La existencia es el gran misterio que, seguramente, nunca podremos desvelar. La Ciencia nos da algunas pistas que están muy lejos de aclararnos algo. Lo que sí parece cada vez más claro es que el Universo en el que estamos es el resultado de una casualidad muy improbable. Surgió hace unos 14.000 millones de años (o entre 10.000 y 20.000 millones de años) de la nada, del vacío. Algo que solo algunas religiones orientales habían sugerido: el budismo y el taoismo. De la nada, del vacío, surge el TODO. De una "singularidad", en el lenguaje matemático, de un punto infinitamente pequeño que explosiona convirtiéndose en un Universo en expansión. Un Universo cuyas características hacen posible que no se colapse, ni se desvanezca en una expansión inestable, sino que permita la formación de estrellas y planetas con una variedad de compuestos químicos tales que resulten en la formación de vida en determinados lugares favorables. La ciencia no puede ir más allá del momento de la creación de nuestro Universo. No tiene sentido hablar de un tiempo anterior al Big-Bang.
Pero nosotros podemos especular sobre ello y pensar que pueden haber surgido, o estar surgiendo, innumerables universos que no han sido viables desde el punto de vista de su estabilidad y de la formación de las condiciones para la vida. Estadísticamente, para conseguir un "premio", que sea muy improbable, han tenido que realizarse innumerables "tiradas" por parte de los jugadores.
Contrariamente a la frase de Einstein -en relación con la teoría cuántica- de que "Dios no juega a los dados" se podría pensar que Dios sea un jugador empedernido que juega a "los universos" a base de crear , una y otra vez, universos de los cuales solo algunos, entre millones de millones, tenga unas características que le hagan tan interesante como lo es, para nosotros, el nuestro. Y que ese sea el único papel de Dios: jugar a los universos.
Pequeñas variaciones en los principales parámetros de nuestro universo (gravedad, porcentaje de hidrógeno que se convierte en helio, etc.) le hubiesen hecho inviable para la formación de planetas con vida. Asumo que, en nuestro universo, puede haber otros planetas que albergan vida inteligente, aparte de la tierra, aunque no sean muchos dada la improbabilidad de las condiciones necesarias para esa eventualidad. Por las mismas razones que se necesitarían millones de millones de millones de universos para llegar a uno como el nuestro, en este se necesitan millones de millones de millones de planetas para que solo en unos pocos puedan darse las condiciones para la vida inteligente. Y, naturalmente, si puedo escribir esto es porque estoy en uno de ellos.
La existencia es un gran misterio, imposible de descifrar, pero "mi existencia" es, sobre todo, un hecho extremadamente improbable, que nunca dejará de maravillarme por haberse realizado.
Pero nosotros podemos especular sobre ello y pensar que pueden haber surgido, o estar surgiendo, innumerables universos que no han sido viables desde el punto de vista de su estabilidad y de la formación de las condiciones para la vida. Estadísticamente, para conseguir un "premio", que sea muy improbable, han tenido que realizarse innumerables "tiradas" por parte de los jugadores.
Contrariamente a la frase de Einstein -en relación con la teoría cuántica- de que "Dios no juega a los dados" se podría pensar que Dios sea un jugador empedernido que juega a "los universos" a base de crear , una y otra vez, universos de los cuales solo algunos, entre millones de millones, tenga unas características que le hagan tan interesante como lo es, para nosotros, el nuestro. Y que ese sea el único papel de Dios: jugar a los universos.
Pequeñas variaciones en los principales parámetros de nuestro universo (gravedad, porcentaje de hidrógeno que se convierte en helio, etc.) le hubiesen hecho inviable para la formación de planetas con vida. Asumo que, en nuestro universo, puede haber otros planetas que albergan vida inteligente, aparte de la tierra, aunque no sean muchos dada la improbabilidad de las condiciones necesarias para esa eventualidad. Por las mismas razones que se necesitarían millones de millones de millones de universos para llegar a uno como el nuestro, en este se necesitan millones de millones de millones de planetas para que solo en unos pocos puedan darse las condiciones para la vida inteligente. Y, naturalmente, si puedo escribir esto es porque estoy en uno de ellos.
La existencia es un gran misterio, imposible de descifrar, pero "mi existencia" es, sobre todo, un hecho extremadamente improbable, que nunca dejará de maravillarme por haberse realizado.
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