Aunque sean cada vez menos, hay bastantes personalidades (políticos y voceros neo-cons, periodistas y escritores, hombres de negocios, gente corriente y unos pocos científicos) que tachan de catastrofistas o alarmistas a los ecologistas y científicos medioambientales que advierten de las consecuencias del cambio climático provocado fundamentalmente por el aumento del CO2, y otros gases de efecto invernadero, que se emiten a la atmósfera a causa de las actividades humanas de transporte y consumo, fuertemente crecientes. Actividades que también tienen un fuerte impacto en la degradación o agotamiento de muchos recursos esenciales del planeta como es el agua dulce y los recursos no renovables.
En mi artículo "30 años después" me refería a la sorprendente crítica de Libertad Digital al libro "Los límites del crecimiento: 30 años después". Además de hacer algunas afirmaciones falsas y tergiversar lo que los autores realmente dicen, mencionan esta increible frase:
Lamentablemente no me parece que esta afirmación sea cierta pero, en todo caso, quienes la dicen lo hacen en un tono peyorativo ya que, para estos sujetos, los ecologistas son los malos de la película. Lo mismo que ocurre con la novela de Michael Crichton "State of Fear" en los que un grupo "ecoterrorista" generan artificialmente una serie de "desastres naturales" para conseguir que los Gobiernos adopten medidas de control de los gases de efecto invernadero. Algo que Crichton considera innecesario basandose en las lógicas dudas científicas sobre las causas de los cambios climáticos.
Y es que el lenguaje de los científicos es siempre precavido y dubitativo (sobre todo en los temas de cambio climático que precisan observaciones de muchos años), al contrario que el de muchos políticos y de los antiecologistas furibundos que se permiten hacer afirmaciones tajantes sin demostrar.
Pero ya empiezan a alzarse voces de científicos, como el Presidente de la Asociación americana para el avance de las ciencias John Holdren, que afirma con toda rotundidad que el calentamiento global provocado por el hombre es un hecho que se está acelerando y que el mundo corre peligro.
Además, este científico "culpó al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, no sólo por negarse a reducir las emisiones de gases contaminantes, sino por no llevar a la práctica lo que dijo en sus discursos en cuanto al desarrollo de tecnologías para abordar el problema del cambio climático". Todo un alegato del más acusado estilo ecologista militante.
Y, para los españoles, me permito recomendar fervientemente el libro "La Tierra herida" (Ediciones Destino) de Miguel Delibes (padre) y Miguel Delibes (hijo). El libro es tan apasionante y ameno que se lee facilmente en una tarde. El dúo que forman padre e hijo, uno con mucho sentido común y certeras preguntas y el otro presentando un elevado grado de conocimiento científico de los temas medioambientales, hacen que este libro constituya realmente una lectura sugerente y atractiva. Un libro, en suma, que debería ser de lectura obligada en la asignatura de Medio Ambiente de bachillerato (si es que esta asignatura existe).
Todos deberíamos ser conscientes de que podemos estar ante el problema más importante de la historia de la humanidad y que demorar las soluciones (si las hubiere), puede hacer que el problema se convierta en irreversible.
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