jueves, julio 15, 2010

Subjetivo y objetivo

No estoy seguro de que el ser humano pueda llegar tener un pensamiento, un concepto o una idea realmente objetivo/a, o sea fundamentalmente conforme con la realidad (si supiésemos lo que es la realidad). Solo el hecho de hablar de ideas o conceptos implica un filtro subjetivo: el del pensamiento. Y todavía peor: del factor emocional. Lo vemos en el fútbol, donde la actuación de los árbitros es contestada de manera diferente por los partidarios de uno u otro equipo. Y, sin embargo, los vídeos repetidos por TV permiten, cada vez, una mayor objetividad.

No obstante, si algo se puede considerar totalmente objetivo sería el contar elementos físicos: personas, monedas, árboles, peras o manzanas. Pero aún así, los disparatados recuentos de las aglomeraciones humanas (manifestaciones o concentraciones) son objeto de estimaciones absolutamente dispares, cuando se trata de eventos que tienen un trasfondo partidista. Lo hemos visto hace bastantes años en las famosas manifestaciones franquistas donde se hablaba de un millón de personas en la Plaza de Oriente. En aquel entonces se me ocurrió intentar un recuento bastante objetivo, basado en observaciones in-situ y mediciones de superficies que me llevaron a una conclusión sorprendente que casi nadie creía: donde se hablaba de un millón de personas, resultaba que no llegaban a 60.000.

Pues bien, hoy en día, cuando ya se cuenta con medios informáticos de recuento automático, sigue vigente el mismo disparate de subjetividad por la que ya nadie, que convoque una manifestación importante, quiere hablar de menos de un millón de manifestantes aunque los datos objetivos revelen cifras, bastante realistas, 10 ó 20 veces más pequeñas. Lo hemos visto en casi todas las manifestaciones de la derecha y las convocadas por la jerarquía eclesiástica. Pero lo que no me esperaba es que ese mismo disparate se diese, en magnitudes similares, en manifestaciones mayoritariamente de izquierdas, como la de Som una nació que fue convocada por las izquierdas de Cataluña, junto con los nacionalistas catalanes. Oír, en el Parlamento, a Joan Ridao (de Esquerra Republicana) dando la cifra mítica de 1 millón y medio de manifestantes, después de que la empresa de recuentos Lynce hubiera calculado menos de 75.000 ciudadanos en esa manifestación, causa estupefacción y a mí, personalmente, cierto enfado por lo que me parece que es un insulto a la inteligencia de los ciudadanos.

El método de cálculo que Lynce desarrolla es de lo más correcto. Se cuentan cabezas de los participantes en una manifestación o agrupación de mucha gente. Dado que los ciudadanos caminan (o se mantienen) sobre los pies y tienen su cabeza en la parte más alta del cuerpo, el método de conteo de cabezas, que realiza un programa informático, es incontestable. Sobre todo porque asigna un número consecutivo a cada cabeza. En el caso de la manifestación de Barcelona "Som una nació", en la web se puede ver información del Itinerario, del recuento, una galería de fotos y el llamado Zoom que consiste en aplicar una especie de lupa sobre una parte de una aglomeración. El resultado del Zoom es muy significativo puesto que lo que, visto en conjunto, parece ser una agrupación muy nutrida en la que los asistentes parecen pegados unos a otros, de cerca se ve que tiene huecos muy evidentes. En todo caso, en este tipo de conteo también existen errores, que son los derivados de no tomar fotos de cada rincón o de no considerar los manifestantes que asistieron y se marcharon, ya que el recuento se hace en una hora determinada, generalmente al final, cuando se supone que la aglomeración es máxima. Para considerar esos defectos, Lynce aplica al resultado un factor de error, al alza, que en este caso fue del 20%. Con todo ello, el cálculo de asistencia que da Lynce para la manifestación de Barcelona es de algo menos de 75.000 personas.

Ni que decir tiene que, los que hablan de 1 millón o 1,5 millones, no aceptan estos resultados bajo ningún concepto. Incluso personas que reconocen que cifras de un millón son disparatadas realizan un ejercicio de interpretación que les lleva a rechazar las cifras de Lynce y dar otras que les parecen más "razonables", aunque sin el menor rastro de objetividad. Eso es lo que le pasa a Isaac Rosa en su artículo de Público "A la selección la recibieron cuatro gatos", donde reconoce que un millón es una cifra muy excesiva, pero considera razonable (no se sabe porqué) una cifra entre 300.000 y 400.000. Es muy curioso que, en los comentarios, la gran mayoría habla desde posiciones ideológicas y muchos menos tratan el tema con la objetividad que merece algo cuya realidad nada tendría que ver con la ideología: solo con saber contar cabezas y no dejarse ninguna o muy pocas.


1 comentario:

aigua maria dijo...

Muy interesante tu exposición, y por su puesto comparto la reflexión que te sorprende y que de manera exquisita has relatado.
Un saludo.