Cuando uno se acerca a los 80 años va notando algún tipo de deterioro físico y mental. Por eso trato de hacer alguna clase de actividad que me produzca efectos benéficos, tanto físicos como mentales. En este sentido, para mí, la actividad que considero más adecuada es la del TaiChi (Tàijíquán, en chino tradicional: 太極拳) que realizo con regularidad. También el sho-do (caligrafía chino-japonesa), excelente para coordinar manos y mente, y la escritura de este Blog que me ayuda a mantener un vocabulario castellano razonablemente bueno, en un momento en que voy olvidando palabras a marchas forzadas.
Hace unos días he terminado de leer "Diarios 1984-1989" de Sándor Márai. Este escritor húngaro (que residía en los EE.UU) se suicidó, de un tiro, en 1989, y la última frase de su Diario, que aparece manuscrita en la edición de Ed. Salamandra, termina: "Ha llegado la hora", dando a entender lo que iba a hacer unas semanas después. Sándor Márai (en adelante SM) nació con el siglo, de forma que al morir había cumplido 89 años. Los Diarios constituyen una crónica de su deterioro físico (mentalmente parecía estar muy lúcido) y de los sufrimientos de sus últimos 5 años. Están escritos con una claridad y una autenticidad que podría pensarse que son una característica, casi ineludible, de quien es consciente de que está transitando por los últimos años de su vida.
Su amada esposa, Lola Matzner, con la que había compartido 62 años de su vida, murió de un cáncer en Enero de 1986. Ella estaba ya casi ciega y, a pesar de ello, para el escritor era una compañía insustituible. En Mayo de 1984, SM escribe: "los dos viejecitos, enfermos y ciegos que somos, todavía nos brindamos apoyo mutuamente". Y lee a su compañera, con un solo ojo (como yo, por cierto), los relatos de otro ciego ilustre: el argentino Jorge Luis Borges, quien había nacido un año antes que Márai y que murió en 1986.
Su amada esposa, Lola Matzner, con la que había compartido 62 años de su vida, murió de un cáncer en Enero de 1986. Ella estaba ya casi ciega y, a pesar de ello, para el escritor era una compañía insustituible. En Mayo de 1984, SM escribe: "los dos viejecitos, enfermos y ciegos que somos, todavía nos brindamos apoyo mutuamente". Y lee a su compañera, con un solo ojo (como yo, por cierto), los relatos de otro ciego ilustre: el argentino Jorge Luis Borges, quien había nacido un año antes que Márai y que murió en 1986.
Voy a recoger aquí algunas frases y aspectos de interés que SM escribe en su Diario. Por ejemplo, a propósito de una crítica (de Edmund Wilson) a la conocida novela "La cabaña del tío Tom", dice que "este año Jesse Jackson, un hombre de color, se ha presentado a las elecciones presidenciales estadounidenses. Todo un cambio respecto a cuando llegamos al país hace 32 años: entonces semejante eventualidad habría sido impensable". Me pregunto qué habría dicho SM hoy, 15 años después, con un negro en la Presidencia. ¡Eso sí es un gran cambio! Un cambio que, sin embargo, no lo es tanto para la política americana global dominada más que nunca por el capital financiero.
Pero sigamos con las referencias al deterioro. Dice: "la proximidad de la muerte confiere a la conciencia más fuerzas que desánimo" y más adelante: "el ojo de Lola no mejora; ella vive a tropezones y yo ando a tropezones a su lado". Y "me acostumbro a vivir medio ciego, a tientas, a percibir las distancias transformadas.."
Pero sigamos con las referencias al deterioro. Dice: "la proximidad de la muerte confiere a la conciencia más fuerzas que desánimo" y más adelante: "el ojo de Lola no mejora; ella vive a tropezones y yo ando a tropezones a su lado". Y "me acostumbro a vivir medio ciego, a tientas, a percibir las distancias transformadas.."
A pesar de su semiceguera, SM es un lector infatigable. Lee a los clásicos griegos: Esquilo, Sófocles, Aristóteles, La Odisea... Pero también, preferentemente, la literatura europea: Cervantes, Shakespeare, Goethe, Shopenhauer, Voltaire y, también, alguna literatura americana que yo desconocía. Por ejemplo, John Dewey (que murió a los 93 años) que escribe sobre los sabios griegos y también sobre China donde vivió 20 años y practicó la docencia. Al parecer fue un gran pedagogo y se le llamó "el padre de la pedagogía progresista". Quizás lea algo de él en la Red. Por otra parte, SM califica el Don Quijote, como "la novela más hermosa de la literatura mundial".
Pero continuando con el deterioro y la desesperanza, escribe: "llega el tiempo en que uno ya no espera respuestas, no discute con el destino, lo abraza" y "a veces, me avergüenza estar vivo". La opinión que SM tiene de los médicos y de la medicina oficial es, verdaderamente, penosa: "el robo descarado ejercido por la medicina y sus compañías es asqueroso", habla de "la medicina deshumanizada..." y de que sigue "posponiendo el desastre final y caer en manos de los perreros con título, los médicos". Aquí, en España, hay casos de los que podríamos decir algo así, pero no con tanta virulencia como en los EE.UU. donde la mayor parte de la medicina es privada y está sujeta a grandes ganancias de las compañías de Seguros y de la clase médica. De su desprecio tampoco se libran las Iglesias, cuando dice: "detesto a los curas y las fábulas de las religiones". En realidad, detesta todo constructo ideológico que acaba siendo un tipo de Iglesia como fue el fascismo, pero también el socialismo soviético. SM dice: "El comunismo es una tragedia, pero el enemigo real son siempre los hipócritas mezquinos, disfrazados de nacionalistas: la derecha". ¿Porqué me parecerá que esta referencia se podría aplicar muy bien a nuestra derecha, tan nacionalista y tan hipócrita?
Quizás, en medio de tanta desesperanza, lo más hermoso del Diario es lo que SM llama "el teléfono rojo". Un sueño en el que su difunta esposa L. le habla (o escribe como en teletipo) y le dice cómo le amó profundamente durante 62 años y que solo le quiso a él. Le dice lo que no le dijo en 62 años. Y, también, cosas del más allá: "Dios es muy bueno, pero no conviene hablar de ello. Aquí todo está en silencio, silencio profundo. No me duele nada. No hay deseos." En los sueños aparecen textos largos, datos, nombres, frases gramaticalmente correctas, acontecimientos antiguos y datos. SM dice: "¿Donde estaban? ¿En qué memory bank? Acaso el hecho de escribir sea un proceso de evocación de algo que ocurrió una vez".
SM prepara su muerte varios años antes. En Febrero de 1986 va a una tienda de armas a comprar una pistola. El vendedor se la entrega, junto con 50 balas. SM dice que no va a necesitar tantas y el vendedor contesta que "eso nunca se sabe". Una noche el "teléfono rojo" le dice cómo hay que matarse, contestando a sus preguntas, en el sueño: "Lo mejor es la pistola, pero no es del todo seguro. ¿En la boca o en la sien? ¿Qué es más seguro, estar tumbado con la boca abierta o más bien...? Las respuestas llegan en frases completas, en estilo magistral, profesional". SM tarda todavía más de 3 años en suicidarse. El 15 de Enero de 1989 escribe su última frase. Morirá, de un disparo, el 22 Febrero de 1989 en San Diego (California). Curiosamente, SM escribe (citando a E. Wilson) "que alrededor de 1932, en los años de la Gran Depresión, San Diego era el destino preferido de los suicidas americanos: los deprimidos y los desesperados venían aquí para morir".
Pero continuando con el deterioro y la desesperanza, escribe: "llega el tiempo en que uno ya no espera respuestas, no discute con el destino, lo abraza" y "a veces, me avergüenza estar vivo". La opinión que SM tiene de los médicos y de la medicina oficial es, verdaderamente, penosa: "el robo descarado ejercido por la medicina y sus compañías es asqueroso", habla de "la medicina deshumanizada..." y de que sigue "posponiendo el desastre final y caer en manos de los perreros con título, los médicos". Aquí, en España, hay casos de los que podríamos decir algo así, pero no con tanta virulencia como en los EE.UU. donde la mayor parte de la medicina es privada y está sujeta a grandes ganancias de las compañías de Seguros y de la clase médica. De su desprecio tampoco se libran las Iglesias, cuando dice: "detesto a los curas y las fábulas de las religiones". En realidad, detesta todo constructo ideológico que acaba siendo un tipo de Iglesia como fue el fascismo, pero también el socialismo soviético. SM dice: "El comunismo es una tragedia, pero el enemigo real son siempre los hipócritas mezquinos, disfrazados de nacionalistas: la derecha". ¿Porqué me parecerá que esta referencia se podría aplicar muy bien a nuestra derecha, tan nacionalista y tan hipócrita?
Quizás, en medio de tanta desesperanza, lo más hermoso del Diario es lo que SM llama "el teléfono rojo". Un sueño en el que su difunta esposa L. le habla (o escribe como en teletipo) y le dice cómo le amó profundamente durante 62 años y que solo le quiso a él. Le dice lo que no le dijo en 62 años. Y, también, cosas del más allá: "Dios es muy bueno, pero no conviene hablar de ello. Aquí todo está en silencio, silencio profundo. No me duele nada. No hay deseos." En los sueños aparecen textos largos, datos, nombres, frases gramaticalmente correctas, acontecimientos antiguos y datos. SM dice: "¿Donde estaban? ¿En qué memory bank? Acaso el hecho de escribir sea un proceso de evocación de algo que ocurrió una vez".
SM prepara su muerte varios años antes. En Febrero de 1986 va a una tienda de armas a comprar una pistola. El vendedor se la entrega, junto con 50 balas. SM dice que no va a necesitar tantas y el vendedor contesta que "eso nunca se sabe". Una noche el "teléfono rojo" le dice cómo hay que matarse, contestando a sus preguntas, en el sueño: "Lo mejor es la pistola, pero no es del todo seguro. ¿En la boca o en la sien? ¿Qué es más seguro, estar tumbado con la boca abierta o más bien...? Las respuestas llegan en frases completas, en estilo magistral, profesional". SM tarda todavía más de 3 años en suicidarse. El 15 de Enero de 1989 escribe su última frase. Morirá, de un disparo, el 22 Febrero de 1989 en San Diego (California). Curiosamente, SM escribe (citando a E. Wilson) "que alrededor de 1932, en los años de la Gran Depresión, San Diego era el destino preferido de los suicidas americanos: los deprimidos y los desesperados venían aquí para morir".
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