martes, noviembre 29, 2005

¿Felicidad o bienestar?

Desde la antiguedad los valores morales y la conquista de la felicidad han sido, junto con la búsqueda de la verdad, objetos del pensamiento filosófico y religioso.
Epicuro de Samos, que vivió alrededor del año 300 a.de C., decía: "no sé cómo puedo concebir el bien si prescindo de los placeres del gusto, los placeres del amor, de los del oído y de los de la vista". Es decir que la filosofía epicúrea pone el acento en las sensaciones placenteras para la consecución de la felicidad en la vida. Pero ¿no sería más apropiado hablar de "bienestar" en lugar de "felicidad"? Las sensaciones nos llevan a estados de bienestar o de malestar más que de felicidad o infelicidad.
La felicidad está en relación con situaciones más prolongadas y con ingredientes externos como el amor, la salud y el dinero (como dice la copla), cosas que la inmensa mayoría de la humanidad no tiene en su totalidad. En cambio, la sensación de bienestar se puede dar en alguien que no dispone de ninguna de esas tres cosas. Los yoguis hindúes, los monjes budistas, los místicos cristianos o los consumidores de drogas parecen atestiguarlo. Todos ellos dicen haber experimentado momentos de bienestar excepcional que unos llaman iluminación, otros éxtasis o unión con el Ser Supremo. Yo no he experimentado nada de todo eso, pero sí momentos de extraordinario bienestar (euforia en la etimología griega) en los que uno siente respirar un aire puro y fresco, o sensaciones y olores que nos transportan a otros momentos felices y en los nos sentimos en paz con nosotros mismos. Una paz interior que no parece que tengan los drogadictos, cuyos momentos de bienestar son efímeros y seguidos de enorme malestar y dolor.

El equilibrio y la paz interior son también ingredientes de la filosofía epicúrea. Epicuro no propugna placeres intensos y apasionados, sino tranquilos y equilibrados. No trata de la pasión sexual sino del amor y la amistad.

Los estoicos, Zenón y, sobre todo Séneca, parten del dolor y las calamidades para saber soportarlos y mantener la calma practicando la virtud y el conocimiento de la realidad. La aceptación del dolor y las frustraciones antes que rebelarse inútilmente ante ellas. Séneca es sentenciado a muerte, pero puede morir noblemente como lo hizo Sócrates.

El estoicismo es una forma de encontrar la paz interior radicalmente distinta de la de los epicúreos. Tiene también un componente fuertemente religioso, mientras que Epicuro abominaba de la religión como algo esencialmente perverso.

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