El histórico discurso de Obama en El Cairo (4/06/2009), en el que trató de estrechar lazos con el Islam, mencionando el corto periodo de entendimiento entre 3 religiones (cristiana, musulmana y judía) en Al-Andalus de Córdoba, y abogando por el reconocimiento mutuo de los Estados palestino e israelí, ha tenido una muy diferente acogida por parte de los medios españoles, según sus adscripción ideológica. Mientras que los de centro e izquierda han expresado su satisfacción por este clima de diálogo (que responde a las premisas de la Alianza de Civilizaciones), la derecha expresa sus reservas tachando a Obama de buenismo, un concepto muy utilizado por nuestra derecha con Zapatero, y otros personajes dialogantes, para indicar que, más que buenos, son tontos. El editorial de Libertad Digital (de 5/6/2009) no tiene desperdicio acusando a Obama de "caer en los consabidos tópicos buenistas de siempre". Por lo visto para ser un bueno auténtico había que invadir algunos países de los malos, llamando "efectos colaterales" a los cientos de miles de civiles muertos por los bombardeos de los buenos, y encarcelar (sin juicio alguno) y torturar, a los supuestos malos. El Presidente Bush (al parecer, guiado por Dios) señaló, incluso, un llamado "eje del mal" establecido para definir a determinadas naciones.
Algo ha debido cambiar en el mundo, para que no esté claro quién es bueno y quién malo. En mis años infantiles (a principios de los años 40) no teníamos ninguna duda al respecto. Los TBOs (o comics, como se llaman ahora) nos dejaban muy claro quienes eran los buenos: los exploradores blancos en África y los sherifs y vaqueros del lejano Oeste. Los malos: los negros que eran caníbales y llamábamos "cafres", así como casi todos los indios o pieles rojas y, en primer lugar, los apaches. Nunca se nos ocurrió que los negros o los pieles rojas pudiesen ser "buenos" y los blancos "malos". Yo mismo, dibujaba y escribía TBOs para consumo familiar y de los amigos, en los que los blancos eran valientes y buenos que luchaban solo para defenderse de sus enemigos y para extender la civilización occidental en África, América y Asia. Posteriormente nos fuimos enterando de que muchos miles de negros fueron enviados a trabajar, como esclavos, en las fincas de algodón que los terratenientes blancos poseían en algunas partes de América. Leyendo "La cabaña del tío Tom" supimos que los negros no eran tan malos sino que había algunos muy buenos, como el propio tío Tom. Ya, a finales de los años 40 y más en los 50, empezaron a venir películas en las que había indios buenos que defendían su territorio, frente a los blancos invasores, y blancos malos que vendían whisky y armas a los indios para provocar conflictos que convenían a sus intereses. El mundo no era algo tan claro y bien definido como habíamos creído. Y, finalmente, en los años 60, mi visión de las cosas era radicalmente distinta a la que nos quería presentar el sistema imperante, o sea el régimen franquista junto con el imperialismo americano. Y la guerra del Vietnam fue la gota que colmó el vaso. Allí me quedó muy claro que los occidentales, antes franceses y luego americanos, eran los invasores destructores de selvas y aldeas, utilizando napalm y bombas de todo tipo, y los guerrilleros del Vietcong los auténticos héroes defensores de sus pueblos. Mi visión del mundo había cambiado en 180 grados.
En realidad, las cosas nunca han sido tan sencillas. No existen buenos y malos de una pieza. Ni mucho menos países o grupos sociales y religiosos que puedan calificarse, enteramente, como buenos o como malos. Hacerlo así solo revela una mente infantil (o, quizás, hipócrita) en quien lo hace. Lo que hay, y ha habido siempre, son personajes concretos que realizan actos terribles o heroicos (según quien los juzgue) en momentos específicos. Hay personajes que tienen una alta valoración para casi todo el mundo (Gandhi, Luther King, Teresa de Calcuta, Nelson Mandela...) y otros que son repudiados por la gran mayoría de la gente (Hitler, Stalin...) y muchos otros que son muy valorados por unos y repudiados por otros (Napoleón, Fidel Castro...). Y, si reflexionamos un poco, esta caracteristica tan contradictoria del juicio humano sobre acontecimientos humanos es lo que avala avanzar en el diálogo y la tolerancia. Gandhi dijo "Ojo por ojo y el mundo quedará ciego". Algo que podemos apreciar, hoy, en el conflicto palestino-israelí: o se llega a un entendimiento o la situación acabará siendo explosiva para toda la región. En su discurso de El Cairo, Obama dejó muy claro que la justicia se consigue mejor por la vía pacífica que por la violencia. Refiriéndose a la lucha por los derechos de los negros en los EE.UU dijo: ...Pero no fue la violencia la que conquistó derechos plenos e iguales. Fue una insistencia pacífica y resuelta en los ideales que se encuentran en el centro de la fundación de los EE.UU.
A la teoría, bastante bien argumentada, de Samuel Huntington en su artículo "El choque de civilizaciones" se opone otra, todavía poco articulada, denominada "Alianza de Civilizaciones" que está ganando peso real con la puesta en escena del nuevo Presidente norteamericano Barack Obama. La popularidad planetaria de este Presidente nos hace confiar en que el mundo pueda cambiar a mejor. Sería el triunfo de lo que la enorme mayoría de los pueblos del mundo quieren: el diálogo entre contrarios, la tolerancia con los diferentes y, por tanto, la paz.
¿Veremos, por fin, que serán considerados buenos, no los de tal o cual ideología sino los que sean capaces de entenderse entre diferentes?
Algo ha debido cambiar en el mundo, para que no esté claro quién es bueno y quién malo. En mis años infantiles (a principios de los años 40) no teníamos ninguna duda al respecto. Los TBOs (o comics, como se llaman ahora) nos dejaban muy claro quienes eran los buenos: los exploradores blancos en África y los sherifs y vaqueros del lejano Oeste. Los malos: los negros que eran caníbales y llamábamos "cafres", así como casi todos los indios o pieles rojas y, en primer lugar, los apaches. Nunca se nos ocurrió que los negros o los pieles rojas pudiesen ser "buenos" y los blancos "malos". Yo mismo, dibujaba y escribía TBOs para consumo familiar y de los amigos, en los que los blancos eran valientes y buenos que luchaban solo para defenderse de sus enemigos y para extender la civilización occidental en África, América y Asia. Posteriormente nos fuimos enterando de que muchos miles de negros fueron enviados a trabajar, como esclavos, en las fincas de algodón que los terratenientes blancos poseían en algunas partes de América. Leyendo "La cabaña del tío Tom" supimos que los negros no eran tan malos sino que había algunos muy buenos, como el propio tío Tom. Ya, a finales de los años 40 y más en los 50, empezaron a venir películas en las que había indios buenos que defendían su territorio, frente a los blancos invasores, y blancos malos que vendían whisky y armas a los indios para provocar conflictos que convenían a sus intereses. El mundo no era algo tan claro y bien definido como habíamos creído. Y, finalmente, en los años 60, mi visión de las cosas era radicalmente distinta a la que nos quería presentar el sistema imperante, o sea el régimen franquista junto con el imperialismo americano. Y la guerra del Vietnam fue la gota que colmó el vaso. Allí me quedó muy claro que los occidentales, antes franceses y luego americanos, eran los invasores destructores de selvas y aldeas, utilizando napalm y bombas de todo tipo, y los guerrilleros del Vietcong los auténticos héroes defensores de sus pueblos. Mi visión del mundo había cambiado en 180 grados.
En realidad, las cosas nunca han sido tan sencillas. No existen buenos y malos de una pieza. Ni mucho menos países o grupos sociales y religiosos que puedan calificarse, enteramente, como buenos o como malos. Hacerlo así solo revela una mente infantil (o, quizás, hipócrita) en quien lo hace. Lo que hay, y ha habido siempre, son personajes concretos que realizan actos terribles o heroicos (según quien los juzgue) en momentos específicos. Hay personajes que tienen una alta valoración para casi todo el mundo (Gandhi, Luther King, Teresa de Calcuta, Nelson Mandela...) y otros que son repudiados por la gran mayoría de la gente (Hitler, Stalin...) y muchos otros que son muy valorados por unos y repudiados por otros (Napoleón, Fidel Castro...). Y, si reflexionamos un poco, esta caracteristica tan contradictoria del juicio humano sobre acontecimientos humanos es lo que avala avanzar en el diálogo y la tolerancia. Gandhi dijo "Ojo por ojo y el mundo quedará ciego". Algo que podemos apreciar, hoy, en el conflicto palestino-israelí: o se llega a un entendimiento o la situación acabará siendo explosiva para toda la región. En su discurso de El Cairo, Obama dejó muy claro que la justicia se consigue mejor por la vía pacífica que por la violencia. Refiriéndose a la lucha por los derechos de los negros en los EE.UU dijo: ...Pero no fue la violencia la que conquistó derechos plenos e iguales. Fue una insistencia pacífica y resuelta en los ideales que se encuentran en el centro de la fundación de los EE.UU.
A la teoría, bastante bien argumentada, de Samuel Huntington en su artículo "El choque de civilizaciones" se opone otra, todavía poco articulada, denominada "Alianza de Civilizaciones" que está ganando peso real con la puesta en escena del nuevo Presidente norteamericano Barack Obama. La popularidad planetaria de este Presidente nos hace confiar en que el mundo pueda cambiar a mejor. Sería el triunfo de lo que la enorme mayoría de los pueblos del mundo quieren: el diálogo entre contrarios, la tolerancia con los diferentes y, por tanto, la paz.
¿Veremos, por fin, que serán considerados buenos, no los de tal o cual ideología sino los que sean capaces de entenderse entre diferentes?
No hay comentarios:
Publicar un comentario