La Iglesia católica española actual ya no pretende quemar a ningún hereje ni aterrorizar a sus fieles con amenazas de tormentos en un infierno eterno, pero no parece conformarse fácilmente con un papel de adoctrinamiento secundario frente al Estado laico. La Ley por la cual se incorpora al currículo educativo la nueva asignatura de "Educación para la Ciudadanía" ha destapado la caja de los truenos de nuestros obispos. ¡Cómo se atreve el Estado laico a proporcionar clases de moral y ética a los estudiantes de bachillerato! Esa ha sido siempre una tarea de la Iglesia, si bien ya no tienen el monopolio del adoctrinamiento de la juventud como tuvieron durante 40 años al amparo de un Estado dictatorial y totalitario. ¡Qué tiempos aquellos!, deben pensar los obispos, con nostalgia. Entonces ya no teníamos una inquisición en toda regla, pero sí se podían censurar películas y muchos libros que precisaban del "Nihil Obstat" declarado por la jerarquía eclesiástica. Como jóven estudiante de bachillerato de los años 50, recuerdo muy bien que las Ciencias estaban sometidas a la tutela religiosa que decía que la evolución de las especies era "evidentemente falsa" ya que de algo inferior (el mono) no puede surgir algo superior (el hombre). Cuando yo, ingenuamente, preguntaba ¿y, porqué no? suscitaba las iras de mi profesor que no estaba dispuesto a contestar a semejantes ridículas preguntas. Como último argumento se acudía a la Biblia la cual, por cierto, no nos era permitido leer completamente y sin los correspondientes comentarios eclesiásticos.
Pero la jerarquía eclesiástica no se conforma con un papel moralizador en el que no pueda ejercer ningún tipo de inquisición. Y ha encontrado, en la asignatura de Eduación para la Ciudadanía, un excelente objetivo inquisitorial aunque sea de un perfil tan bajo como el de promover la objeción de conciencia contra la aplicación de la correspondiente ley.
Aparte de la pérdida de su monopolio moralizador, no es fácil encontrar lo que puede molestar a la Jerarquía en esta asignatura cívica. Si uno lee detenidamente el contenido que el decreto establece en la Educación para la Ciudadanía no puede sino preguntarse qué es lo que los obispos españoles ven de malo en el texto. Desde luego, en el pasado, la Iglesia ha dado muchas muestras de discriminar a las personas según su religión, clase social, raza u orientación sexual, y no se ha distinguido por conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, pero no creo que sean estos los motivos por los que se oponen a la impartición de esta asignatura.
Según se dice en ABC, el cardenal primado de Toledo (Sr.Cañizares) dice que Educación para la Ciudadanía es una invasión del derecho constitucional que tienen los padres a elegir la formación religiosa y moral que quieren para sus hijos, y asegura que la Iglesia tiene el deber de "defender los derechos del hombre" (incidentalmente, no hubiese estado de más que la Iglesia hubiese practicado esa defensa durante el franquismo). Lo que no especifica el cardenal es en qué aspectos invade la asignatura ese derecho de los padres a la formación religiosa y moral de los hijos. Desde luego, la educación para la ciudadanía no entra en las creencias religiosas. Y, en cuanto a la moral, se trata únicamente de que se conozcan y valoren positivamente los derechos y obligaciones que se derivan de la Declaración de los Derechos Humanos (cuyas normas nuestra Constitución reconoce) y de la propia Constitución española. Todo lo demás, no son normas morales sino cívicas y de convivencia social. Quizás a nuestros obispos no les guste que, entre nuestra juventud, se promueva la autonomía e iniciativa personal en la toma de decisiones, participación y asunción de responsabilidades. Seguramente, esa "autonomía" es algo peligroso para la Jerarquía eclesiástica.
Espero que los lectores (si los hubiere) de este Blog tengan la amabilidad (y paciencia) de leer atentamente los contenidos de la asignatura y comenten lo que les parezca una intromisión flagrante en el derecho de los padres a la formación moral de sus hijos. Puede que lo encuentren, en el caso de que esos padres pretendan una formación insolidaria e incívica que atente contra los Derechos Humanos y contra los principios constitucionales básicos.
PS: Después de mes y medio de escribir esta entrada, he leído un artículo de Peces-Barba, en El Pais de 7-8-2007, titulado "En torno a la Educación para la Ciudadanía" que enlazo por su enorme interés.
Pero la jerarquía eclesiástica no se conforma con un papel moralizador en el que no pueda ejercer ningún tipo de inquisición. Y ha encontrado, en la asignatura de Eduación para la Ciudadanía, un excelente objetivo inquisitorial aunque sea de un perfil tan bajo como el de promover la objeción de conciencia contra la aplicación de la correspondiente ley.
Aparte de la pérdida de su monopolio moralizador, no es fácil encontrar lo que puede molestar a la Jerarquía en esta asignatura cívica. Si uno lee detenidamente el contenido que el decreto establece en la Educación para la Ciudadanía no puede sino preguntarse qué es lo que los obispos españoles ven de malo en el texto. Desde luego, en el pasado, la Iglesia ha dado muchas muestras de discriminar a las personas según su religión, clase social, raza u orientación sexual, y no se ha distinguido por conseguir la igualdad entre hombres y mujeres, pero no creo que sean estos los motivos por los que se oponen a la impartición de esta asignatura.
Según se dice en ABC, el cardenal primado de Toledo (Sr.Cañizares) dice que Educación para la Ciudadanía es una invasión del derecho constitucional que tienen los padres a elegir la formación religiosa y moral que quieren para sus hijos, y asegura que la Iglesia tiene el deber de "defender los derechos del hombre" (incidentalmente, no hubiese estado de más que la Iglesia hubiese practicado esa defensa durante el franquismo). Lo que no especifica el cardenal es en qué aspectos invade la asignatura ese derecho de los padres a la formación religiosa y moral de los hijos. Desde luego, la educación para la ciudadanía no entra en las creencias religiosas. Y, en cuanto a la moral, se trata únicamente de que se conozcan y valoren positivamente los derechos y obligaciones que se derivan de la Declaración de los Derechos Humanos (cuyas normas nuestra Constitución reconoce) y de la propia Constitución española. Todo lo demás, no son normas morales sino cívicas y de convivencia social. Quizás a nuestros obispos no les guste que, entre nuestra juventud, se promueva la autonomía e iniciativa personal en la toma de decisiones, participación y asunción de responsabilidades. Seguramente, esa "autonomía" es algo peligroso para la Jerarquía eclesiástica.
Espero que los lectores (si los hubiere) de este Blog tengan la amabilidad (y paciencia) de leer atentamente los contenidos de la asignatura y comenten lo que les parezca una intromisión flagrante en el derecho de los padres a la formación moral de sus hijos. Puede que lo encuentren, en el caso de que esos padres pretendan una formación insolidaria e incívica que atente contra los Derechos Humanos y contra los principios constitucionales básicos.
PS: Después de mes y medio de escribir esta entrada, he leído un artículo de Peces-Barba, en El Pais de 7-8-2007, titulado "En torno a la Educación para la Ciudadanía" que enlazo por su enorme interés.
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