Isaac Newton (nacido poco después de la muerte de Galileo), que fue el más grande científico de todos los siglos (junto con Einstein) se preguntaba porqué caen los objetos. Se ha dicho que la pregunta surgió cuando un manzana, cayendo de un árbol, le golpeó. En todo caso, esa pregunta le llevó a estudiar el efecto que la atracción entre masas tendría en el movimiento de los planetas y de ahí surgió toda la teoría de la gravitación universal, que ha perdurado hasta que fue corregida por la de la relatividad de Einstein, y que se sigue utilizando para el cálculo de los movimientos de velocidad pequeña comparada con la de la luz.
Hoy, las preguntas de la Ciencia son más complejas y menos entendibles. En el 125 aniversario de la revista Science, esta publicó un artículo con las 125 principales preguntas de la Ciencia actual. De ellas, las “top 25” son preguntas del tipo: ¿Cual es la base biológica de la conciencia? o ¿porqué la especie humana tiene tan pocos genes? o ¿cómo y donde empezó la vida en la tierra? o ¿cómo se almacena y recupera la memoria? o ¿qué temperatura alcanzará la tierra con el calentamiento global?...
Dejando a un lado las preguntas trascendentes que tratan de responder (inútilmente) las distintas religiones, hay también otras de carácter conceptual y no científico, sobre las que vale la pena reflexionar. Ya en un artículo, escrito hace años, hice una reflexión sobre: ¿qué es el arte? Es una pregunta difícil de contestar, ya que el arte es algo que se percibe de forma muy distinta por unas y otras personas. Releído el artículo, lo sigo encontrando bastante aceptable y, hoy, mi opinión no difiere sustancialmente de la de entonces.
Y esto me lleva a otra pregunta, también de carácter conceptual pero mucho más general: ¿qué es la belleza? ¿porqué nos parecen bellos, o atractivos, ciertos objetos o seres vivos y otros nos resultan repelentes?
Ya los griegos intentaron conceptualizar la belleza y lo hicieron, además de realizando espléndidas esculturas, utilizando la geometría para llegar a una proporción armónica o áurea que fue redescubierta en el Renacimiento y utilizada profusamente por genios como Leonardo da Vinci. También la simetría tiene una importante efecto en el sentido de la belleza: nos gustan más las figuras simétricas que las fuertemente asimétricas. Pero, además de estas cuestiones de armonía geométrica, debe haber otras razones por las que algunas cosas nos resultan bellas. ¿Porqué nos gusta una puesta de sol o el canto de algunos pájaros? ¿Porqué algunos animales nos resultan especialmente atractivos y otros repugnantes? ¿Porqué nos gustan unas piezas musicales y no soportamos otras? La armonía en los colores y las notas musicales también juega un papel esencial aquí, si bien todo esto está sometido a lo que llamamos el “gusto” que puede ser muy diferente para unas y otras persona.
Y la pregunta es ¿porqué todo esto nos resulta bello y atractivo?

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