El 4 de Noviembre pasado, en el diario Málaga Hoy, salió una reseña que destacaba que el Presidente del Colegio de Arquitectos de España, el malagueño Hernández Pezzi, proclamaba la "responsabilidad social" que su gremio tiene al servicio de los ciudadanos. Lo que no decía es que esa responsabilidad no se aprecia en la práctica más que en contados casos y generalmente por arquitectos no españoles. Lo que vemos a diario en nuestro país, y muy particularmente en Málaga donde vivo, es un absoluto abandono de esa responsabilidad en favor de constructores y promotores a los que solo guía el deseo de hacerse con dinero rápido. Muchas veces en detrimento de la calidad y del diseño socialmente responsable: viviendas nuevas (y muy caras) con aislamiento tan deficiente que sonidos normales se transmiten por paredes y techos entre vecinos, distribuciones de estilo anticuado con largos pasillos, techos y paredes que presentan humedades cuando hay fuertes lluvias y casi nula actuación de los arquitectos directores de obra para evitar los muchos defectos de construcción.
En el otro lado de la balanza, unos pocos arquitectos desarrollan una casi heroica labor de diseño ecológico para una construcción sostenible y un urbanismo socialmente responsable. Uno de los más importantes: William McDonough cuyo objetivo es reciclar y devolver al terreno lo que se le quita; realizar una arquitectura sostenible y viva. Sus diseños van desde una ciudad de 2 millones de habitantes, Huangbaiyu, en China hasta un edificio de oficinas en Barcelona o la central europea de Nike en Holanda. En todos los casos arquitectura de construcciones vivas basadas en el aprovechamiento de la energía solar y el reciclaje de los materiales.
Otro arquitecto que diseña contando con la naturaleza, aire, agua y sol, es el australiano Glenn Murcutt, premio Pritzker 2002.
¡Que cunda el ejemplo!
En el otro lado de la balanza, unos pocos arquitectos desarrollan una casi heroica labor de diseño ecológico para una construcción sostenible y un urbanismo socialmente responsable. Uno de los más importantes: William McDonough cuyo objetivo es reciclar y devolver al terreno lo que se le quita; realizar una arquitectura sostenible y viva. Sus diseños van desde una ciudad de 2 millones de habitantes, Huangbaiyu, en China hasta un edificio de oficinas en Barcelona o la central europea de Nike en Holanda. En todos los casos arquitectura de construcciones vivas basadas en el aprovechamiento de la energía solar y el reciclaje de los materiales.
Otro arquitecto que diseña contando con la naturaleza, aire, agua y sol, es el australiano Glenn Murcutt, premio Pritzker 2002.
¡Que cunda el ejemplo!
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