Hace algo más de dos años escribí un artículo titulado "Empleo fijo en un banco" en el que narraba como un mendigo se había apropiado de una plataforma exterior, en el Banco de Santander, en el que había instalado , no solo su "puesto de trabajo" de mendigo, sino su propio hogar (colchoneta y cocinilla incluidas) ya que vivía permanente en dicho lugar.
Pero ya se sabe que para un Banco (y para casi toda la población) la propiedad es sagrada y, obviamente, no se podía permitir tal apropiación. Con toda seguridad, se dieron toda clase de negociaciones y presiones sobre este personaje, ya que pudimos observar más de una conversación con el personal de Seguridad del Banco. Pero este mendigo, de tozudez alemana (al menos, su idioma parece ser el alemán) no atendía a razones.

Yo me preguntaba si el Banco se daría por vencido hasta que, un buen día, la plataforma sobre la que el individuo solía dormir, apareció cuajada de una serie de filas de redondo de hierro, onduladas, con el evidente propósito de obstaculizar la colocación de la colchoneta sobre un plano horizontal. Pasaron varios días en los que no se vió dormir, en su disputado "hogar", al personaje de nuestra historia. Pero, al poco tiempo nuestro mendigo ideó un sistema de cartonajes sobre los que pudo instalar su colchoneta, si bien con alguna incomodidad añadida que hacía que su asiduidad a ocupar el sitio no fuese tan fija como anteriormente.
Pasaron los meses y todo parecía indicar que el Banco había dado por imposible su intento de desalojo del mendigo. Sin embargo, no fue así. Probablemente, se daría algún "brain storming" de creatividad, entre directivos, para idear alguna forma segura de conseguir el definitivo desistimiento del ocupante. Y, efectivamente, hace pocos días apareció el lugar cubierto por una chapa de acero, inclinada y soldada, de forma que resulta imposible echarse sobre ningún plano horizontal. Al parecer: ¡ganó el Banco!
No obstante, el cabezota alemán aparece, de cuando en cuando, en su antiguo "hogar" y se sienta en un rincón para dejar claro que ese era su sitio del que ha sido expropiado por el Banco.
Pero ya se sabe que para un Banco (y para casi toda la población) la propiedad es sagrada y, obviamente, no se podía permitir tal apropiación. Con toda seguridad, se dieron toda clase de negociaciones y presiones sobre este personaje, ya que pudimos observar más de una conversación con el personal de Seguridad del Banco. Pero este mendigo, de tozudez alemana (al menos, su idioma parece ser el alemán) no atendía a razones.
Yo me preguntaba si el Banco se daría por vencido hasta que, un buen día, la plataforma sobre la que el individuo solía dormir, apareció cuajada de una serie de filas de redondo de hierro, onduladas, con el evidente propósito de obstaculizar la colocación de la colchoneta sobre un plano horizontal. Pasaron varios días en los que no se vió dormir, en su disputado "hogar", al personaje de nuestra historia. Pero, al poco tiempo nuestro mendigo ideó un sistema de cartonajes sobre los que pudo instalar su colchoneta, si bien con alguna incomodidad añadida que hacía que su asiduidad a ocupar el sitio no fuese tan fija como anteriormente.
Pasaron los meses y todo parecía indicar que el Banco había dado por imposible su intento de desalojo del mendigo. Sin embargo, no fue así. Probablemente, se daría algún "brain storming" de creatividad, entre directivos, para idear alguna forma segura de conseguir el definitivo desistimiento del ocupante. Y, efectivamente, hace pocos días apareció el lugar cubierto por una chapa de acero, inclinada y soldada, de forma que resulta imposible echarse sobre ningún plano horizontal. Al parecer: ¡ganó el Banco!
No obstante, el cabezota alemán aparece, de cuando en cuando, en su antiguo "hogar" y se sienta en un rincón para dejar claro que ese era su sitio del que ha sido expropiado por el Banco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario