursos comunitarios y estatales. El coste puede ser alto, pero probablemente no tanto como el de los daños que consigan evitar.
Veremos si se ha aprendido la lección de una vez por todas.
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