Ya me he referido antes a la percepción como una actividad que sucede en nuestro cerebro y que, por tanto, es algo subjetivo cuya correspondencia con la realidad debe estar sujeta a la duda y la investigación. Contínuamente, si nos fijamos, podemos tener ejemplos de percepciones subjetivas que nos pueden conducir a errores en dimensiones, ideas o evaluación de los acontecimientos.
Cuando vivía en Madrid, las dimensiones de las calles, plazas y parques me parecían normales y no demasiado significativas. Después de más de 10 años viviendo en Málaga, cuando visito Madrid algunas calles que me parecían estrechas, como Serrano, las veo ahora bastante amplias y el Paseo de la Castellana o la Plaza de Colón enormes. Antes solía ir andando a muchos lugares en Madrid y las distancias no me parecían excesivas, ahora cometo errores al evaluar los tiempos andando en un Madrid donde las distancias me resultan mayores que las que tenía inmersas en mi cerebro.
Una fuerte adhesión de pertenencia a un grupo genera muy diferentes percepciones y apreciaciones entre los individuos, de acuerdo con esa pertenencia, como podemos ver cada semana en los partidos de futbol donde las numerosas incidencias se califican de maneras opuestas entre los fans de uno u otro equipo. Aunque la precisión de la repetición de las jugadas a través de la TV pueda contribuir a minimizar las dudas, la evaluación de las apreciaciones continúa teniendo claros sesgos favorables a cada grupo evaluador.
En el mundo de la ideología y la cultura se pueden observar todavía mayores subjetividades. Mi relativa preferencia de lectura y audiencia hacia El País, la SER o Canal-Plus, que yo percibo como una muestra de independencia política de centro con ligera tendencia hacia la izquierda, le parece a uno de mis mejores amigos como un sometimiento a lo que él llama el "pensamiento único". Me pregunto que calificativo habría que emplear para los que inclinan sus preferencias hacia la COPE o Libertad Digital. En el mundo de la política, siempre me resulta sorprendente ver cómo el mismo tema o acontecimiento merece tratamientos radicalmente opuestos por parte de los dos grupos mayoritarios que, por otra parte, no realizarían políticas de Gobierno muy distintas salvo en algunos aspectos muy específicos. Por eso, en este caso, esas posiciones opuestas quizás no reflejen auténticas percepciones diversas sino una falta de sinceridad por razones de interés político partidista.
En el campo de la diversión y el ocio, no hay duda de que las cosas se perciben de maneras opuestas por las distintas personas. Probablemente, la mayoría de los malagueños disfrutan de la animación y ruidos de su Feria que para otros (en los que me incluyo) puede convertirse en algo insufrible. Lo mismo podría decirse del botellón o de algunos espectáculos de rock: lo que para unos es alegría y diversión, para otros puede llegar a ser una tortura.
No hay duda de que son las cuestiones que reflejan sentimientos y emociones profundas las que suscitan mayores diferencias de percepción y, por tanto, de opinión. Es el caso de las religiones o de los nacionalismos. ¿Qué hacer para evitar enfrentamientos en estos aspectos? Muchas personas optan por no hablar de estos temas; yo prefiero el diálogo sincero junto con la tolerancia hacia otras opiniones y percepciones.
Cuando vivía en Madrid, las dimensiones de las calles, plazas y parques me parecían normales y no demasiado significativas. Después de más de 10 años viviendo en Málaga, cuando visito Madrid algunas calles que me parecían estrechas, como Serrano, las veo ahora bastante amplias y el Paseo de la Castellana o la Plaza de Colón enormes. Antes solía ir andando a muchos lugares en Madrid y las distancias no me parecían excesivas, ahora cometo errores al evaluar los tiempos andando en un Madrid donde las distancias me resultan mayores que las que tenía inmersas en mi cerebro.
Una fuerte adhesión de pertenencia a un grupo genera muy diferentes percepciones y apreciaciones entre los individuos, de acuerdo con esa pertenencia, como podemos ver cada semana en los partidos de futbol donde las numerosas incidencias se califican de maneras opuestas entre los fans de uno u otro equipo. Aunque la precisión de la repetición de las jugadas a través de la TV pueda contribuir a minimizar las dudas, la evaluación de las apreciaciones continúa teniendo claros sesgos favorables a cada grupo evaluador.
En el mundo de la ideología y la cultura se pueden observar todavía mayores subjetividades. Mi relativa preferencia de lectura y audiencia hacia El País, la SER o Canal-Plus, que yo percibo como una muestra de independencia política de centro con ligera tendencia hacia la izquierda, le parece a uno de mis mejores amigos como un sometimiento a lo que él llama el "pensamiento único". Me pregunto que calificativo habría que emplear para los que inclinan sus preferencias hacia la COPE o Libertad Digital. En el mundo de la política, siempre me resulta sorprendente ver cómo el mismo tema o acontecimiento merece tratamientos radicalmente opuestos por parte de los dos grupos mayoritarios que, por otra parte, no realizarían políticas de Gobierno muy distintas salvo en algunos aspectos muy específicos. Por eso, en este caso, esas posiciones opuestas quizás no reflejen auténticas percepciones diversas sino una falta de sinceridad por razones de interés político partidista.
En el campo de la diversión y el ocio, no hay duda de que las cosas se perciben de maneras opuestas por las distintas personas. Probablemente, la mayoría de los malagueños disfrutan de la animación y ruidos de su Feria que para otros (en los que me incluyo) puede convertirse en algo insufrible. Lo mismo podría decirse del botellón o de algunos espectáculos de rock: lo que para unos es alegría y diversión, para otros puede llegar a ser una tortura.
No hay duda de que son las cuestiones que reflejan sentimientos y emociones profundas las que suscitan mayores diferencias de percepción y, por tanto, de opinión. Es el caso de las religiones o de los nacionalismos. ¿Qué hacer para evitar enfrentamientos en estos aspectos? Muchas personas optan por no hablar de estos temas; yo prefiero el diálogo sincero junto con la tolerancia hacia otras opiniones y percepciones.
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