Un amigo me envía un artículo, que Arturo Pérez Reverte escribió hace ya unos 3 años y al que dio el provocativo título de: "Permitirme tutearos, imbéciles". El artículo no tiene desperdicio y está en la misma línea, desarrollada por algunos de nuestros eminentes políticos, de acudir al insulto a falta de un análisis más certero. Solo que, ahora, los insultos son del artículista y se dirigen a nuestros políticos, al parecer a todos, sin excepción visible alguna. Los epítetos vertidos en el artículo son de este jaez: "pandilla de golfos apandadores, casticistas analfabetos (de la derecha), demagogos iletrados (de la izquierda), patética oposición, torpes irresponsables, cateta contumacia, pedagogos cantamañanas" y así sucesivamente. Hablando de educación, no parece que sea muy educativa esta retahila de insultos, ni tampoco que el artículo sea un modelo de análisis fino en cuanto que mete a todos (los políticos) en el mismo saco, sin discriminación aparente alguna.
Desde luego, yo podría suscribir algunas de las manifestaciones de Pérez Reverte, en particular las que se refieren a la ausencia de autocrítica de nuestros políticos, algo que, por cierto, podría hacerse extensivo a muchos otros grupos humanos de nuestro país que pecan, con mucha frecuencia, de un exceso de vanidad y autobombo. Pero, sobre todo, veo en este artículo dos grandes falacias que vale la pena considerar:
a) Que el autor parece sugerir que la educación de otros tiempos, incluso en el franquismo, era sustancialmente mejor que la actual (la cual es, desde luego, manifiestamente mejorable).
b) Que son principalmente los políticos (o el Gobierno) quienes pueden cambiar, a su antojo, la educación de todo un país. No tanto el profesorado, ni los padres, ni la sociedad, ni los medios de comunicación, ni la aparición de móviles y otros artilugios que los niños utilizan hoy en día. Solo los políticos (¿y de donde saldrá esta fauna, al parecer tan especial?) parecería que tienen la capacidad y el poder de cambiarlo todo, sin que la sociedad cuente para nada.
Para tratar de este tema, yo tengo la ventaja de que he pasado unos 20 años estudiando (desde 1938 a 1958), unos años en colegios de primaria, 7 años de bachillerato (en los Hnos. Maristas y el Instituto Ramiro de Maeztu), 4 años de estudios para ingreso en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales (ETSII) y 5 en la ETSII, más el Doctorado. Durante el bachillerato estudié 7 años de latín y 3 de griego, lo que Reverte parece echar mucho de menos junto con otras materias (Historia, Geografía, Literatura... que yo no sabía que hubiesen sido "extirpadas" de las aulas) y, también, lo que el autor llama el "análisis inteligente". Del latín y el griego, puedo decir que nunca fui capaz de leer un texto comprendiéndolo adecuadamente (y eso que mi profesor de latín me tenía por un alumno aventajado) y, cuando acabé el bachillerato mi comprensión del mundo, ciencias incluidas, era bastante reducida. Y, en cuanto a lo que llama "análisis inteligente", no recuerdo ninguno al que se le pueda adjudicar tal nombre, pero sí unos cuantos casos que podría tildar de contrainteligentes, particularmente un intento de refutación de la teoría de la evolución, por un profesor de Ciencias, quien dijo que "es evidente que de un ser inferior (animal) no puede salir un ser superior (hombre)". Mi ingénua pregunta fue "y ¿por qué es evidente?". La respuesta del profe fue remitirme al Génesis. Muy científico.
Y no quiero hablar demasiado de la "eficiencia" de los 9 años que perdí estudiando ingeniería. Casi todo pura teoría, salvo los dos veranos de prácticas en industrias de Finlandia a las que acudí por decisión propia. Todo lo que he aprendido, de valor práctico para la profesión, ha sido trabajando en empresas. Y mi cultura, si es que tengo alguna, la he conseguido fuera de las aulas, leyendo mucho (a partir de los 20 años) principalmente en la Biblioteca Nal., que estaba cerca de mi casa, y leyendo en lo posible a autores heterodoxos en relación a la doctrina oficial.
Si tuviese que evaluar la educación reglada que recibí, comparando el tiempo dedicado con los resultados, tendría que reconocer que la eficiencia de esa educación fue enormemente baja. Probablemente tan baja o más que la que se ofrece hoy en día, con la particularidad de que, ahora, las instituciones educativas tienen que atender a una población estudiantil que, en 50 años, ha sufrido un inmenso cambio cuantitativo que supone, también, un inevitable cambio cualitativo. En los años de postguerra, una mayoría de jóvenes no pasaba de dos o tres años de escuela y la mayoría de la población era analfabeta funcional; especialmente desde el Centro al Sur del país. Cuando yo estudiaba la carrera, los estudiantes universitarios no llegabamos a 200.000 en toda España, ahora son 1,4 millones y el total de estudiantes de todo tipo (incluida formación profesional) es de casi 9 millones con el 70% en la enseñanza pública. Cuando casi todo el mundo estudia, es esperable que la calidad media disminuya, pero la cantidad de alumnos y de centros excelentes también es seguro que ha aumentado considerablemente. Y lo que sería deseable es que las autoridades académicas hiciesen un esfuerzo por detectar los centros en los que se imparte una mejor educación y por difundir los mejores métodos. En este sentido, la diversidad regional no es necesariamente mala, si se fuese capaz de aprovechar esa diversidad para obtener enseñanzas educativas que se puedan extrapolar de una zona a otra.
En este año 2009, en el programa PISA de la OECD, se están recogiendo las evaluaciones de educación, con especial énfasis en lectura, de 1 millón de alumnos de secundaria en 67 países. La publicación del informe se hará, probablemente, en 2010. El último informe publicado se hizo sobre datos de 2006 y en mi artículo de este Blog, "A vueltas con la educación", se puede encontrar un enlace a dicho informe (en español) así como el breve análisis que hago del mismo, con una explicación del efecto del estatus social, económico y cultural (ESEC) en los resultados de algunos países o regiones. No voy a repetir aquí conceptos que se pueden leer en el mencionado artículo y que ayudarán a entender mejor porqué considero, de alguna manera, falaz o tramposo el artículo de Reverte.
Finalmente, tengo que aplaudir de forma entusiasta la reciente manifestación del Presidente del Gobierno proponiendo un diálogo entre los partidos, empezando por el PP, para conseguir un acuerdo estratégico para la educación en nuestro país. Y me apena tener que decir que algo tan evidentemente necesario y estratégico tiene pocas probabilidades de culminar con éxito, dadas las características de la lucha electoral, prioritaria para los principales partidos.
¡Ojalá me equivoque!
PS: Posteriormente a este post, he encontrado un artículo sobre la educación en Finlandia, titulado "El secreto de los finlandeses", que enlazo por su interés.
Desde luego, yo podría suscribir algunas de las manifestaciones de Pérez Reverte, en particular las que se refieren a la ausencia de autocrítica de nuestros políticos, algo que, por cierto, podría hacerse extensivo a muchos otros grupos humanos de nuestro país que pecan, con mucha frecuencia, de un exceso de vanidad y autobombo. Pero, sobre todo, veo en este artículo dos grandes falacias que vale la pena considerar:
a) Que el autor parece sugerir que la educación de otros tiempos, incluso en el franquismo, era sustancialmente mejor que la actual (la cual es, desde luego, manifiestamente mejorable).
b) Que son principalmente los políticos (o el Gobierno) quienes pueden cambiar, a su antojo, la educación de todo un país. No tanto el profesorado, ni los padres, ni la sociedad, ni los medios de comunicación, ni la aparición de móviles y otros artilugios que los niños utilizan hoy en día. Solo los políticos (¿y de donde saldrá esta fauna, al parecer tan especial?) parecería que tienen la capacidad y el poder de cambiarlo todo, sin que la sociedad cuente para nada.
Para tratar de este tema, yo tengo la ventaja de que he pasado unos 20 años estudiando (desde 1938 a 1958), unos años en colegios de primaria, 7 años de bachillerato (en los Hnos. Maristas y el Instituto Ramiro de Maeztu), 4 años de estudios para ingreso en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales (ETSII) y 5 en la ETSII, más el Doctorado. Durante el bachillerato estudié 7 años de latín y 3 de griego, lo que Reverte parece echar mucho de menos junto con otras materias (Historia, Geografía, Literatura... que yo no sabía que hubiesen sido "extirpadas" de las aulas) y, también, lo que el autor llama el "análisis inteligente". Del latín y el griego, puedo decir que nunca fui capaz de leer un texto comprendiéndolo adecuadamente (y eso que mi profesor de latín me tenía por un alumno aventajado) y, cuando acabé el bachillerato mi comprensión del mundo, ciencias incluidas, era bastante reducida. Y, en cuanto a lo que llama "análisis inteligente", no recuerdo ninguno al que se le pueda adjudicar tal nombre, pero sí unos cuantos casos que podría tildar de contrainteligentes, particularmente un intento de refutación de la teoría de la evolución, por un profesor de Ciencias, quien dijo que "es evidente que de un ser inferior (animal) no puede salir un ser superior (hombre)". Mi ingénua pregunta fue "y ¿por qué es evidente?". La respuesta del profe fue remitirme al Génesis. Muy científico.
Y no quiero hablar demasiado de la "eficiencia" de los 9 años que perdí estudiando ingeniería. Casi todo pura teoría, salvo los dos veranos de prácticas en industrias de Finlandia a las que acudí por decisión propia. Todo lo que he aprendido, de valor práctico para la profesión, ha sido trabajando en empresas. Y mi cultura, si es que tengo alguna, la he conseguido fuera de las aulas, leyendo mucho (a partir de los 20 años) principalmente en la Biblioteca Nal., que estaba cerca de mi casa, y leyendo en lo posible a autores heterodoxos en relación a la doctrina oficial.
Si tuviese que evaluar la educación reglada que recibí, comparando el tiempo dedicado con los resultados, tendría que reconocer que la eficiencia de esa educación fue enormemente baja. Probablemente tan baja o más que la que se ofrece hoy en día, con la particularidad de que, ahora, las instituciones educativas tienen que atender a una población estudiantil que, en 50 años, ha sufrido un inmenso cambio cuantitativo que supone, también, un inevitable cambio cualitativo. En los años de postguerra, una mayoría de jóvenes no pasaba de dos o tres años de escuela y la mayoría de la población era analfabeta funcional; especialmente desde el Centro al Sur del país. Cuando yo estudiaba la carrera, los estudiantes universitarios no llegabamos a 200.000 en toda España, ahora son 1,4 millones y el total de estudiantes de todo tipo (incluida formación profesional) es de casi 9 millones con el 70% en la enseñanza pública. Cuando casi todo el mundo estudia, es esperable que la calidad media disminuya, pero la cantidad de alumnos y de centros excelentes también es seguro que ha aumentado considerablemente. Y lo que sería deseable es que las autoridades académicas hiciesen un esfuerzo por detectar los centros en los que se imparte una mejor educación y por difundir los mejores métodos. En este sentido, la diversidad regional no es necesariamente mala, si se fuese capaz de aprovechar esa diversidad para obtener enseñanzas educativas que se puedan extrapolar de una zona a otra.
En este año 2009, en el programa PISA de la OECD, se están recogiendo las evaluaciones de educación, con especial énfasis en lectura, de 1 millón de alumnos de secundaria en 67 países. La publicación del informe se hará, probablemente, en 2010. El último informe publicado se hizo sobre datos de 2006 y en mi artículo de este Blog, "A vueltas con la educación", se puede encontrar un enlace a dicho informe (en español) así como el breve análisis que hago del mismo, con una explicación del efecto del estatus social, económico y cultural (ESEC) en los resultados de algunos países o regiones. No voy a repetir aquí conceptos que se pueden leer en el mencionado artículo y que ayudarán a entender mejor porqué considero, de alguna manera, falaz o tramposo el artículo de Reverte.
Finalmente, tengo que aplaudir de forma entusiasta la reciente manifestación del Presidente del Gobierno proponiendo un diálogo entre los partidos, empezando por el PP, para conseguir un acuerdo estratégico para la educación en nuestro país. Y me apena tener que decir que algo tan evidentemente necesario y estratégico tiene pocas probabilidades de culminar con éxito, dadas las características de la lucha electoral, prioritaria para los principales partidos.
¡Ojalá me equivoque!
PS: Posteriormente a este post, he encontrado un artículo sobre la educación en Finlandia, titulado "El secreto de los finlandeses", que enlazo por su interés.
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