jueves, julio 06, 2006

Hace 50 años


El 6 de Julio de 1956, hace 50 años, llegué a un campo de trabajo, de estudiantes voluntarios de unos 10 países diferentes, en el Oeste de Laponia. La organización finlandesa responsable del campo tenía el nombre más largo que había visto nunca: KansanvalinenVapaehtoinenTyöleirijärjestö. Afortunadamente, conocida también por sus siglas: KVT. La traducción, de atrás adelante, era: Organización de campos de trabajo voluntarios internacionales.
¿Cómo y porqué un españolito de aquella oscura época franquista había llegado hasta allí? La razón era que, otro compañero de la ETSII y yo, habíamos planeado salir de España al lugar más lejano y extraño al que pudieramos acceder. El método fue fácil, una simple carta a la KVT que nos fue contestada de inmediato, y de manera entusiasta, por la Organización. ¡Nunca habían tenido españoles en los campos! Y, desde luego, nos asignaron a campos distintos para que todos pudieran disfrutar de nuestra presencia. ¿Cómo serían esos españoles? Crueles como el Duque de Alba o inofensivos y amables. Resultamos muy amables, y hasta tiernos. El otro compañero, buen cantante de ópera, amenizaba con su poderosa voz la paz del campo al que se había asignado. La filosofía de los campos era pacifista y promovía la amistad y la cooperación entre los pueblos. Las canciones de los diferentes países eran algo cotidiano, desde que nos levantamos y cantamos en corro, cogidos de la mano, algo así como "Toi qui fais de nos miseres..." Había canciones israelies, alemanas, americanas, irlandesas, francesas, australianas (Waltzing Matilda)... Las españolas o latinas eran algunas como "De la sierra morena -cielito lindo- vienen bajando, un par de ojitos negros -cielito lindo- de contrabando..." Yo desentonaba al cantar, pero como teníamos un librito con la música y la letra, los demás lograban una buena entonación.






















El objetivo del campo era ayudar a los colonos, provinientes de zonas anexionadas por la URSS, a los que el Estado había donado tierras para su roturación y conversión en granjas. Nosotros ayudábamos en tareas de roturación y construcción. Las chicas preferían pintar las fachadas. El idioma común del campo era el inglés y la comunicación con los granjeros finlandeses se hacía mediante la traducción simultánea a cargo de los finlandeses, o mejor sería decir de las finlandesas, entre ellas mi actual pareja, Marjatta, que siempre se las arreglaba para buscarse trabajos de pintura.
Aquellos granjeros eran tan eficientes que nuestra ayuda era, más bien moral. Un golpe de azada de un granjero finlandés era a equivalente a 5 de los míos. No obstante, nos agradecían mucho nuestra presencia y nuestra compañía. Las amas de casa nos preparaban unos excelentes horneados de bollerías caseras para el extenso y ameno "coffee break".
Lo más destacable, para mí, era el espíritu de cooperación y solidaridad entre los granjeros. Y su capacidad de comunicarse para resolver problemas, aunque se encontraran a kilómetros unos de otros. Un día se desató un incendio en uno de los bosques y, al poco tiempo, la zona se había llenado de personas que venían con herramientas y cubos para hacer cortafuegos y atajar el incendio. ¿Cómo se habían comunicado? Seguramente por radio. Hoy día en estas zonas despobladas, el uso de los teléfonos celulares es absolutamente imprescindible.
Para entretenerse en las largas y frías noches de invierno, los finlandeses leen muchísimo. Ante un extranjero, les gusta buscar en sus Atlas los lugares de origen del visitante. Y su curiosidad es insaciable. Hay que contestar a toda clase de preguntas. Las histórias del Sur les parecen fascinantes. He visto en algunas casas rurales, colecciones de novelas de ambiente californiano como "El Coyote" (un personaje parecido al conocido Zorro) del español J.Mallorquí, traducidas al finlandés.

Si tuviese que destacar algo singular de nuestro campo, además de lo dicho sobre los granjeros, diría que fue el espíritu de amistad sincera y de colaboración entre los campistas. Quizás Marjatta no esté de acuerdo, ya que reiteradamente me recuerda cómo la dejé sola en uno de los turnos de lavado de platos que debía compartir con ella. Parece que me distraje en una animada conversación con la responsable del campo.
En todo caso, tengo un recuerdo imborrable de cómo, a cada despedida del campo las chicas lloraban desconsoladamente. Algo que no había visto nunca. Y recuerdo que pude dar un toque de humor, involuntario, al respecto. Estabamos esperando la salida de algunas personas, yo había salido a la puerta y otros, impacientes, me decían "what happens?, it's already late" Y yo, muy serio, miré el reloj y dije: Please, waite. They "must" still cry some minutes. Debió ser un toque de humor porque todo el campo estalló en risotadas.

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