Se calcula que, durante la próxima semana, la población mundial llegue a los 7.000 millones de personas y, en 2050, a los 9.000 millones. Parece mucho, pero es todavía más espectacular saber que la cifra actual es 3,3 veces la población existente cuando yo nací. He encontrado un sitio donde se obtiene la población mundial en cualquier fecha que uno indique, a partir de 1910. Me resulta asombroso constatar que, cuando nací, la población era poco más de 2.100 millones y que, por tanto, a lo largo de mi vida la población habrá crecido en unos 5.000 millones o más, dependiendo de los años que me queden de vida.
La teoría de Malthus era que el crecimiento exponencial de la población acabaría con los recursos alimentarios, ya que la superficie cultivable está limitada en nuestro planeta. Aunque, de momento, la tecnología agraria hace que existan suficientes recursos para alimentar a toda la población mundial, hasta que esta se estabilice, no es así para determinadas regiones, como ya estamos viendo en el cuerno de África. Y todavía más insostenible es ya la falta de agua para poner en marcha proyectos de desarrollo agrícola y ganadero en las regiones que se van desertizando progresivamente. Solo proyectos para disponer de recursos de energía barata y sostenible podrían resolver el problema a largo plazo. Pero ¿quién pagaría los altos costes de tales proyectos? No, desde luego, los países implicados en esa desertización y que son los que sufren las hambrunas y la falta de agua, ya que su capacidad financiera es prácticamente nula.
Al parecer, existe una idea de macroproyecto (no sé si está en una fase más avanzada que la de idea), denominado EU-MENA que, aplicando un concepto llamado Desertec, pretende que las necesidades energéticas de amplias regiones de Europa, Oriente Medio y el Norte de África, estén cubiertas con energías limpias, básicamente por energía solar y viento, obtenidas en el desierto.
Sería, desde luego, la solución a una catástrofe malthusiana en el Norte de África y a la sostenibilidad energética de Europa y Oriente Medio. Técnicamente, no habría problemas en llevarlo a la práctica, pero ¿cómo se financiará? Esto no parece que sea fácil en este momento de crisis y, sin embargo, es precisamente un gran proyecto de obras públicas lo que se precisa para una salida de la crisis, a largo plazo. La crisis global de los años 30 se resolvió, como decía Krugman, con un gran proyecto de obras públicas denominado "segunda guerra mundial". También la guerra del 14 acabó con una gran crisis europea y dio paso a los "felices años 20". Ya es hora de que resolvamos una crisis europea con un gran proyecto de paz y no de guerra. ¿Tendrán los líderes europeos la altura de miras necesaria como para lanzar un proyecto de este calibre? De momento, no lo parece. Enfangados como están en soluciones de recortes del gasto público que, precisamente, contribuyen a agudizar la crisis y que, para nuestro país, tan necesitado de un impulso al crecimiento y el empleo, nos parecen contraproducentes.
Reconozco que me siento pesimista en relación con los líderes europeos y su voluntad política para estimular el empleo. ¿Pero, cómo hacerlo en solitario? Sin duda, los últimos datos de desempleo van a reforzar las posibilidades de que el PP obtenga una mayoría absoluta. ¿Cómo podrán bajar impuestos (tal como dicen) y, al mismo tiempo, estimular la demanda y reducir el déficit? Lo ignoro, pero les deseo toda la suerte del mundo.
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