La llegada a la Presidencia de los EE.UU. de Barack Hussein Obama (BHO) es un hecho histórico y extraordinario, como lo es el propio BHO. Acabo de leer el libro de Obama: Los sueños de mi padre (Dreams from my father), escrito por BHO a la edad de 33 años, cuando todavía estaba lejos de pensar en dedicarse a la política en Washington. Es un libro muy recomendable para cualquiera que esté interesado en observar la forja de un político auténtico: alguien que pretende conseguir cambios positivos en su comunidad, su barrio, su Estado o su país. Pero no voy a seguir hablando de lo que este libro me ha aportado en cuanto a conocimiento del personaje BHO. Quizás esto sea objeto de otro post más adelante (cuando lea otro libro de Obama "The audacity of hope"), ahora quiero tratar de comprender lo que puede ser la más importante y difícil batalla a librar por parte de BHO: la reforma de la sanidad en USA, con el objetivo de lograr una cobertura universal para todos los ciudadanos. Algo normal en Europa pero que en el país más poderoso de la tierra no se da, ya que hay una importante parte de la población (equivalente a la de toda España) que no tiene cobertura sanitaria alguna. Ni pública ni privada. Y los resultados son concluyentes: la esperanza de vida en los EE.UU. (77,9 años) es similar a la de un país tan pobre como Cuba e inferior a la de los principales países del mundo con cobertura pública universal, cuya esperanza de vida es mayor de 80 años (Australia, Canadá, España, Finlandia, Francia, Italia, Suecia, Suiza, ...). Sin embargo, el coste sanitario total de los EE.UU (19% del PIB), en más del 60% privado, es casi el doble que el de los países de cobertura universal pública; en España el coste total es aproximadamente el 9% PIB (6% público y 3% privado). En conclusión: el sistema sanitario de los EE.UU. (mayoritariamente privado) es extraordinariamente caro e ineficaz. Por lo que lo lógico sería que el poder ejecutivo abordase con urgencia una drástica reforma con un doble objetivo: dar cobertura sanitaria a los 47 millones de ciudadanos que no la tienen y reducir los escandalosos costes de la sanidad de los EE.UU. Es lo que intentó Clinton en 1993, sin éxito, y lo que intenta ahora Obama con enormes dificultades.
Considerando que los liberales (neo-con) predican, urbi et orbi, la superioridad de los servicios privados sobre los públicos, en cuanto a la relación coste-beneficio, un observador normal tendría que preguntarse: ¿Cómo es posible que un sistema mayoritariamente privado se revele mucho más caro que otros públicos y, sobre todo, que produzca resultados manifiestamente peores para la mayoría de la gente? La respuesta está en que el objeto del servicio es algo tan sujeto a manipulaciones como es la Sanidad y que los agentes operadores de este servicio (médicos, industria farmaceútica y compañías de Seguros) lo utilizan, en gran medida, para obtener grandes ingresos y beneficios, mientras que los usuarios se encuentran inermes e impotentes en manos de esos poderosos grupos profesionales que, además, disponen de equipos de juristas y abogados dispuestos a defender sus intereses. Lo hemos visto en no pocas películas americanas y lo veríamos en la de Michael Moore, Sicko, si tuviésemos la suerte de que la diesen en España.
Pero también podemos entender mejor la situación de la Sanidad USA si leemos atentamente el artículo de V. Navarro titulado "Crisis sanitaria y crisis económica en EE.UU". Vicenç Navarro fue uno de los consultores que elaboraron el Programa de la Reforma Sanitaria, para los Clinton, en 1993. El Programa no se puso en marcha por la oposición de los poderosos intereses contrarios a tal reforma: las compañías de Seguros, la industria farmaceútica y la clase médica mejor situada, apoyados todos ellos por los congresista más conservadores y por parte de los demócratas. Los mismos que, ahora, se oponen a la Reforma planteada por Obama. En el caso de las grandes empresas, no está clara su posición, ya que el 60% de los ciudadanos de EE.UU. tienen cubierta su atención sanitaria a través de las empresas en las que trabajan. Por un lado, esta situación supone un gran control de los trabajadores por sus empresas, lo que favorece a estas. Pero también constituye un coste adicional que hace que dichas empresas sean menos competitivas en el mercado internacional, en países donde la cobertura de la sanidad es mayoritariamente pública y, por tanto, no representa ningún coste para las empresas. Es de suponer, que las grandes empresas que operan en el mercado internacional vean con buenos ojos un sistema público financiado a través del Estado.
En todo caso, los intereses en juego son tan importantes que ya, en las primeras escaramuzas del Congreso, se puede ver que la aprobación de la Reforma va a ser larga y difícil. Y eso que la Reforma que BHO plantea no es la que popularmente se pide y la izquierda propone. Esta sería la llamada de pagador único o "single payer". Es decir que sea el Estado Federal, o por lo menos los Estados quienes se encarguen de contratar y pagar a los proveedores del servicio, tanto públicos como privados, financiándose directamente de los usuarios. Este sistema es el que se aplicó en Canadá, donde antes había un sistema parecido al de los EE.UU. El cambio se efectuó, primeramente, en el Estado de Saskatchewan por un gobierno socialdemócrata. El éxito fue tal que el Parlamento aprobó su extensión al resto del país. Algo así, pretenden los movimientos de izquierda americanos pidiendo que se permita, a los Estados que lo quieran, la puesta en marcha de un sistema "single payer" con el objetivo de que, si el experimento es exitoso, se propague a otros Estados. De momento, BHO está eludiendo el profundizar tanto, planteando una reforma de menor calado.
No obstante, todos los datos indican que la Reforma va a encontrar obstáculos casi insalvables para su aprobación, por lo que se pondrá a prueba la capacidad de Obama para resolver problemas internos difíciles.
Considerando que los liberales (neo-con) predican, urbi et orbi, la superioridad de los servicios privados sobre los públicos, en cuanto a la relación coste-beneficio, un observador normal tendría que preguntarse: ¿Cómo es posible que un sistema mayoritariamente privado se revele mucho más caro que otros públicos y, sobre todo, que produzca resultados manifiestamente peores para la mayoría de la gente? La respuesta está en que el objeto del servicio es algo tan sujeto a manipulaciones como es la Sanidad y que los agentes operadores de este servicio (médicos, industria farmaceútica y compañías de Seguros) lo utilizan, en gran medida, para obtener grandes ingresos y beneficios, mientras que los usuarios se encuentran inermes e impotentes en manos de esos poderosos grupos profesionales que, además, disponen de equipos de juristas y abogados dispuestos a defender sus intereses. Lo hemos visto en no pocas películas americanas y lo veríamos en la de Michael Moore, Sicko, si tuviésemos la suerte de que la diesen en España.
Pero también podemos entender mejor la situación de la Sanidad USA si leemos atentamente el artículo de V. Navarro titulado "Crisis sanitaria y crisis económica en EE.UU". Vicenç Navarro fue uno de los consultores que elaboraron el Programa de la Reforma Sanitaria, para los Clinton, en 1993. El Programa no se puso en marcha por la oposición de los poderosos intereses contrarios a tal reforma: las compañías de Seguros, la industria farmaceútica y la clase médica mejor situada, apoyados todos ellos por los congresista más conservadores y por parte de los demócratas. Los mismos que, ahora, se oponen a la Reforma planteada por Obama. En el caso de las grandes empresas, no está clara su posición, ya que el 60% de los ciudadanos de EE.UU. tienen cubierta su atención sanitaria a través de las empresas en las que trabajan. Por un lado, esta situación supone un gran control de los trabajadores por sus empresas, lo que favorece a estas. Pero también constituye un coste adicional que hace que dichas empresas sean menos competitivas en el mercado internacional, en países donde la cobertura de la sanidad es mayoritariamente pública y, por tanto, no representa ningún coste para las empresas. Es de suponer, que las grandes empresas que operan en el mercado internacional vean con buenos ojos un sistema público financiado a través del Estado.
En todo caso, los intereses en juego son tan importantes que ya, en las primeras escaramuzas del Congreso, se puede ver que la aprobación de la Reforma va a ser larga y difícil. Y eso que la Reforma que BHO plantea no es la que popularmente se pide y la izquierda propone. Esta sería la llamada de pagador único o "single payer". Es decir que sea el Estado Federal, o por lo menos los Estados quienes se encarguen de contratar y pagar a los proveedores del servicio, tanto públicos como privados, financiándose directamente de los usuarios. Este sistema es el que se aplicó en Canadá, donde antes había un sistema parecido al de los EE.UU. El cambio se efectuó, primeramente, en el Estado de Saskatchewan por un gobierno socialdemócrata. El éxito fue tal que el Parlamento aprobó su extensión al resto del país. Algo así, pretenden los movimientos de izquierda americanos pidiendo que se permita, a los Estados que lo quieran, la puesta en marcha de un sistema "single payer" con el objetivo de que, si el experimento es exitoso, se propague a otros Estados. De momento, BHO está eludiendo el profundizar tanto, planteando una reforma de menor calado.
No obstante, todos los datos indican que la Reforma va a encontrar obstáculos casi insalvables para su aprobación, por lo que se pondrá a prueba la capacidad de Obama para resolver problemas internos difíciles.
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