El film "Una verdad incómoda" (An inconvenient Truth), de Davis Guggenheim, recoge fragmentos de conferencias de Al Gore, en todo el mundo, en torno a las consecuencias del cambio climático y la presión demográfica sobre los recursos escasos y no renovables del planeta. Al Gore se presenta como "quien solía ser el próximo Presidente de los EE.UU." (lo que nunca fue, a pesar de haber obtenido más votos que George W. Bush) y, a continuación, desarrolla un estilo de conferencia tan extraordinariamente clara, didáctica y efectiva que podría calificarse como magistral. La exposición proporciona los datos técnicos y científicos precisos para que el público entienda claramente la correlación entre concentración de CO2 en la atmósfera y temperaturas medias, así como la evolución exponencial de la población mundial - que en 100 años a pasado de 1.500 millones a más de 6.000 - y la del consumo de recursos naturales, particularmente del agua. La película está salpicada de referencias personales y toques de humor, destinados a generar credibilidad y empatía entre un público profano, pero también de documentales y fotografías de gran impacto sobre lo que está sucediendo ya en glaciares, lagos y en los polos como resultado de los comienzos del cambio climático o calentamiento global. Este "trailer" del film, en Quick Time, es suficientemente expresivo.
Al Gore no es un advenedizo en estos temas medioambientales. Su libro "La tierra en juego" (Earth in the balance), de Emecé editores 1993, escrito en 1992 justo antes de ser nombrado vicepresidente por Clinton, expone casi los mismos temas que en el film solo que de una manera más densa y todavía sin el consenso científico que ahora existe sobre las causas y consecuencias del cambio climático. Se trata de un libro de difícil lectura por su abundante y detallada información técnica y humana.
A pesar de este sólido background, no todo el mundo valora positivamente el esfuerzo de Al Gore por clarificar la preocupante situación medioambiental. Ciertos medios de comunicación y "persuasión", que representan a la derecha conservadora, critican con acritud la película y califican a Gore como un catastrofista fichado por los ecologistas más radicales. En Libertad Digital (LD), José Carlos Rodriguez se permite calificar a Gore de tramposo y decir que miente cuando afirma que hay un total consenso científico sobre las causas del calentamiento global. En realidad, lo que hace Gore es examinar hasta 900 artículos científicos sobre el tema y constatar que los contrarios a las tésis de la causalidad humana del crecimiento de CO2 en la atmósfera son el 0%, mientras que en 600 artículos de prensa, el porcentaje de contrarios a esta teoría es de más del 50%. De ahí que Gore concluya que la prensa está contaminada políticamente (como en el caso de LD) ya que se supone que los científicos serán objetivos. Para hacer estas afirmaciones, Gore ha partido de documentos recientes, en cambio el redactor de LD, para argumentar que Gore miente, se basa en datos antíguos -ninguno llega al año 2000- y el más definitivo, la Declaración de Científicos Atmosféricos, es de ¡1992!. ¿Quien hace trampas aquí? Porque en estos temas, las fechas son decisivas. Los informes más importantes sobre cambio climático son los realizados por el Panel de expertos sobre Cambio Climático (IPCC) que ha publicado 3 estudios: en 1990, 1995 y 2001. En el primero el IPCC decía que con los datos manejados "no es posible afirmar" que el incremento de la temperatura media del planeta, ya innegable entonces, fuera consecuencia de las actividades humanas. En el segundo, el IPCC ya observaba cierto grado de influencia humana sobre el clima global, y, en el tercero (de 2001) da por hecho que hay "interferencias antropógenas peligrosas en el sistema climático", confirmando que la probabilidad de que sea casual la coincidencia entre los efectos esperados y los detectados es "ínfima". Es decir, que desde 2001 la relación directa entre el cambio climático y las actividades humanas "ya es oficial" (ver "La Tierra herida" de M. Delibes). Y hoy, en 2006, para la comunidad científica que se ocupa del tema, ya no hay duda alguna que las actividades humanas tienen la responsabilidad principal en el llamado "calentamiento global" (global warm).
Ahora son los Gobiernos quienes tienen que tomar decisiones en ámbitos globales como es el Protocolo de Kyoto, cuya continuidad se pretende garantizar, en la cumbre del clima de Nairobi, para después de 2012.
En Nairobi se ha tomado también, como modelo económico, el informe Stern que cuantifica los costes del calentamiento global entre un 5% y un 20% del PIB mundial, así como los costes de las medidas para evitarlo que parecen no suponer más del 1% de este PIB si se empiezan a tomar ya. Si este informe está en lo cierto sería de locos no tomar medidas. Pero, quizás, haya un loco al frente de la mayor potencia económica del mundo.
Una vez más un país nórdico, Suecia, se pone a la cabeza de una estrategia de futuro. Según el artículo de Domingo Jiménez Beltrán, de El Pais de 19/11/06, titulado "España, en mala dirección", el informe de la comisión sueca para la Independencia del Petróleo de julio de 2006 se propone reducir su consumo energético en 20% para 2020 y hasta en el 50% para 2050, basar su sistema energético en las energías renovables y abandonar progresivamente la nuclear, convirtiendo dichos logros en ventajas tecnológicas y de mercado que convertirían la economía sueca en una de las más dinámicas y competitivas del mundo. Los mandatarios europeos ya han planteado la reducción del 20% en el consumo energético para el 2020, logrando así mejorar la ventaja competitiva con Estados Unidos, que necesita hoy un 70% más de energía por unidad de producto que la UE-15.
Un ejemplo a seguir por los demás países y, particularmente, por España que ya ha aumentado sus emisiones de CO2 en un 53% desde 1990. Si bien, es justo reconocer que todavía nuestro país es, con Grecia y Portugal, el que menos emisiones per cápita presenta de la UE15 y que se están ya dando pasos significativos en energías limpias, particularmente la eólica en la que ya somos una potencia mundial. En el futuro deberíamos serlo también en energía solar. Depende de las medidas que los Gobiernos central y autonómicos tomen y de que la ciudadanía acepte de buen grado las inevitables cargas fiscales medioambientales.
Una audiencia masiva de la película de Al Gore podría contribuir a la toma de conciencia del ciudadano medio pero, lamentablemente, el interés que he observado en acudir a este tipo de proyecciones es prácticamente nulo. Al menos, aquí en Málaga.
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