lunes, febrero 14, 2011

Notas de un observador. 11/9

Han pasado ya 34 años desde el inicio de la transición democrática en España. Si comparamos la situación de entonces con la de ahora, no hay duda de que se ha avanzado bastante en muchos campos, si bien todavía quedan muchos residuos de aquella España ignorante y cutre, dominada por el Nacional-Catolicismo, que muchos de nuestros conservadores se empeñan en querer hacer resurgir, a partir del dominio que mantienen sobre una gran parte de los medios de comunicación. Si alguien lo duda, le recomiendo que se dé un repaso al Ojo Izquierdo (catavenenos) en donde, casi todos los días, se recogen muestras de las excentricidades (por poner un término suave) que estos medios vierten sobre el sufrido lector.

Ahora bien, si hay algo donde el avance de nuestro país ha sido espectacular es, sin lugar a dudas, el deporte. Los medalleros de los Juegos Olímpicos dan una idea de lo que era el deporte español en el franquismo y después. Desde los años 40 a los 70, lo normal era no obtener medallas o conseguir una o dos, generalmente en equitación o pistola y por militares. En 1976 (Montreal) ya se obtienen 2 platas en piragüismo y vela. A partir de 1980 (Moscú) se empiezan a obtener de 4 a 6 medallas con algún oro, hasta que en los Juegos de Barcelona (1992) se consigue el máximo medallero: 22 medallas, con 13 oros. En los últimos juegos (Pekin) se obtienen 18 medallas con 5 oros. Un cambio notable, respecto al franquismo. Además, hoy existe un buen nivel en casi todos los deportes, incluidos los de motor, y en fútbol se acaba de lograr el campeonato mundial. Y, también en fútbol, podemos presumir de liderazgo empresarial con los dos clubes más ricos de Europa: el Real Madrid y el Barcelona F.C. ¿Que Uds. preferirían presumir de empresas punteras en innovación y desarrollo tecnológico? No seamos abusones, no se puede tener de todo. Sobre todo, cuando echamos un vistazo al desolador panorama educativo y universitario de nuestro país.

El País de hoy, publica un interesante artículo del rector de la Universidad Carlos III de Madrid, Daniel Peña (antiguo compañero en la Escuela de Organización Industrial), titulado "La calidad de las Universidades y los milagros" donde da algunas cifras comparativas que muestran cómo los Presupuestos de nuestras Universidades tienen una posición económica radicalmente distinta a la que observamos en nuestros clubes punteros de fútbol. Estos están a la cabeza de Europa y nuestras Universidades a la cola. Veamos algunas cifras:

Desde luego, nunca nos compararíamos con las grandes Universidades americanas (Harvard, MIT o Princeton) con presupuestos de 150.000 euros por estudiante, ni tampoco con las grandes de Europa, como Oxford y Cambridge con presupuestos de 50.000 euros, pero sí con otras europeas que rondan los 20.000 euros por estudiante o bien con las de países emergentes como Brasil, Corea o China con unos 25.000 euros. Pero es que nuestras Universidades no cuentan ni con una media de 10.000 euros por estudiante y año. Algunas, ni con la mitad.

¿Qué clase de enfermedad mental afecta a nuestra sociedad para que nuestro máximo interés y recursos económicos vayan a parar, prioritariamente, a los equipos de fútbol y mucho menos a nuestras Universidades y sistema educativo? No es extraño que nuestros jóvenes más preparados acaben emigrando a otros países. Afortunadamente para ellos y, probablemente más adelante, también para nuestro país.


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