sábado, octubre 11, 2008

In Marx we trust

Lo que aún me quedaba por ver, en este extraño mundo en que vivimos, era la nacionalización de parte de la banca USA por el Gobierno Bush, un gobierno que se suponía ejemplo máximo del liberalismo neo-con, capaz de recortar impuestos a los más ricos al mismo tiempo que eliminaba ayudas sociales para los más pobres. Y, para que no queden dudas, tomo la noticia más reciente de esa nacionalización del más neo-con de los medios españoles: Libertad Digital.

Así las cosas, como sugiere la lectura de un artículo de Escolar en el diario Público, estaría más indicado sustituir el lema de los billetes y monedas de dollar, "In God we trust", por el más adecuado a la situación de "In Marx we trust". Sería lo más realista.

Desde luego, la crisis económica actual (cuyo final desconocemos) ha sido un duro golpe para los que, machaconamente, nos decían que el mercado libre lo arregla todo y que no era necesaria una regulación estricta de los mercados financieros. Desde ahora, ya nadie se atreverá a afirmar semejante falacia. Y es que, en los últimos tiempos, la llamada "ingeniería financiera" inventaba nuevos productos, ininteligibles para la mayoría, que se vendían con la pretensión de lograr rentabilidades cada vez más altas que, en realidad, escondían altísimos beneficios para quienes los lanzaban imprudentemente al mercado. Esto, combinado con la proliferación de hipotecas subprime (de alto riesgo), ha producido una burbuja financiera, de proporciones incalculables, que ha terminado por convertirse en un verdadero tsunami que ha arrasado a incontables empresas inmobiliarias junto con algunas muy importantes entidades financieras de EE.UU y Europa, y ha supuesto espectaculares caídas de las Bolsas de todo el mundo. Caídas casi tan fuertes como las del crack de 1929. Y todavía no sabemos cómo y cuando terminará el tsunami.

Aunque todavía es pronto para saber cómo terminará toda esta movida, lo que está ocurriendo nos conduce a unas cuantas reflexiones:

La primera es que ha quedado meridianamente claro que el poder real del mundo capitalista reside en la Banca y el sistema financiero en general. Ha bastado una leve indicación de que el sistema capitalista corre el riesgo de desplomarse, para que los principales Estados de Europa y América se apresuren a disponer ingentes cantidades de dinero para apoyar a los Bancos. Si comparamos la cicatería de esos mismos Estados cuando se trata de ayudar a los marginados de la sociedad, con la magnanimidad y rapidez con que se han dispuesto centenares de miles de millones de dólares o de euros para el sistema financiero, no podemos por menos de sorprendernos. En España, el presupuesto del Estado para la aplicación de la ley de Dependencia en 2008 no llega a los 1.000 millones de euros, pero los avales que el Estado concede a la Banca (en una decisión relámpago) ascienden a 100.000 millones de euros. Si miramos a los EE.UU. la cosa es todavía más tremenda. Hace poco Bush vetaba una decisión del Congreso (¿o era el Senado?) que asignaba unos fondos (muy limitados) para programas de cobertura médica para 9 millones de niños pobres (ya que la pobreza aumenta considerablemente en el país) cuando ha dispuesto, sin despeinarse, una cantidad de 700.000 millones de dólares para comprar activos a la Banca americana, y sin hacerle ascos a los activos basura. Después de lo visto, no hay la menor duda de quien tiene el poder.

La segunda reflexión es que el principal problema del mundo actual, que es el cambio climático y la no sostenibilidad del consumo de recursos naturales del planeta, han quedado en un segundo o tercer plano de la actualidad mediática, debido a que la crisis ha acaparado el primer plano. Afortunadamente, la disminución del consumo, provocado por la misma crisis, tiene un efecto positivo para el medio ambiente. Ahora bien, esta reducción de consumo tiene, también, consecuencias negativas en el empleo, consecuencias que podrían reducirse si los Estados tomasen medidas, para el reparto del empleo, con la misma determinación y presteza con que las tomaron para poner ingentes cantidades de dinero a disposición de la Banca.

Finalmente, cabría reflexionar sobre cuales serían los cambios en el modelo económico y de crecimiento actual, por los efectos y las enseñanzas que está suponiendo, para todos, esta crisis. Podemos pensar que los cambios serán muy positivos (nueva regulación de los mercados financieros, más transparencia, etc.) pero también hay autores que alertan ya sobre la posibilidad de una nueva concentración del poder económico y financiero. Incluso alguno, como F. William Engdhal, en el artículo "Guerra financiera y el futuro del poder de la Banca global", considera que parte de esta crisis responde a una estrategia de concentración de poder, que viene gestándose ya desde hace años y en la que el actual Secretario del Tesoro de los EE.UU, Henry Paulson, tiene, al parecer, un papel esencial. ¿Estamos ante una Teoría de la conspiración más, o ante algo con visos de realidad?

De cualquier manera, después de esta crisis, el mundo de la economía y las finanzas ya nunca será igual. Atentos a los cambios.


PS (15/10/08): El económista americano Paul Krugman acaba de ser galardonado con el premio Nobel de Economía. Krugman es un crítico feroz de la política económica neo-con y, entre otras obras, ha escrito "EL GRAN ENGAÑO: INEFICACIA Y DESHONESTIDAD. LOS ESTADOS UNIDOS ANTE EL SIGLO XXI", así como "DESPUÉS DE BUSH: EL FIN DE LOS ´NEOCONS´ Y LA HORA DE LOS DEMÓCRATAS". Krugman es uno de los pocos economistas que previeron que se daría una crisis como la actual.


2 comentarios:

Bajo el Sur dijo...

Muy buen post Ramón, buena reflexión a la q poco tengo q añadir.
A saber cómo termina todo esto.... como tu dices .... lo que sí está claro es que nada será igual.
Salud!

Jesús Ortega dijo...

Estoy completamente de acuerdo con el contenido de tu "post". Simplemente me gustaría hacer una aclaración: el Congreso de los EEUU (esto es, lo que ellos llaman "US Congress") incluye a ambas cámaras, la Cámara de Representantes ("House of Representatives") y el Senado ("Senate"). La terminología resulta un poco confusa para quienes estamos acostumbrados a contraponer el Congreso al Senado.