Cuando llego a la conclusión de que la llamada "izquierda" española gobernante (o sea PSOE), ha venido haciendo, casi siempre, lo que la derecha social quiere que haga y que esta derecha, fuertemente estimulada por la mayoría de los medios de prensa, sigue empeñada en considerar a estos llamados "socialistas" como si fuesen unos "rojos" peligrosos oponiéndose, por cálculo electoral, a todo lo que los Gobiernos del PSOE hagan (incluido lo que ellos han pedido), no tengo más remedio que pensar que estoy en un país de locos y de fanáticos. Y esto no es de ahora. Aparte de la dura (y necesaria) Reconversión industrial que implementó el PSOE gobernante en los años 80, en el 86 el PSOE se desdijo de su oposición a la OTAN, haciendo una fuerte campaña por el SÍ a la OTAN, en un Referendum, mientras que Fraga (no recuerdo si AP o PP) predicaba la abstención, con gran estupor de la derecha europea y de los EE.UU.
En España se asienta un bipartidismo (parecido al de los EE.UU) en el que, las grandes políticas económicas e internacionales son muy semejantes, con algunas variantes por las que el PSOE (demócratas en USA) tiende algo más al laicismo, al diálogo y a lo público, mientras que el PP (republicanos en USA) confían en la religión (cristiana), en la guerra y en la iniciativa privada. Diferencias poco relevantes en la práctica, ya que estos partidos no suelen revocar, al llegar al poder, lo que el otro ha hecho, salvo contadas excepciones (salida de Irak o, quizás, alguna Ley de Educación). La izquierda mantiene el Concordato con la Iglesia Católica y el PP el divorcio o las leyes sobre el aborto.
Y por mucho que llamemos "Democracia" a nuestro sistema, nuestro bipartidismo se basa en una gran injusticia del sistema electoral (que ni el PP ni el PSOE están dispuestos a enmendar), ya que los partidos pequeños, de ámbito nacional, necesitan medio millón de votos para lograr un escaño, frente a los 60.000 votos que precisan esos grandes partidos, para ese escaño.
El otro día, una persona bien situada y, por otra parte, bastante responsable me dijo que, en lugar de la huelga general del 29, habría que quemar algunos Bancos. Teniendo en cuenta que el poder, en el mundo desarrollado occidental, lo detenta el capital financiero y el FMI (los verdaderos culpables de la crisis), estoy de acuerdo con la "boutade" (en cuanto que sea solo una "boutade"). Me recordó un documento de TVE, de "Españoles en el mundo", en el que un viejo anarquista español, en Paris, enseñaba orgullosamente, al reportero, algunos recortes de prensa en el que aparecía como una especie de Robin Hood, robando Bancos. Él decía que era un deber moral hacerlo. También contaba cómo, en tiempos de Franco, pasaba una y otra vez la frontera franco-española por los Pirineos porque, decía que, para él, no había fronteras.
Lo tremendo es que, ahora, para quien no hay fronteras es para el capital financiero internacional y, mucho menos las hay, para el dinero negro que se refugia en paraísos fiscales.
¿Porqué hemos llegado a esta situación donde la política es de derechas, aunque el Gobierno lo detente un partido nominalmente de izquierdas? La respuesta hay que buscarla en el escaso poder de los trabajadores organizados frente al enorme poder del capital financiero y de las grandes fortunas. Las bajas tasas de afiliación sindical en España y una estructura empresarial basada en la pequeña empresa, que implica una gran dispersión de los trabajadores y su bajo nivel formativo, explican la poca fuerza de la masa de trabajadores frente al capital dominante.
Esta es la causa, también, del bajo nivel de gasto social y de los bajos salarios.
En el Norte, la situación es la contraria. Los actuales gobiernos de Centro-Derecha tienen que mantener la política social de tradición socialdemócrata, que se generó después de la guerra mundial, por la fuerza de los sindicatos (con tasas de afiliación cercanas al 80%), y que dio lugar a un buen nivel educativo y de protección social, a altos salarios y altos impuestos. Contrariamente a lo que predican las derechas, la fuerte presión fiscal, con gasto social elevado (25% a 30% del PIB), genera más bienestar y empleo cualificado, con altos salarios que obligan a las empresas a ser productivas y competitivas para sobrevivir. En nuestro país, podemos ver numerosas empresas de baja productividad que basan su supervivencia en los bajos salarios.
Todavía no sabemos cuales van a ser los efectos de la Reforma Laboral. Ojalá logre los objetivos de aumentar el empleo fijo y disminuir la precariedad. Como también los de una mejor formación profesional y más eficaces políticas activas de empleo. Pero mucho me temo que, con las cartas que jugamos, los resultados no sean los previstos. Las proclamas y Leyes de los políticos no son, casi nunca, decisivos. Es la sociedad, con las nuevas generaciones, la que puede producir cambios reales. Y no se aprecia, en el horizonte, una generación nueva dispuesta a dar un vuelco a este país. Solo en contadísimos casos veo que alguien anteponga el trabajo bien hecho al dinero fácil.
Y no confío en los políticos de partidos ni en los gobiernos europeos domesticados por el capital financiero y el FMI. Me estoy volviendo anarquista.
En España se asienta un bipartidismo (parecido al de los EE.UU) en el que, las grandes políticas económicas e internacionales son muy semejantes, con algunas variantes por las que el PSOE (demócratas en USA) tiende algo más al laicismo, al diálogo y a lo público, mientras que el PP (republicanos en USA) confían en la religión (cristiana), en la guerra y en la iniciativa privada. Diferencias poco relevantes en la práctica, ya que estos partidos no suelen revocar, al llegar al poder, lo que el otro ha hecho, salvo contadas excepciones (salida de Irak o, quizás, alguna Ley de Educación). La izquierda mantiene el Concordato con la Iglesia Católica y el PP el divorcio o las leyes sobre el aborto.
Y por mucho que llamemos "Democracia" a nuestro sistema, nuestro bipartidismo se basa en una gran injusticia del sistema electoral (que ni el PP ni el PSOE están dispuestos a enmendar), ya que los partidos pequeños, de ámbito nacional, necesitan medio millón de votos para lograr un escaño, frente a los 60.000 votos que precisan esos grandes partidos, para ese escaño.
El otro día, una persona bien situada y, por otra parte, bastante responsable me dijo que, en lugar de la huelga general del 29, habría que quemar algunos Bancos. Teniendo en cuenta que el poder, en el mundo desarrollado occidental, lo detenta el capital financiero y el FMI (los verdaderos culpables de la crisis), estoy de acuerdo con la "boutade" (en cuanto que sea solo una "boutade"). Me recordó un documento de TVE, de "Españoles en el mundo", en el que un viejo anarquista español, en Paris, enseñaba orgullosamente, al reportero, algunos recortes de prensa en el que aparecía como una especie de Robin Hood, robando Bancos. Él decía que era un deber moral hacerlo. También contaba cómo, en tiempos de Franco, pasaba una y otra vez la frontera franco-española por los Pirineos porque, decía que, para él, no había fronteras.
Lo tremendo es que, ahora, para quien no hay fronteras es para el capital financiero internacional y, mucho menos las hay, para el dinero negro que se refugia en paraísos fiscales.
¿Porqué hemos llegado a esta situación donde la política es de derechas, aunque el Gobierno lo detente un partido nominalmente de izquierdas? La respuesta hay que buscarla en el escaso poder de los trabajadores organizados frente al enorme poder del capital financiero y de las grandes fortunas. Las bajas tasas de afiliación sindical en España y una estructura empresarial basada en la pequeña empresa, que implica una gran dispersión de los trabajadores y su bajo nivel formativo, explican la poca fuerza de la masa de trabajadores frente al capital dominante.
Esta es la causa, también, del bajo nivel de gasto social y de los bajos salarios.
En el Norte, la situación es la contraria. Los actuales gobiernos de Centro-Derecha tienen que mantener la política social de tradición socialdemócrata, que se generó después de la guerra mundial, por la fuerza de los sindicatos (con tasas de afiliación cercanas al 80%), y que dio lugar a un buen nivel educativo y de protección social, a altos salarios y altos impuestos. Contrariamente a lo que predican las derechas, la fuerte presión fiscal, con gasto social elevado (25% a 30% del PIB), genera más bienestar y empleo cualificado, con altos salarios que obligan a las empresas a ser productivas y competitivas para sobrevivir. En nuestro país, podemos ver numerosas empresas de baja productividad que basan su supervivencia en los bajos salarios.
Todavía no sabemos cuales van a ser los efectos de la Reforma Laboral. Ojalá logre los objetivos de aumentar el empleo fijo y disminuir la precariedad. Como también los de una mejor formación profesional y más eficaces políticas activas de empleo. Pero mucho me temo que, con las cartas que jugamos, los resultados no sean los previstos. Las proclamas y Leyes de los políticos no son, casi nunca, decisivos. Es la sociedad, con las nuevas generaciones, la que puede producir cambios reales. Y no se aprecia, en el horizonte, una generación nueva dispuesta a dar un vuelco a este país. Solo en contadísimos casos veo que alguien anteponga el trabajo bien hecho al dinero fácil.
Y no confío en los políticos de partidos ni en los gobiernos europeos domesticados por el capital financiero y el FMI. Me estoy volviendo anarquista.
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