En nuestra lengua hay un considerable número de palabras terminadas en "ismo" (del latín -ismus, que viene del griego -ισμός ), la mayoría de las cuales son sustantivos que designan doctrinas, sistemas ideológicos o movimientos (catolicismo, islamismo, capitalismo, fascismo, socialismo...) o bien actitudes humanas (egoísmo, individualismo, puritanismo...) y también otros conceptos más asépticos, como son las actividades deportivas (atletismo, montañismo, ciclismo...) o bien términos técnicos o médicos como astigmatismo, paludismo o botulismo.
Desde luego, los conceptos que implican ideologías son, casi siempre, muy controvertidos y muchos de ellos presentan su contrario dialéctico como ocurre con comunismo-capitalismo o pacifismo-belicismo. En el caso de las religiones (Dawkins ha reportado unas 4.200, en todo el mundo) no existe esa dialéctica (salvo para teísmo-ateísmo) si bien, cuando yo era niño, se nos enseñaba que la religión católica era la única verdadera. Un auténtico récord el de ser la única verdadera entre 4.200. Personalmente, como agnóstico (o sea, alguien que tiene la modestia de reconocer su total ignorancia sobre los aspectos que tocan las religiones) tengo el máximo respeto por las creencias de los otros, siempre que esas creencias no impliquen daño para otras personas o para la sociedad en su conjunto, y tengo por maestros a personajes de muy diferentes ideologías, como ya expuse en mi artículo "Personajes que aprecio".
Ahora bien, hay conceptos ideológicos terminados en "ismo" que detesto cordialmente (o sea, de corazón) como son el belicismo, el nacionalismo, el racismo y el machismo (entre las que me vienen, ahora, a la mente). Sobre el primer concepto, tengo poco que decir: si estoy en contra de las guerras y de la violencia, y considero, entre mis maestros, a personajes como Gandhi o Martin Luther King, mi actitud ante el belicismo, queda meridianamente clara.
En cuanto al nacionalismo, creo que debo hacer algunas breves consideraciones. En realidad, no soy un "anti-nacionalista" acérrimo, sino un "globalista" o ciudadano del mundo. Lo que es perfectamente compatible con los nacionalismos moderados y, sobre todo, con los que no son opresores de otros pueblos. Pero, desde luego, me siento incompatible con los nacionalismos expansionistas, centralistas y opresores, de los que tenemos muchos ejemplos en la historia reciente (la Alemania nazi contra los judíos, la España franquista contra los pueblos catalán y vasco, o el intento de una Gran Serbia contra bosnios y kosovares). En la España de hoy, junto con el resurgimiento de los nacionalismos periféricos (que, a veces, parecería que tratan de imitar el modelo excluyente al que fueron sometidos durante 40 años), la derecha española está impulsando un intento de nuevo nacionalismo español que resulta muy patente en casi todas las actuaciones del PP, particularmente el recurso al TC, del Estatuto catalán, cuya sentencia parece haber suscitado una importante reacción en contra, por parte del nacionalismo catalán e, incluso, del catalanismo no nacionalista. Dado el "seny" catalán, lo más probable es que las aguas vuelvan a su cauce, si bien esta reacción está promoviendo una mayor inclinación hacia el independentismo catalán (desde un 25% de antes hasta, quizás, un 30% de ahora). En cambio, el mundial de fútbol está incrementando un nacionalismo español sano y deportivo, (aunque excesivamente ruidoso). Harán falta unos años de perspectiva para tener una visión clara respecto a la trayectoria de los nacionalismos, centralista y periféricos, en la España actual.
Ahora bien, los "ismos" que más sinceramente detesto, sin paliativos que valgan, son el racismo y el machismo. Ambos, a veces, afectando a las mismas personas. Ya que proceden, ambos, tanto de la ignorancia como del miedo y la inseguridad; y de una baja autoestima que genera, en el/la racista, la necesidad de sentirse superior a alguna otra persona. Cuando un machista maltrata a una mujer, probablemente manifiesta la necesidad de sentirse superior a ella o bien de afirmarse como "propietario" de la mujer. El racista busca también afirmarse a sí mismo, en este caso, encontrando personas que, por su origen o cultura diferentes o bien por su estatus de dependencia económica, sean susceptibles de ser tratados despreciativamente sin que el racista reciba una respuesta adecuada a su intolerable actitud. Tanto las actitudes machistas como las racistas solo pueden frenarse, debidamente, cuando las víctimas deciden plantar cara a su agresor. Y mejor si, en esa tarea, son apoyadas por la sociedad en la que viven.
Sin duda, la historia reciente de los EE.UU. nos muestra con gran claridad los cambios que la sociedad americana ha ido experimentando, en la superación del racismo, hasta llegar a tener un Presidente negro. Unos cambios que empezaron, precisamente, cuando la señora Rosa Parks (una atractiva costurera negra) subió a un autobús de Montgomery (Alabama), el 1 de Diciembre de 1955, y se negó, tranquilamente, a obedecer la orden del conductor de ceder el asiento a otros pasajeros blancos como era norma en aquella ciudad. Al ser encarcelada por su conducta, en la Comunidad negra se produjo un movimiento de solidaridad hacia ella, junto con un boicot a la compañía de autobuses que terminó con la revocación jurídica de las normas que establecían la segregación racial, por ser contrarias a la Constitución de los EE.UU. Cuando Martin Luther King (líder del movimiento no violento por los derechos civiles de los negros) fue asesinado en Memphis, en 1968, el movimiento por los derechos civiles era ya imparable e irreversible. No obstante, aunque debilitado, el racismo sigue vigente tanto en los EE.UU. como en Europa, ya que siempre existirán esas personas mezquinas, ignorantes o inseguras que mantienen las actitudes racistas todavía vigentes.
Desde luego, los conceptos que implican ideologías son, casi siempre, muy controvertidos y muchos de ellos presentan su contrario dialéctico como ocurre con comunismo-capitalismo o pacifismo-belicismo. En el caso de las religiones (Dawkins ha reportado unas 4.200, en todo el mundo) no existe esa dialéctica (salvo para teísmo-ateísmo) si bien, cuando yo era niño, se nos enseñaba que la religión católica era la única verdadera. Un auténtico récord el de ser la única verdadera entre 4.200. Personalmente, como agnóstico (o sea, alguien que tiene la modestia de reconocer su total ignorancia sobre los aspectos que tocan las religiones) tengo el máximo respeto por las creencias de los otros, siempre que esas creencias no impliquen daño para otras personas o para la sociedad en su conjunto, y tengo por maestros a personajes de muy diferentes ideologías, como ya expuse en mi artículo "Personajes que aprecio".
Ahora bien, hay conceptos ideológicos terminados en "ismo" que detesto cordialmente (o sea, de corazón) como son el belicismo, el nacionalismo, el racismo y el machismo (entre las que me vienen, ahora, a la mente). Sobre el primer concepto, tengo poco que decir: si estoy en contra de las guerras y de la violencia, y considero, entre mis maestros, a personajes como Gandhi o Martin Luther King, mi actitud ante el belicismo, queda meridianamente clara.
En cuanto al nacionalismo, creo que debo hacer algunas breves consideraciones. En realidad, no soy un "anti-nacionalista" acérrimo, sino un "globalista" o ciudadano del mundo. Lo que es perfectamente compatible con los nacionalismos moderados y, sobre todo, con los que no son opresores de otros pueblos. Pero, desde luego, me siento incompatible con los nacionalismos expansionistas, centralistas y opresores, de los que tenemos muchos ejemplos en la historia reciente (la Alemania nazi contra los judíos, la España franquista contra los pueblos catalán y vasco, o el intento de una Gran Serbia contra bosnios y kosovares). En la España de hoy, junto con el resurgimiento de los nacionalismos periféricos (que, a veces, parecería que tratan de imitar el modelo excluyente al que fueron sometidos durante 40 años), la derecha española está impulsando un intento de nuevo nacionalismo español que resulta muy patente en casi todas las actuaciones del PP, particularmente el recurso al TC, del Estatuto catalán, cuya sentencia parece haber suscitado una importante reacción en contra, por parte del nacionalismo catalán e, incluso, del catalanismo no nacionalista. Dado el "seny" catalán, lo más probable es que las aguas vuelvan a su cauce, si bien esta reacción está promoviendo una mayor inclinación hacia el independentismo catalán (desde un 25% de antes hasta, quizás, un 30% de ahora). En cambio, el mundial de fútbol está incrementando un nacionalismo español sano y deportivo, (aunque excesivamente ruidoso). Harán falta unos años de perspectiva para tener una visión clara respecto a la trayectoria de los nacionalismos, centralista y periféricos, en la España actual.
Ahora bien, los "ismos" que más sinceramente detesto, sin paliativos que valgan, son el racismo y el machismo. Ambos, a veces, afectando a las mismas personas. Ya que proceden, ambos, tanto de la ignorancia como del miedo y la inseguridad; y de una baja autoestima que genera, en el/la racista, la necesidad de sentirse superior a alguna otra persona. Cuando un machista maltrata a una mujer, probablemente manifiesta la necesidad de sentirse superior a ella o bien de afirmarse como "propietario" de la mujer. El racista busca también afirmarse a sí mismo, en este caso, encontrando personas que, por su origen o cultura diferentes o bien por su estatus de dependencia económica, sean susceptibles de ser tratados despreciativamente sin que el racista reciba una respuesta adecuada a su intolerable actitud. Tanto las actitudes machistas como las racistas solo pueden frenarse, debidamente, cuando las víctimas deciden plantar cara a su agresor. Y mejor si, en esa tarea, son apoyadas por la sociedad en la que viven.
Sin duda, la historia reciente de los EE.UU. nos muestra con gran claridad los cambios que la sociedad americana ha ido experimentando, en la superación del racismo, hasta llegar a tener un Presidente negro. Unos cambios que empezaron, precisamente, cuando la señora Rosa Parks (una atractiva costurera negra) subió a un autobús de Montgomery (Alabama), el 1 de Diciembre de 1955, y se negó, tranquilamente, a obedecer la orden del conductor de ceder el asiento a otros pasajeros blancos como era norma en aquella ciudad. Al ser encarcelada por su conducta, en la Comunidad negra se produjo un movimiento de solidaridad hacia ella, junto con un boicot a la compañía de autobuses que terminó con la revocación jurídica de las normas que establecían la segregación racial, por ser contrarias a la Constitución de los EE.UU. Cuando Martin Luther King (líder del movimiento no violento por los derechos civiles de los negros) fue asesinado en Memphis, en 1968, el movimiento por los derechos civiles era ya imparable e irreversible. No obstante, aunque debilitado, el racismo sigue vigente tanto en los EE.UU. como en Europa, ya que siempre existirán esas personas mezquinas, ignorantes o inseguras que mantienen las actitudes racistas todavía vigentes.
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