Acabo de ver un documental-largometraje titulado (no sé porqué) Flores de Luna, que trata de los orígenes y evolución del barrio "El Pozo del tío Raimundo" de Vallecas (Madrid). Pocas veces una película, desarrollada sobre hechos reales, me ha producido tanto impacto y, sobre todo, me ha hecho reflexionar tanto sobre como puede cambiarse tan radicalmente la manera de pensar y de enfrentarse a la vida en tan solo tres generaciones. De tal manera que, en solo 50 años, se pueda dar una casi total inversión de valores desde los abuelos a sus nietos.
El Pozo del tio Raimundo se inició como un asentamiento chabolista de jornaleros procedentes de latifundios andaluces, extremeños o manchegos que emigraron del campo a la ciudad, en los años 40 y 50, buscando un mejor futuro que el que les esperaba si continuaban en sus pueblos de origen. Eran asentamientos que carecían de agua, electricidad y saneamiento, y, si bien las condiciones de vida eran terribles, los deseos de superación eran todavía más poderosos. Se fue creando una identidad de barrio y una gran solidaridad basada en la supervivencia y en la cooperación mutua; a pesar de la pobreza, la seguridad en el barrio era notable, porque los mismos vecinos controlaban a los posibles delincuentes. Y las prioridades se centraban, además de en el logro de los mínimos servicios básicos, como agua y electricidad, en escuelas para niños y para mayores analfabetos. Con la ayuda solidaria de personajes como el Padre Llanos y otros, así como de militantes del PCE y CC.OO, se fueron logrando los principales objetivos de sanidad, higiene y educación. Se cuenta que los niños acudían a las escuelas antes de la hora, se quedaban más tarde y mostraban enormes deseos de aprender y de labrarse un futuro mejor.
En la transición a la democracia, los hijos de los primeros pobladores del Pozo lograron esos objetivos de mayor bienestar, incluido un urbanismo adecuado a las condiciones de la población, con viviendas modernas y dignas. Pero, al mismo tiempo, se fueron perdiendo algunos de los valores que habían constituido la identidad del Pozo: la ayuda mutua y la solidaridad junto con la seguridad. Empezaron a aparecer los drogadictos en las zonas periféricas del barrio y algunos jóvenes sucumbieron a la drogadicción y a la delincuencia. Antes, los vecinos podían dejar objetos en su puerta o dejarla abierta, sin temor; ahora, se precisaba de rejas en las terrazas bajas. No obstante, las Asociaciones de Vecinos siguieron funcionando y cumpliendo su papel regulador y de gestión del barrio, junto con las autoridades municipales, manteniendo un creciente estado de bienestar para los pobladores del barrio.
¿Pero que pasó con los nietos de los que fundaron el barrio? Son los jóvenes dieciañeros que estudian, vaguean o trabajan, y que empiezan a plantearse su futuro. En la película, se muestran conversaciones entre ellos y también entre jóvenes hijos de inmigrantes recientes, la mayoría latinos.
Los jóvenes españoles presentan un lenguaje muy pobre, típico de la juventud actual, y lo que es peor aparece una clara tendencia racista cuando hablan de los extranjeros. Consideran que les quitan su trabajo y que deberían quedarse en sus países de origen. Al parecer, casi todos estos jóvenes no están interesados en los estudios (no me apetece estudiar, dicen), solo quieren hacer dinero y comprarse un coche o una moto. Ningún interés por el conocimiento o la cultura. Muchos llevan "piercings" o tatuajes y, en cambio, se les nota interesados por su aspecto y estética: peinado, vestidos, modas. Por el contrario, los hijos de inmigrantes (casi todos latinos o del este) hablan un excelente castellano, con un léxico bastante rico y presentan un nivel cultural y una racionalidad de análisis más altos que los españoles. Se les notaba interesados por mejorar sus conocimientos y trataban de hablar bien de los españoles; un ecuatoriano decía que era natural que hubiese algo de racismo: todo el mundo tiene miedo de lo que no conoce. Mientras que los nietos de aquellos españoles solidarios, valoran más el tener (dinero, coches...) y el aparentar, los de inmigrantes recientes tienen mayor tendencia al ser (cultos, capaces...). Es inquietante comprobar que la actual generación de jóvenes, nietos de aquellos hombres y mujeres que lucharon solidariamente por la supervivencia, frente a las penurias a las que les sometía el régimen franquista, y que lograron una situación de bienestar para ellos, podrían ahora ser pasto de ideas fascistas o de extrema derecha. Es una inversión de valores de 180º.
NOTA: El coloquio y la presentación del film "Flores de luna", de Juan Vicente Córdoba, se puede ver en: TVE a la Carta de La 2, Versión española de 13/6/09
El Pozo del tio Raimundo se inició como un asentamiento chabolista de jornaleros procedentes de latifundios andaluces, extremeños o manchegos que emigraron del campo a la ciudad, en los años 40 y 50, buscando un mejor futuro que el que les esperaba si continuaban en sus pueblos de origen. Eran asentamientos que carecían de agua, electricidad y saneamiento, y, si bien las condiciones de vida eran terribles, los deseos de superación eran todavía más poderosos. Se fue creando una identidad de barrio y una gran solidaridad basada en la supervivencia y en la cooperación mutua; a pesar de la pobreza, la seguridad en el barrio era notable, porque los mismos vecinos controlaban a los posibles delincuentes. Y las prioridades se centraban, además de en el logro de los mínimos servicios básicos, como agua y electricidad, en escuelas para niños y para mayores analfabetos. Con la ayuda solidaria de personajes como el Padre Llanos y otros, así como de militantes del PCE y CC.OO, se fueron logrando los principales objetivos de sanidad, higiene y educación. Se cuenta que los niños acudían a las escuelas antes de la hora, se quedaban más tarde y mostraban enormes deseos de aprender y de labrarse un futuro mejor.
En la transición a la democracia, los hijos de los primeros pobladores del Pozo lograron esos objetivos de mayor bienestar, incluido un urbanismo adecuado a las condiciones de la población, con viviendas modernas y dignas. Pero, al mismo tiempo, se fueron perdiendo algunos de los valores que habían constituido la identidad del Pozo: la ayuda mutua y la solidaridad junto con la seguridad. Empezaron a aparecer los drogadictos en las zonas periféricas del barrio y algunos jóvenes sucumbieron a la drogadicción y a la delincuencia. Antes, los vecinos podían dejar objetos en su puerta o dejarla abierta, sin temor; ahora, se precisaba de rejas en las terrazas bajas. No obstante, las Asociaciones de Vecinos siguieron funcionando y cumpliendo su papel regulador y de gestión del barrio, junto con las autoridades municipales, manteniendo un creciente estado de bienestar para los pobladores del barrio.
¿Pero que pasó con los nietos de los que fundaron el barrio? Son los jóvenes dieciañeros que estudian, vaguean o trabajan, y que empiezan a plantearse su futuro. En la película, se muestran conversaciones entre ellos y también entre jóvenes hijos de inmigrantes recientes, la mayoría latinos.
Los jóvenes españoles presentan un lenguaje muy pobre, típico de la juventud actual, y lo que es peor aparece una clara tendencia racista cuando hablan de los extranjeros. Consideran que les quitan su trabajo y que deberían quedarse en sus países de origen. Al parecer, casi todos estos jóvenes no están interesados en los estudios (no me apetece estudiar, dicen), solo quieren hacer dinero y comprarse un coche o una moto. Ningún interés por el conocimiento o la cultura. Muchos llevan "piercings" o tatuajes y, en cambio, se les nota interesados por su aspecto y estética: peinado, vestidos, modas. Por el contrario, los hijos de inmigrantes (casi todos latinos o del este) hablan un excelente castellano, con un léxico bastante rico y presentan un nivel cultural y una racionalidad de análisis más altos que los españoles. Se les notaba interesados por mejorar sus conocimientos y trataban de hablar bien de los españoles; un ecuatoriano decía que era natural que hubiese algo de racismo: todo el mundo tiene miedo de lo que no conoce. Mientras que los nietos de aquellos españoles solidarios, valoran más el tener (dinero, coches...) y el aparentar, los de inmigrantes recientes tienen mayor tendencia al ser (cultos, capaces...). Es inquietante comprobar que la actual generación de jóvenes, nietos de aquellos hombres y mujeres que lucharon solidariamente por la supervivencia, frente a las penurias a las que les sometía el régimen franquista, y que lograron una situación de bienestar para ellos, podrían ahora ser pasto de ideas fascistas o de extrema derecha. Es una inversión de valores de 180º.
NOTA: El coloquio y la presentación del film "Flores de luna", de Juan Vicente Córdoba, se puede ver en: TVE a la Carta de La 2, Versión española de 13/6/09
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