Ayer estuve a punto de morir de la risa. Viendo una escena de una película en TV, me salió una risa espasmódica que no podía parar y que, al parecer, me cortó la respiración de tal manera que me quedé rígido y con la cara roja. Mi mujer me salvó la vida golpeando mi pecho y espalda hasta que recuperé el conocimiento. Entonces ví una enorme pantalla de TV girando en el espacio. Sentí naúseas e intenté vomitar, después me sentí muy débil, ya que tenía una tensión de 100-55 y 58 pulsaciones/min. Una hora después me había recuperado y pude dormir bien.
Este acontecimiento me ha hecho darme cuenta de la vulnerabilidad del ser humano. Claro que morirse de risa no es una mala forma de morir. Recuerdo que lo pensé así, cuando leí (y, después, ví el film) la excelente novela de Tom Wolfe "La hoguera de las vanidades" (The bonfire of the vanities). En el capítulo "Morir en Nueva York", el magnate Ruskin cuenta una anécdota en la que narra un viaje en avión a la Meca, junto con un grupo de jeques árabes, en el que el avión se sale de la pista, al aterrizar, clavándose un ala en una duna y girándo 360º hasta parar. En el avión, los occidentales estaban presos del pánico mientras que los árabes estaban tan tranquilos porque ¡creían que ese era el modo normal de aterrizar! El simple recuerdo del divertido acontecimiento, le produjo a Ruskin una hilaridad que culminó en una risa espasmódica, muy parecida a la que yo he tenido, que le dejó sin respiración causándole la muerte.
Desde entonces, siempre he pensado que, puesto que hay que morirse algún día, no estaría mal morirse de la risa. Aunque, bien pensado, también me gustaría seguir alrededor de 10 años más en este mundo (ahora tengo 76 tacos). Lo suficiente para ver cómo evolucionan los principales problemas medioambientales del planeta: el calentamiento global y el agotamiento de los recursos no renovables. Otra vulnerabilidad a la que se enfrentan los seres humanos. La del delicado equilibrio ecológico de las condiciones de la vida humana en nuestro planeta. Algo de lo que, todavía, no son conscientes una mayoría de los habitantes del planeta. Una buena muestra de ello son los comentarios, en el diario Público, al artículo "Al Gore advierte de que el cambio climático es ya una emergencia planetaria". La mayoría de los comentaristas, en lugar de argumentar sobre las pruebas científicas del calentamiento global y del cambio climático que esto supone, se dedican a "matar al mensajero" o sea a denigrar a Al Gore porque cobra mucho por sus conferencias o porque viaja en jet privado. Se le llama caradura, charlatán y otras lindezas, sin valorar la enorme labor de difusión que está haciendo. Me da la impresión de que esa mayoría de detractores son ideológicamente conservadores que, como Aznar, prefieren la estrategia del avestruz para no ver a donde nos llevan las políticas neo-con, muy especialmente las dirigidas al caso de los países subdesarrollados africanos que sufren cada vez un mayor deterioro de sus recursos hídricos y alimentarios.
Estos días, se han celebrado dos foros internacionales bien diferentes: el Foro Económico en Davos (Suiza) y el Foro Social Mundial en Belém (Brasil). Como dijo el profesor Walden Bello, dirigiéndose a los participantes en Davos: "Estamos en dos planetas diferentes. Ustedes están en el planeta de los ricos, y nosotros, en el planeta de los pobres, los marginados y los oprimidos".
Este acontecimiento me ha hecho darme cuenta de la vulnerabilidad del ser humano. Claro que morirse de risa no es una mala forma de morir. Recuerdo que lo pensé así, cuando leí (y, después, ví el film) la excelente novela de Tom Wolfe "La hoguera de las vanidades" (The bonfire of the vanities). En el capítulo "Morir en Nueva York", el magnate Ruskin cuenta una anécdota en la que narra un viaje en avión a la Meca, junto con un grupo de jeques árabes, en el que el avión se sale de la pista, al aterrizar, clavándose un ala en una duna y girándo 360º hasta parar. En el avión, los occidentales estaban presos del pánico mientras que los árabes estaban tan tranquilos porque ¡creían que ese era el modo normal de aterrizar! El simple recuerdo del divertido acontecimiento, le produjo a Ruskin una hilaridad que culminó en una risa espasmódica, muy parecida a la que yo he tenido, que le dejó sin respiración causándole la muerte.
Desde entonces, siempre he pensado que, puesto que hay que morirse algún día, no estaría mal morirse de la risa. Aunque, bien pensado, también me gustaría seguir alrededor de 10 años más en este mundo (ahora tengo 76 tacos). Lo suficiente para ver cómo evolucionan los principales problemas medioambientales del planeta: el calentamiento global y el agotamiento de los recursos no renovables. Otra vulnerabilidad a la que se enfrentan los seres humanos. La del delicado equilibrio ecológico de las condiciones de la vida humana en nuestro planeta. Algo de lo que, todavía, no son conscientes una mayoría de los habitantes del planeta. Una buena muestra de ello son los comentarios, en el diario Público, al artículo "Al Gore advierte de que el cambio climático es ya una emergencia planetaria". La mayoría de los comentaristas, en lugar de argumentar sobre las pruebas científicas del calentamiento global y del cambio climático que esto supone, se dedican a "matar al mensajero" o sea a denigrar a Al Gore porque cobra mucho por sus conferencias o porque viaja en jet privado. Se le llama caradura, charlatán y otras lindezas, sin valorar la enorme labor de difusión que está haciendo. Me da la impresión de que esa mayoría de detractores son ideológicamente conservadores que, como Aznar, prefieren la estrategia del avestruz para no ver a donde nos llevan las políticas neo-con, muy especialmente las dirigidas al caso de los países subdesarrollados africanos que sufren cada vez un mayor deterioro de sus recursos hídricos y alimentarios.
Estos días, se han celebrado dos foros internacionales bien diferentes: el Foro Económico en Davos (Suiza) y el Foro Social Mundial en Belém (Brasil). Como dijo el profesor Walden Bello, dirigiéndose a los participantes en Davos: "Estamos en dos planetas diferentes. Ustedes están en el planeta de los ricos, y nosotros, en el planeta de los pobres, los marginados y los oprimidos".
¡Atención a las conclusiones de ambos foros!
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