martes, septiembre 27, 2005

Los dos conejos

El debate sobre el cambio climático me recuerda a una fábula de Tomás de Iriarte titulada "Los dos conejos". En ella dos conejos discuten si los perros que les vienen siguiendo son galgos o podencos y, entretenidos por la discusión, los perros les alcanzan. La moraleja que escribe Iriarte es: Los que por cuestiones de poco momento dejan lo que importa llevense este ejemplo. Debatiendo sobre si se está produciendo o no un calentamiento global y si este es algo natural o se debe al incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2, procedentes de actividades humanas que utilizan combustibles fósiles, puede que estemos llegando ya al punto de no retorno y que las catástrofes que se generarán en este siglo como consecuencia del incremento de la temperatura de mares y oceanos sean ya inevitables.
El calentamiento global es ya un hecho comprobado en los últimos 30 años. La incertidumbre está en si seguirá aumentando en el futuro, en qué medida y si una reducción drástica de la generación de gases de efecto invernadero puede o no frenar ese calentamiento. Los científicos no suelen plantear posiciones cerradas que no presenten dudas, pero sí advierten de las consecuencias del aumento de las temperaturas: desertización de amplias zonas, disminución de las capas de hielo en los polos, aumento del nivel del mar y un incremento de la fuerza de los huracanes y tifones. Algo que hemos podido comprobar en los efectos destructivos de los huracanes Katrina y Rita.
Otros personajes no científicos, como escritores, grupos ecologistas, hombres de negocios o políticos sí suelen presentar posiciones cerradas y enfrentadas. El escritor Jeremy Rifkin se decanta claramente por la tésis de que "el Katrina es la factura de la entropía por haber incrementado las emisiones de CO2..." como dice en su artículo: El calentamiento global azota Nueva Orleans. Otros, como Michael Crichton opinan lo contrario y culpan a los ecologistas de meter miedo a la sociedad. En su novela State of Fear, Crichton pone de malos de la película a un grupo ecologista que se dedica a crear catástrofes artificiales, con métodos terroristas, para hacer creer a la población que sus tésis sobre el calentamiento global son ciertas utilizando, para conseguirlo, bombas y missiles que derriten los hielos polares. Algo muy burdo para el autor de una obra tan interesante como Jurassic Park.

La moraleja de Iriarte aplicada al cambio climático es que hay que tomar medidas ante la posibilidad, casi segura, de que el calentamiento global se deba, en buena medida, a las actividades humanas aplicando, cuando menos, el protocolo de Kyoto (al que USA se resiste y España incumple ampliamente) y tomando precauciones ante el probable aumento del nivel del mar y el incremento de la fuerza de los huracanes y otros desastres naturales. Por ejemplo, revisando los planes de urbanismo de las costas para minimizar la vulnerabilidad de los habitats costeros.

¿Llegaremos a tiempo o nos comportaremos como los conejillos del cuento?

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