Solo en casa, Agosto es el mes que necesito para entregarme a la reflexión y a la meditación. Además de a la lectura de algunos libros, nuevos y viejos, y al dibujo, la caligrafía y la pintura con tinta y pinceles chinos.
Mi primera reflexión es la de que pierdo, en demasía, mi precioso tiempo viendo estúpidos programas de TV, leyendo, en Internet, artículos y comentarios que no aportan nada o muy poco. De vez en cuando, encuentro una perla, una frase que vale la pena retener y, entonces, me propongo escribir aquí esas sentencias maestras. Ciertamente, encontraré más si frecuento la lectura de los grandes maestros: Lao Tse, Buda, Sócrates, Diógenes, Epicuro, Jesús de Nazaret, Séneca, San Francisco de Asís, Kant, Marx, Khalil Gibran, Gandhi, Krishnamurti, Einstein y muchos otros menos conocidos, incluso anónimos, cuyos pensamientos merecen ser recordados.
Uno de los ejercicios mentales más convenientes, en esta época de diversidad ideológica, es colocarse también en el punto de vista del adversario. Lo he leído en un comentario, en Internet, referido a un supuesto dicho de los indios de América: "antes de opinar, camina durante dos lunas con los mocasines de tu adversario". Es una sentencia que se deberían aplicar nuestros políticos, de cualquier bando, cada vez que se lanzan a despotricar del contrario.
De los aforismos de Lao Tse (o Lao Zi) ya he escrito algo anteriormente, especialmente en "TAO/ZEN y la espontaneidad" y también en "Ética y moral en la antigua China". Hay varias sentencias maestras, pero no las voy a repetir ya que están recogidas en esos posts.
Quizás sean los antíguos griegos quienes hayan aportado más sabiduría para nuestro acerbo cultural occidental. Pero también, quizás sean los orientales (chinos, hindúes....) los primeros en aportar una sabiduría que, en su mayor parte, desconocemos debido a nuestra incapacidad para reconocer esos valores culturales orientales. Como también desconocemos las antíguas culturas amerindias: mayas, aztecas, incas, etc. Encontramos sabiduría humana desde los tiempos más antíguos, sabiduría que es todavía aplicable en nuestro tiempo. Sin embargo, el conocimiento científico de la Naturaleza es, en su mayor parte, cosa de la civilización occidental a partir del Renacimiento. De los últimos 4 siglos y con un desarrollo exponencial que no sabemos a donde nos llevará.
Sin embargo, en los antiguos griegos encontramos muchos aspectos que podrían aplicarse al contexto de hoy. Cuando entro en El Corte Inglés, y veo la enorme cantidad y variedad de productos que se ofrecen a los consumidores, me viene a la cabeza una exclamación atribuida, por unos a Sócrates y por otros a Diógenes el Cínico, cuando caminaban por los mercados de Atenas: ¡Cuantas cosas que no necesito! Y eso es exactamente lo que yo pienso cuando estoy en esos grandes almacenes.
La confusión sobre la paternidad de las sentencias de Sócrates y Diógenes, viene probablemente de que quien ha narrado muchas anécdotas de ambos filósofos (además de Los Diálogos de Platón, en el caso de Sócrates) fue el historiador Diógenes Laercio que algunos confunden con el Diógenes del barril.
Este Diógenes es el de Sinope, llamado también Diógenes el Cínico (perro). Es del que se cuentan más historias: que tomó un barril como vivienda y que, cuando Alejandro Magno le visitó, llevado por la fama del filósofo, le ofreció darle lo que quisiese y Diógenes le contestó: quiero que te apartes a un lado porque me estás quitando el sol. En una ocasión el filósofo Aristipo, que sí vivía muy confortablemente por su sometimiento al Rey, le vió comiendo unas lentejas (considerado como plato pobre) y le dijo: "Si aprendieras a ser sumiso con el Rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas". A lo que Diógenes contestó: "Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al Rey". Sin duda una contestación que podría ser la de un maestro ZEN que nos anima a concentrarnos y disfrutar de cada acción que realizamos. Además, nos sugiere que lo que se desprecia por su poco valor monetario, debido a su abundancia, podría tener un gran valor si fuese algo muy escaso. Esto lo hemos vivido en nuestra Guerra Civil donde los huevos de gallina alcanzaban precios astronómicos debido a su escasez, mientras que ahora están al alcance de cualquiera. Claro que también es cierto que los huevos de antes sabían mucho mejor que los de ahora.
Diógenes de Sinope fue también un provocador, se masturbaba en público y cuando algunos le recriminaban por ello decía: ¡Ya quisiera poder saciar el hambre simplemente frotándome el vientre!
Junto con Sócrates y Diógenes, mi filósofo griego favorito es Epicuro, del que aprecio su búsqueda de la felicidad y del placer en la vida. Esa persecución del placer le ha creado fama de hedonista, en el sentido más material, cuando en realidad Epicuro era un buscador, sobre todo, de la felicidad espiritual: de la amistad, el amor, la paz de espíritu...y también, desde luego, de la salud.
Seguiremos..
Mi primera reflexión es la de que pierdo, en demasía, mi precioso tiempo viendo estúpidos programas de TV, leyendo, en Internet, artículos y comentarios que no aportan nada o muy poco. De vez en cuando, encuentro una perla, una frase que vale la pena retener y, entonces, me propongo escribir aquí esas sentencias maestras. Ciertamente, encontraré más si frecuento la lectura de los grandes maestros: Lao Tse, Buda, Sócrates, Diógenes, Epicuro, Jesús de Nazaret, Séneca, San Francisco de Asís, Kant, Marx, Khalil Gibran, Gandhi, Krishnamurti, Einstein y muchos otros menos conocidos, incluso anónimos, cuyos pensamientos merecen ser recordados.
Uno de los ejercicios mentales más convenientes, en esta época de diversidad ideológica, es colocarse también en el punto de vista del adversario. Lo he leído en un comentario, en Internet, referido a un supuesto dicho de los indios de América: "antes de opinar, camina durante dos lunas con los mocasines de tu adversario". Es una sentencia que se deberían aplicar nuestros políticos, de cualquier bando, cada vez que se lanzan a despotricar del contrario.
De los aforismos de Lao Tse (o Lao Zi) ya he escrito algo anteriormente, especialmente en "TAO/ZEN y la espontaneidad" y también en "Ética y moral en la antigua China". Hay varias sentencias maestras, pero no las voy a repetir ya que están recogidas en esos posts.
Quizás sean los antíguos griegos quienes hayan aportado más sabiduría para nuestro acerbo cultural occidental. Pero también, quizás sean los orientales (chinos, hindúes....) los primeros en aportar una sabiduría que, en su mayor parte, desconocemos debido a nuestra incapacidad para reconocer esos valores culturales orientales. Como también desconocemos las antíguas culturas amerindias: mayas, aztecas, incas, etc. Encontramos sabiduría humana desde los tiempos más antíguos, sabiduría que es todavía aplicable en nuestro tiempo. Sin embargo, el conocimiento científico de la Naturaleza es, en su mayor parte, cosa de la civilización occidental a partir del Renacimiento. De los últimos 4 siglos y con un desarrollo exponencial que no sabemos a donde nos llevará.
Sin embargo, en los antiguos griegos encontramos muchos aspectos que podrían aplicarse al contexto de hoy. Cuando entro en El Corte Inglés, y veo la enorme cantidad y variedad de productos que se ofrecen a los consumidores, me viene a la cabeza una exclamación atribuida, por unos a Sócrates y por otros a Diógenes el Cínico, cuando caminaban por los mercados de Atenas: ¡Cuantas cosas que no necesito! Y eso es exactamente lo que yo pienso cuando estoy en esos grandes almacenes.
La confusión sobre la paternidad de las sentencias de Sócrates y Diógenes, viene probablemente de que quien ha narrado muchas anécdotas de ambos filósofos (además de Los Diálogos de Platón, en el caso de Sócrates) fue el historiador Diógenes Laercio que algunos confunden con el Diógenes del barril.
Este Diógenes es el de Sinope, llamado también Diógenes el Cínico (perro). Es del que se cuentan más historias: que tomó un barril como vivienda y que, cuando Alejandro Magno le visitó, llevado por la fama del filósofo, le ofreció darle lo que quisiese y Diógenes le contestó: quiero que te apartes a un lado porque me estás quitando el sol. En una ocasión el filósofo Aristipo, que sí vivía muy confortablemente por su sometimiento al Rey, le vió comiendo unas lentejas (considerado como plato pobre) y le dijo: "Si aprendieras a ser sumiso con el Rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas". A lo que Diógenes contestó: "Si aprendieras a comer lentejas, no tendrías que adular al Rey". Sin duda una contestación que podría ser la de un maestro ZEN que nos anima a concentrarnos y disfrutar de cada acción que realizamos. Además, nos sugiere que lo que se desprecia por su poco valor monetario, debido a su abundancia, podría tener un gran valor si fuese algo muy escaso. Esto lo hemos vivido en nuestra Guerra Civil donde los huevos de gallina alcanzaban precios astronómicos debido a su escasez, mientras que ahora están al alcance de cualquiera. Claro que también es cierto que los huevos de antes sabían mucho mejor que los de ahora.
Diógenes de Sinope fue también un provocador, se masturbaba en público y cuando algunos le recriminaban por ello decía: ¡Ya quisiera poder saciar el hambre simplemente frotándome el vientre!
Junto con Sócrates y Diógenes, mi filósofo griego favorito es Epicuro, del que aprecio su búsqueda de la felicidad y del placer en la vida. Esa persecución del placer le ha creado fama de hedonista, en el sentido más material, cuando en realidad Epicuro era un buscador, sobre todo, de la felicidad espiritual: de la amistad, el amor, la paz de espíritu...y también, desde luego, de la salud.
Seguiremos..
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