viernes, noviembre 11, 2005

Las palabras y los hechos


En una de sus brillantes columnas (Por las nubes), Juan José Millás cuenta lo baratas que salen las palabras (un euro por muchos miles de palabras en un periódico) mientras que los hechos -la inversión en realidad- está por las nubes. Pero como un país no se hace con palabras sino con hechos, y aquí no queremos que nos suban los impuestos, nos vamos a tener que conformar con un sistema social y educativo de la más baja calidad.
No es sorprendente la propensión de nuestros políticos a utilizar palabras -y confeccionar leyes- antes que analizar y corregir la realidad, si tenemos en cuenta lo baratas que salen las palabras (y las Leyes) en comparación con la inversión en realidad y, también, el hecho de que el 80% de nuestros parlamentarios sean de Letras y no de Ciencias. Es decir, personas cuya razón de ser reside en la palabra. En países con más sentido común, como los nórdicos, ante cualquier problema se ensayan o evalúan actuaciones prácticas antes de desarrollar una Ley. Esta no sería otra cosa que la concreción normativa de un solución ya ensayada o aplicada. Nosotros tratamos de substituir la realidad por Leyes por lo que, con frecuencia, cuando tenemos que tratar algún problema que parece casi insoluble, aparece alguna personalidad diciendo que "en esta materia, tenemos la legislación más avanzada de Europa", con lo cual ya parece que no se puede hacer mucho más por arreglar las cosas. Y es que muchas de nuestras Leyes no se cumplen en absoluto, generalmente por falta de "inversión en realidad" o sea por falta de medios lo que significa dinero lo que significa aumento de impuestos. Y, en este país, el político que diga que hay que aumentar impuestos está electoralmente perdido.
Suecia es un país muy raro. Allí, hay políticos que han conseguido ganar diciendo que van a aumentar impuestos para establecer algún servicio público de fuerte interés general. Las consecuencias son: el pleno empleo (una tasa de cerca del 80% de empleados sobre la población en edad de trabajar), tasas de empleo similares de hombres y mujeres, altos niveles educativos y sanitarios, alta competitividad empresarial y baja criminalidad. Con una presión fiscal del 50,7% del PIB, Suecia es el país de mayor presión fiscal de la OCDE y España, pese a presentar una presión fiscal de solo el 35%, es el país desarrollado que más la ha subido en los últimos 30 años ya que en 1975 era del 18,1% aproximadamente como la del Mexico actual. Un nuevo avance de unos 5 puntos del PIB nos pondría en una posición aceptable para lograr mejoras sustanciales en educación, inmigración, sanidad y ayuda a las familias (el cuarto pilar del estado de bienestar).
Pero me temo que nuestros políticos, de ambos grandes partidos, seguirán prefiriendo las palabras a los hechos: las palabras son casi gratuitas y los hechos representan el 5% PIB. Y, probablemente, la pérdida del poder.

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