domingo, octubre 29, 2006

Heterodoxos españoles


En mi libreria se encuentra un libro singular,
en dos tomos: la Historia de los Heterodoxos españoles (Ed. Biblioteca de autores cristianos), de Marcelino Menéndez Pelayo, con las tapas y lomos tintados de pintura roja como resultado de un ataque de energúmenos fascistas a la Librería Antonio Machado en los años 70. En aquel entonces, me interesó adquirir esos 2 tomos pintados, de uno de los más eruditos defensores de la fé católica, como una muestra de la ignorancia de esa gentuza destructiva que, sin duda, pensaban que estaban realizando una encomiable labor de limpieza destruyendo una colección de perniciosos libros "marxistas".

Esta obra se puede leer o consultar, en la Red, en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Ahora bien, si ya resulta dificil (y hasta aburrido) leer esta obra en papel, mucho más difícil es hacerlo en la pantalla. No obstante, es una enorme ventaja poder acceder a la obra por Internet y poder copiar aquellas partes que nos interesen. Lo mismo se puede decir de los cientos de obras que ya están disponibles en esta biblioteca virtual, una iniciativa muy de agradecer.

Heterodoxos suministra información, de detallada erudición, sobre personajes e ideologías que, a lo largo de nuestra historia, han discrepado de la doctrina oficial católica: desde el arrianismo, la magia o hechicería, los iconoclastas, albingenses, erasmistas y luteranos, alumbrados y místicos, jansenistas, enciclopedistas y afrancesados, hasta los krausistas y racionalistas contemporáneos del autor. Un conjunto abigarrado de personajes que representan a la mayor parte de los que han desarrollado o introducido ideas nuevas que chocaban, a veces frontalmente, con la ideología oficial católica del país. Muchos de estos personajes fueron perseguidos y condenados por ello. Menéndez Pelayo no se limita a informar objetivamente de estas realidades sino que, con frecuencia, participa señalando los "errores" y argumentando contra ellos.

Algunos de los protagonistas parecen merecer una mayor consideración por parte del autor, como es el caso del teólogo y médico Miguel Servet (descubridor de la corriente sanguínea), probablemente porque este personaje protestante no fue llevado a la hoguera por la Inquisición española, sino por los calvinistas de Ginebra.
El caso de los juicios y condenas, a garrote vil o la hoguera, de los grupúsculos protestantes de Valladolid, está descrito con mucho detalle en este libro. Se trata de las mismas historias narradas, magistralmente y de forma novelada, por Miguel Delibes en "El Hereje". Seguramente, una parte de los personajes de esta novela histórica se basan en las historias, más friamente contadas, de los "Heterodoxos".

Como contrapunto al inmenso, admirable y erudito trabajo realizado por Marcelino Menéndez y Pelayo en esta extraordinaria obra, no deja de ser sorprendente el hecho de que, en ocasiones, el autor ponga su adhesión a la fé católica por encima de lo que debería ser sagrado para un historiador: a saber, la conservación de documentos únicos para la literatura y la historia. Así, cuando dice que Samaniego (volteriano y autor de numerosas y magníficas fábulas) murió cristianamente y encargó al clérigo que le asistía que quemase sus papeles, a Menéndez Pelayo se le escapa decir: "Por desgracia, de los Cuentos habían corrido muchas copias, y la colección existe casi entera..."
Una frase increible para que salga de la boca de un historiador.

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