Casi todos los viejos de todas las épocas han (hemos) dicho frases parecidas a estas al referirse a la correspondiente juventud en términos negativos en comparación con lo que recuerdan de su propia juventud. ¡Se han perdido los valores! ¡Ya no hay respeto hacia los padres, los maestros....etc.!
Yo también soy viejo, y no voy a ser menos:
En la España de los años 60 y 70 los jovenes universitarios y trabajadores se enfrentaban a la policía por motivos políticos, por las libertades de reunión y expresión, por sindicatos libres y representativos, por la Democracia y contra la Dictadura. Hoy se enfrentan porque se les plantean restricciones para celebrar el llamado "botellón" o "macrobotellón". Producen toda clase de ruidos y molestias a los vecinos, dejan las calles llenas de basura, generan accidentes de circulación, pero dicen: ¡tenemos todo el derecho a divertirnos!
¡A donde vamos a parar!
Una amiga bibliotecaria en un municipio rico de Madrid me cuenta que, en su Biblioteca Pública, algunas madres vienen con sus niños a la sección infantil donde las dulces criaturas se dedican a comer bocadillos ensuciando y hasta rompiendo los libros. Y cuando se les llama al orden, algunas de estas madres defienden permitir el comportamiento vandálico de sus vástagos para no crearles un trauma al coartar su "libertad de expresión".
¡A donde vamos a parar!
En el terreno del lenguaje creo que, en España, venimos retrocediendo desde el Siglo de Oro. Pero, en la actualidad el deterioro se acelera. Solo hay que leer los foros de Internet o bien oir las tertulias e informativos de las TV. Ya he comentado, en un artículo anterior cómo se pierde irremisiblemente la distinción entre "oir" y "escuchar". Es corriente oir a algún prominente presentador decir a su interlocutor: "no le escucho bien..." Dan ganas de replicarle "pues escuche Ud. bien, gilipollas, porque escuchar es una actividad exclusivamente suya".
Y, en los foros y chats de Internet, vemos contínuos atentados al idioma incluyendo los trastoques de letras generados por la rapidez en la escritura. Acabo de leer, en un foro cuyo nombre prefiero no revelar, una palabra tan extraña como es "LCUAH". Habría que ser un verdadero adivino para entender su significado, si la sacamos de su contexto: ...BUSCAMOS POR ENCIMA DE TODO SER R UTLES EN LA LCUAH POR LA SOSTENIBILIDAD..(sic, incluidas mayúsculas).
¡A donde vamos a parar!
En otras épocas las grandes figuras del liberalismo (entonces pecado mortal, según la Iglesia) eran personajes como Blanco White, Larra, Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, Unamuno, Ortega y Gasset, Caro Baroja o Francisco Ayala. O sea: librepensadores, racionalistas y laicos. Hoy, según nuestros increibles prestidigitadores de la derecha, serían personajes como Jimenez Losantos, los del PP y la Conferencia Episcopal, el Opus Dei y ¡hasta Esperanza Aguirre!
¡A donde vamos a parar!
Yo también soy viejo, y no voy a ser menos:
En la España de los años 60 y 70 los jovenes universitarios y trabajadores se enfrentaban a la policía por motivos políticos, por las libertades de reunión y expresión, por sindicatos libres y representativos, por la Democracia y contra la Dictadura. Hoy se enfrentan porque se les plantean restricciones para celebrar el llamado "botellón" o "macrobotellón". Producen toda clase de ruidos y molestias a los vecinos, dejan las calles llenas de basura, generan accidentes de circulación, pero dicen: ¡tenemos todo el derecho a divertirnos!
¡A donde vamos a parar!
Una amiga bibliotecaria en un municipio rico de Madrid me cuenta que, en su Biblioteca Pública, algunas madres vienen con sus niños a la sección infantil donde las dulces criaturas se dedican a comer bocadillos ensuciando y hasta rompiendo los libros. Y cuando se les llama al orden, algunas de estas madres defienden permitir el comportamiento vandálico de sus vástagos para no crearles un trauma al coartar su "libertad de expresión".
¡A donde vamos a parar!
En el terreno del lenguaje creo que, en España, venimos retrocediendo desde el Siglo de Oro. Pero, en la actualidad el deterioro se acelera. Solo hay que leer los foros de Internet o bien oir las tertulias e informativos de las TV. Ya he comentado, en un artículo anterior cómo se pierde irremisiblemente la distinción entre "oir" y "escuchar". Es corriente oir a algún prominente presentador decir a su interlocutor: "no le escucho bien..." Dan ganas de replicarle "pues escuche Ud. bien, gilipollas, porque escuchar es una actividad exclusivamente suya".
Y, en los foros y chats de Internet, vemos contínuos atentados al idioma incluyendo los trastoques de letras generados por la rapidez en la escritura. Acabo de leer, en un foro cuyo nombre prefiero no revelar, una palabra tan extraña como es "LCUAH". Habría que ser un verdadero adivino para entender su significado, si la sacamos de su contexto: ...BUSCAMOS POR ENCIMA DE TODO SER R UTLES EN LA LCUAH POR LA SOSTENIBILIDAD..(sic, incluidas mayúsculas).
¡A donde vamos a parar!
En otras épocas las grandes figuras del liberalismo (entonces pecado mortal, según la Iglesia) eran personajes como Blanco White, Larra, Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, Unamuno, Ortega y Gasset, Caro Baroja o Francisco Ayala. O sea: librepensadores, racionalistas y laicos. Hoy, según nuestros increibles prestidigitadores de la derecha, serían personajes como Jimenez Losantos, los del PP y la Conferencia Episcopal, el Opus Dei y ¡hasta Esperanza Aguirre!
¡A donde vamos a parar!
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