Estamos acostumbrados a que los politicos y los periodistas políticos se manifiesten ofreciendo toda clase de declaraciones incoherentes e idiotas, dando por sentado que los ciudadanos somos ignorantes o subnormales (lo que podría ser bastante cierto para muchos casos). Por eso, la misma propuesta política puede ser aplaudida o denostada, por unos y otros, sin que exista un debate serio y desapasionado sobre el tema. El debate sobre los impuestos, ahora suscitado por la propuesta del PP de eliminar el IRPF para los que ganen menos de 16.000 euros al año, es uno de los que generan mayores cotas de incoherencia y declaraciones disparatadas. Para empezar, casi nadie defiende que no se bajen impuestos ni mencionan lo que una bajada de impuestos puede suponer en la calidad y cantidad de los servicios públicos, y eso que nuestro país tiene un déficit de gasto público social de alrededor del 6% del PIB con respecto a la media europea.
En una tertulia televisiva es posible ver como un periodista se queja de que tengamos un déficit de 500 euros de gasto sanitario por persona, en relación con Europa y que, minutos después, alabe la iniciativa del PP de bajar impuestos "para los mileuristas", sin considerar de qué cantidades estamos hablando. Y, sin embargo, las cantidades son muy parecidas: se precisarían 22.000 millones de euros más para igualar el gasto sanitario con Europa y, según Solbes se dejarían de ingresar unos 25.000 millones de euros con la nueva propuesta (en el caso de que los 16.000 euros sean el nuevo mínimo exento).
Claro que los dirigentes del PP niegan que se vaya a dejar de ingresar una cantidad tan grande. A modo de argumento, el Sr. Acebes dice que si los que ganan menos de 16.000 euros "estuviesen pagando esa cantidad de IRPF, sería manifiestamente injusto". Pero Solbes no dice que esa cantidad la paguen los mileuristas sino que, si se trata de subir el mínimo exento a 16.000 euros, entonces esto afectaría a todos los demás contribuyentes, salvo en el caso de que se suban sustancialmente las tarifas para los demás tramos de renta.
Por ejemplo (y simplificando), actualmente el mínimo exento es de 9.000 euros con lo que un contribuyente que gane 26.000 euros paga por 17.000 (diferencia al mínimo exento) en el primer tramo del 15% lo que da una cuota de 2.550 (sin considerar deducciones y otros factores). Con el mínimo de 16.000 este contribuyente pagaría el 1.500 euros (15% de la diferencia, 10.000) siempre que se mantenga la tarifa en el primer tramo. Y lo mismo ocurre con todos los demás contribuyentes que verían reducida su cuota, salvo que haya un aumento considerable de las tasas de los diferentes tramos, lo que podría conllevar algún perjuicio para los principales votantes del PP: las clases medias. Por lo tanto, no se puede hablar seriamente del tema mientras que el PP no aclare detalladamente su propuesta de nuevo IRPF. Y lo que resulta el colmo de la incoherencia, es que Acebes nos diga que "es mejor ese dinero en los bolsillos de los españoles que en los del Gobierno, ya que este lo malgastará en publicidad y propaganda"; y lo dice esgrimiendo una hojita impresa (al parecer, sobre "el polvo del AVE") que, por lo visto, ha costado "mucho dinero". Ni una palabra de los deficitarios servicios de educación, sanidad, atención a las familias que es lo que sí costaría realmente "mucho dinero". Hasta el 6% del PIB, si queremos equipararnos a la media europea en gasto público social.
Claro que los neoliberales aseguran que si bajan los impuestos, la economía crecerá más y el Estado recaudará más. Algo que no se ha demostrado con claridad en ningún sitio, excepto quizás en España, con el actual Gobierno, que ha logrado un fuerte superavit con impuestos ligeramente más bajos; pero esto no ha ocurrido debido a los bajos impuestos, sino por una mayor persecución del fraude y un fuerte aumento del empleo. En EE.UU hemos visto que las bajadas de impuestos han supuesto un déficit público colosal y solo nos queda el caso de Irlanda cuyo fortísimo crecimiento bien pudiera achacarse a los bajos impuestos. Sin embargo, en este caso, hay otro factor más importante: el crecimiento irlandés se ha basado en un decidido desarrollo tecnológico, y en una producción de alto valor añadido, y no en la construcción como es nuestro caso. Y, de todas maneras, Irlanda presenta un gasto social todavía más bajo que el de España.
Sensu contrario, vemos que, desde hace unos años, en los países nórdicos gobiernan partidos de centro-liberal que han desplazado a los gobiernos socialdemócratas.
Se podría pensar que estos partidos aplicarían las fórmulas liberales bajando sustancialmente los impuestos; pero no ha sido así, ya que esto significaría para la población la pérdida de muchos servicios públicos y, para dichos partidos, la probable pérdida de las próximas elecciones. Como nota curiosa, hay que decir que, en Suecia, el cheque escolar (tan reclamado por nuestros liberales) fue implantado por un gobierno socialdemócrata. Claro que su incidencia fue mínima, ya que la escuela pública sueca era de gran calidad y las familias siguieron enviando a sus hijos al colegio público más cercano. Sin embargo, en España, durante 8 años de gobierno del PP (4 con mayoría absoluta) no se les ocurrió nunca implantar el cheque escolar. Parece que eso quedaba solo para debates teóricos. Tampoco se cerraron empresas públicas tan deficitarias como las minas de Asturias. Solo se dedicaron a privatizar empresas públicas prósperas, después de poner a sus amigos al frente de dichas empresas. Y también se dedicaron a maniobrar para intentar destruir al grupo de comunicación Prisa al que, por lo visto, consideraban hostil. Todo muy "liberal".
Lo dicho: un poco de coherencia, por favor.
En una tertulia televisiva es posible ver como un periodista se queja de que tengamos un déficit de 500 euros de gasto sanitario por persona, en relación con Europa y que, minutos después, alabe la iniciativa del PP de bajar impuestos "para los mileuristas", sin considerar de qué cantidades estamos hablando. Y, sin embargo, las cantidades son muy parecidas: se precisarían 22.000 millones de euros más para igualar el gasto sanitario con Europa y, según Solbes se dejarían de ingresar unos 25.000 millones de euros con la nueva propuesta (en el caso de que los 16.000 euros sean el nuevo mínimo exento).
Claro que los dirigentes del PP niegan que se vaya a dejar de ingresar una cantidad tan grande. A modo de argumento, el Sr. Acebes dice que si los que ganan menos de 16.000 euros "estuviesen pagando esa cantidad de IRPF, sería manifiestamente injusto". Pero Solbes no dice que esa cantidad la paguen los mileuristas sino que, si se trata de subir el mínimo exento a 16.000 euros, entonces esto afectaría a todos los demás contribuyentes, salvo en el caso de que se suban sustancialmente las tarifas para los demás tramos de renta.
Por ejemplo (y simplificando), actualmente el mínimo exento es de 9.000 euros con lo que un contribuyente que gane 26.000 euros paga por 17.000 (diferencia al mínimo exento) en el primer tramo del 15% lo que da una cuota de 2.550 (sin considerar deducciones y otros factores). Con el mínimo de 16.000 este contribuyente pagaría el 1.500 euros (15% de la diferencia, 10.000) siempre que se mantenga la tarifa en el primer tramo. Y lo mismo ocurre con todos los demás contribuyentes que verían reducida su cuota, salvo que haya un aumento considerable de las tasas de los diferentes tramos, lo que podría conllevar algún perjuicio para los principales votantes del PP: las clases medias. Por lo tanto, no se puede hablar seriamente del tema mientras que el PP no aclare detalladamente su propuesta de nuevo IRPF. Y lo que resulta el colmo de la incoherencia, es que Acebes nos diga que "es mejor ese dinero en los bolsillos de los españoles que en los del Gobierno, ya que este lo malgastará en publicidad y propaganda"; y lo dice esgrimiendo una hojita impresa (al parecer, sobre "el polvo del AVE") que, por lo visto, ha costado "mucho dinero". Ni una palabra de los deficitarios servicios de educación, sanidad, atención a las familias que es lo que sí costaría realmente "mucho dinero". Hasta el 6% del PIB, si queremos equipararnos a la media europea en gasto público social.
Claro que los neoliberales aseguran que si bajan los impuestos, la economía crecerá más y el Estado recaudará más. Algo que no se ha demostrado con claridad en ningún sitio, excepto quizás en España, con el actual Gobierno, que ha logrado un fuerte superavit con impuestos ligeramente más bajos; pero esto no ha ocurrido debido a los bajos impuestos, sino por una mayor persecución del fraude y un fuerte aumento del empleo. En EE.UU hemos visto que las bajadas de impuestos han supuesto un déficit público colosal y solo nos queda el caso de Irlanda cuyo fortísimo crecimiento bien pudiera achacarse a los bajos impuestos. Sin embargo, en este caso, hay otro factor más importante: el crecimiento irlandés se ha basado en un decidido desarrollo tecnológico, y en una producción de alto valor añadido, y no en la construcción como es nuestro caso. Y, de todas maneras, Irlanda presenta un gasto social todavía más bajo que el de España.
Sensu contrario, vemos que, desde hace unos años, en los países nórdicos gobiernan partidos de centro-liberal que han desplazado a los gobiernos socialdemócratas.
Se podría pensar que estos partidos aplicarían las fórmulas liberales bajando sustancialmente los impuestos; pero no ha sido así, ya que esto significaría para la población la pérdida de muchos servicios públicos y, para dichos partidos, la probable pérdida de las próximas elecciones. Como nota curiosa, hay que decir que, en Suecia, el cheque escolar (tan reclamado por nuestros liberales) fue implantado por un gobierno socialdemócrata. Claro que su incidencia fue mínima, ya que la escuela pública sueca era de gran calidad y las familias siguieron enviando a sus hijos al colegio público más cercano. Sin embargo, en España, durante 8 años de gobierno del PP (4 con mayoría absoluta) no se les ocurrió nunca implantar el cheque escolar. Parece que eso quedaba solo para debates teóricos. Tampoco se cerraron empresas públicas tan deficitarias como las minas de Asturias. Solo se dedicaron a privatizar empresas públicas prósperas, después de poner a sus amigos al frente de dichas empresas. Y también se dedicaron a maniobrar para intentar destruir al grupo de comunicación Prisa al que, por lo visto, consideraban hostil. Todo muy "liberal".
Lo dicho: un poco de coherencia, por favor.
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