Hace unos días comentaba yo, con una amiga casada con un hispanoamericano, la situación en América Latina con los nuevos cambios electorales. Antes de poder yo decir nada, ya me daba su opinión, recogida de algunas fuentes de la inmigración, de que las cosas no iban bien ya que la "dictadura" de Castro se hacía más influyente y, en Venezuela o Bolivia, gobernaban personajes ignorantes y demagogos (para bastante gente, los gobernantes con aspecto indígena casi siempre son sospechosos de ignorancia y/o demagogia). Mi espíritu contestatario aventuró la peregrina idea de que millones de pobres latinoaméricanos tenían suerte de que Cuba no sea una democracia, ya que, en una democracia como la de EE.UU., sería imposible que los electores admitieran que, con sus impuestos, se costeasen intervenciones de solidaridad como las que Cuba realiza con los indígenas y pobres de Venezuela, Bolivia, Pakistan, África y otros muchos países, donde decenas de miles de enseñantes y médicos cubanos se han dedicado a alfabetizar y a dar atención sanitaria a personas que viven en lugares donde ni la enseñanza ni la sanidad públicas de sus países es capaz de llegar.
No me sorprendió que una persona, que se supone culta y relacionada con América latina, no supiera absolutamente nada de esas operaciones de solidaridad internacional sin precedentes. Y es que la prensa occidental apenas se hace eco de este tipo de informaciones. Ya sabemos qué tipo de noticias ocupan la mayor parte del espacio mediático español (para verguenza nuestra). Para estar al día en esas cuestiones, que no son noticia para el gran público, hay que recurrir a Internet donde es posible leer artículos como el de "Otra práctica de la medicina es posible" o bien noticias de la BBC en español , y otros medios ideológicamente avanzados, que tienen una buena cobertura para Latino América. Entonces uno se entera de que hay intervenciones, como la llamada "misión Milagro", por la que ya se han operado, en Cuba, de ceguera, cataratas y otras deficiencias visuales a más de 200.000 personas de 24 países de América latina y del Caribe. Transportados en avión a La Habana son sometidos a operaciones oftalmológicas por especialistas cubanos. Todo gratis para el paciente, según los acuerdos firmados entre Cuba y la República Bolivariana de Venezuela: petróleo por atenciones sociales.
Uno se entera también que, desde los años 60, unos 100.000 profesionales de la salud cubanos han participado en misiones de atención médica en casi 100 países de América, Africa y Asia y que, en Cuba, cursan estudios de medicina unos 12.000 estudiantes procedentes de 83 países, entre ellos 65 de los EE.UU. No sé si las cifras son rigurosas o no, pero parece claro que unas intervenciones de esa envergadura realizadas por un pequeño país, en condiciones de bloqueo económico por la mayor potencia mundial, deberían suscitar la atención de periodistas de los grandes medios de comunicación del mundo desarrollado para que entendamos lo que pasa en ese mundo del subdesarrollo. Pero a los ricos occidentales parece que nos interesa más la anécdota individual, siempre que lleve aparejada una buena foto y una historia sublime que los pueda convertir en símbolos mediáticos. Cada guerra nos trae algo de eso: en Vietnam, la foto de una niña despavorida corriendo, quemada por el napalm americano, recorrió las portadas de la prensa mundial y, gracias a ello, esa niña fue tratada por médicos especialistas norteamericanos que reconstruyeron su piel. Más recientemente, la foto de un niño irakí con los miembros segados por las bombas americanas se convirtió en un símbolo de "liberación" de Irak y tuvo la suerte de que sus brazos y piernas fueran reconstruidos en titanio. Los otros miles de mutilados de la guerra, que no han salido en una buena foto capaz de competir por el Pulitzer, que se las arreglen como puedan. Los países ricos no están para perder dinero atendiendo a esa pobre gente. Eso se queda para los cubanos y para algunos misioneros religiosos. O para algunas ONGs.
No me sorprendió que una persona, que se supone culta y relacionada con América latina, no supiera absolutamente nada de esas operaciones de solidaridad internacional sin precedentes. Y es que la prensa occidental apenas se hace eco de este tipo de informaciones. Ya sabemos qué tipo de noticias ocupan la mayor parte del espacio mediático español (para verguenza nuestra). Para estar al día en esas cuestiones, que no son noticia para el gran público, hay que recurrir a Internet donde es posible leer artículos como el de "Otra práctica de la medicina es posible" o bien noticias de la BBC en español , y otros medios ideológicamente avanzados, que tienen una buena cobertura para Latino América. Entonces uno se entera de que hay intervenciones, como la llamada "misión Milagro", por la que ya se han operado, en Cuba, de ceguera, cataratas y otras deficiencias visuales a más de 200.000 personas de 24 países de América latina y del Caribe. Transportados en avión a La Habana son sometidos a operaciones oftalmológicas por especialistas cubanos. Todo gratis para el paciente, según los acuerdos firmados entre Cuba y la República Bolivariana de Venezuela: petróleo por atenciones sociales.
Uno se entera también que, desde los años 60, unos 100.000 profesionales de la salud cubanos han participado en misiones de atención médica en casi 100 países de América, Africa y Asia y que, en Cuba, cursan estudios de medicina unos 12.000 estudiantes procedentes de 83 países, entre ellos 65 de los EE.UU. No sé si las cifras son rigurosas o no, pero parece claro que unas intervenciones de esa envergadura realizadas por un pequeño país, en condiciones de bloqueo económico por la mayor potencia mundial, deberían suscitar la atención de periodistas de los grandes medios de comunicación del mundo desarrollado para que entendamos lo que pasa en ese mundo del subdesarrollo. Pero a los ricos occidentales parece que nos interesa más la anécdota individual, siempre que lleve aparejada una buena foto y una historia sublime que los pueda convertir en símbolos mediáticos. Cada guerra nos trae algo de eso: en Vietnam, la foto de una niña despavorida corriendo, quemada por el napalm americano, recorrió las portadas de la prensa mundial y, gracias a ello, esa niña fue tratada por médicos especialistas norteamericanos que reconstruyeron su piel. Más recientemente, la foto de un niño irakí con los miembros segados por las bombas americanas se convirtió en un símbolo de "liberación" de Irak y tuvo la suerte de que sus brazos y piernas fueran reconstruidos en titanio. Los otros miles de mutilados de la guerra, que no han salido en una buena foto capaz de competir por el Pulitzer, que se las arreglen como puedan. Los países ricos no están para perder dinero atendiendo a esa pobre gente. Eso se queda para los cubanos y para algunos misioneros religiosos. O para algunas ONGs.
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