Resulta chocante que los dos grandes partidos, PSOE y PP, hayan optado por una misma estrategia de cara a las elecciones del 9 Marzo (9M) de 2008: la del acercamiento al centro. Y ello como consecuencia de que algunos sondeos digan que hay cerca de un 20% de electores que dudan entre estos dos partidos, lo que supone unos 5 millones de votos en liza.
En el caso del PP parece una opción acertada, ya que la fidelidad de sus votantes hace que más del 80% de estos votarían PP en todo caso, independientemente de las tendencias de su programa electoral. Pero no parece tan claro en el caso del PSOE. Hace algo más de un mes, en El País apareció un artículo de César Molinas titulado "El poder decisorio de la izquierda volátil" que minusvaloraba la capacidad electoral del centro, para el PSOE, y daba mucha importancia a la movilización y participación de lo que llamaba la izquierda volátil compuesta por unos 2 millones de electores que, en su mayoría, tiende a la abstención o a votar a IU. Estos electores votaron mayoritariamente al PSOE en 1996, se abstuvieron en 2000 y volvieron a votar PSOE en 2004, en una movilización masiva contra el PP. En consecuencia, el articulista condicionaba la victoria del PSOE a la participación, a su favor, de este electorado. Sin embargo, la estrategia del PSOE no parece responder a esa necesidad de movilización de la izquierda. Da la impresión de que se da por sentado que esa posibilidad no es realista, en las actuales circunstancias, y se ha optado por una aproximación al centro como sugieren los fichajes de Solbes y Bono, la aproximación a la Iglesia, o el anuncio de la eliminación del impuesto del Patrimonio, entre otros aspectos.
Otro artículo, aparecido en El País de 6-12-2007, firmado por Belén Barreiro sostiene una hipótesis diferente a la de Molinas: la de que quien gana las elecciones es, sistemáticamente, el más votado en el centro político (la posición 5 de la escala ideológica de 1 a 10). Además, Belén Barreiro considera que hay alrededor del 20% de los electores que no tienen ideología definida y tienden a votar al partido del Gobierno o a abstenerse.
Parece claro que los dos grandes partidos tienen como objetivo dirigirse a esa importante franja de la población, cercana al 40%, compuesta por electores de ideología de centro-liberal o bien sin ideología definida. Son votantes que piden moderación y prudencia a los dirigentes políticos y no gustan de una agria confrontación política. Si esto es así, preveo que vamos a asistir a verdaderos ejercicios de moderación en los debates de los dirigentes de los dos grandes partidos. Bastante aburrido, la verdad.
PS: Al poco tiempo de escribir todo lo anterior, se da la noticia de que un grupo de feministas del PSOE ha planteado a la Ejecutiva la oportunidad de sacar una Ley de plazos para el aborto. Sin duda, una ley de este tipo supondría la eliminación de gran parte de los problemas jurídicos de la actual y nos pondría a la altura de otros países europeos. Ahora bien, su inclusión en el programa electoral tendría un efecto de enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica y alejaría a algunos sectores católicos de centro, sin que tuviese un claro efecto movilizador para la izquierda volátil. Mayor efecto movilizador tendría el que las encuestas diesen como posible ganador al PP.
En el caso del PP parece una opción acertada, ya que la fidelidad de sus votantes hace que más del 80% de estos votarían PP en todo caso, independientemente de las tendencias de su programa electoral. Pero no parece tan claro en el caso del PSOE. Hace algo más de un mes, en El País apareció un artículo de César Molinas titulado "El poder decisorio de la izquierda volátil" que minusvaloraba la capacidad electoral del centro, para el PSOE, y daba mucha importancia a la movilización y participación de lo que llamaba la izquierda volátil compuesta por unos 2 millones de electores que, en su mayoría, tiende a la abstención o a votar a IU. Estos electores votaron mayoritariamente al PSOE en 1996, se abstuvieron en 2000 y volvieron a votar PSOE en 2004, en una movilización masiva contra el PP. En consecuencia, el articulista condicionaba la victoria del PSOE a la participación, a su favor, de este electorado. Sin embargo, la estrategia del PSOE no parece responder a esa necesidad de movilización de la izquierda. Da la impresión de que se da por sentado que esa posibilidad no es realista, en las actuales circunstancias, y se ha optado por una aproximación al centro como sugieren los fichajes de Solbes y Bono, la aproximación a la Iglesia, o el anuncio de la eliminación del impuesto del Patrimonio, entre otros aspectos.
Otro artículo, aparecido en El País de 6-12-2007, firmado por Belén Barreiro sostiene una hipótesis diferente a la de Molinas: la de que quien gana las elecciones es, sistemáticamente, el más votado en el centro político (la posición 5 de la escala ideológica de 1 a 10). Además, Belén Barreiro considera que hay alrededor del 20% de los electores que no tienen ideología definida y tienden a votar al partido del Gobierno o a abstenerse.
Parece claro que los dos grandes partidos tienen como objetivo dirigirse a esa importante franja de la población, cercana al 40%, compuesta por electores de ideología de centro-liberal o bien sin ideología definida. Son votantes que piden moderación y prudencia a los dirigentes políticos y no gustan de una agria confrontación política. Si esto es así, preveo que vamos a asistir a verdaderos ejercicios de moderación en los debates de los dirigentes de los dos grandes partidos. Bastante aburrido, la verdad.
PS: Al poco tiempo de escribir todo lo anterior, se da la noticia de que un grupo de feministas del PSOE ha planteado a la Ejecutiva la oportunidad de sacar una Ley de plazos para el aborto. Sin duda, una ley de este tipo supondría la eliminación de gran parte de los problemas jurídicos de la actual y nos pondría a la altura de otros países europeos. Ahora bien, su inclusión en el programa electoral tendría un efecto de enfrentamiento con la jerarquía eclesiástica y alejaría a algunos sectores católicos de centro, sin que tuviese un claro efecto movilizador para la izquierda volátil. Mayor efecto movilizador tendría el que las encuestas diesen como posible ganador al PP.
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