domingo, noviembre 23, 2008

Keynesianismo neo-con

Al observar las medidas contra la crisis financiera que nos invade, muchas personas se han mostrado asombradas por la facilidad con que gobiernos conservadores, que siempre habían clamado contra la intervención del Estado en la economía y contra los impuestos y el gasto público, disponían de enormes cantidades de dinero público para salvar a la Banca y otras entidades financieras capitalistas de la quema. ¿No se había quedado en que el mercado libre lo solucionaba todo?

Sin embargo, la cosa no debería ser tan sorprendente. En los EE.UU. han sido precisamente los Gobiernos más conservadores (Reagan y los Bush) los que han propiciado gastos públicos elevados que, junto al recorte de impuestos a los ricos, han supuesto un considerable déficit para el Tesoro Público y ha sido, precisamente, el gobierno demócrata de Clinton el que ha conseguido llevar la deuda pública a cifras más razonables. Por esa razón no es un contrasentido hablar de keynesianismo (o sea, la reactivación de la economía mediante un gasto público elevado) en gobiernos neo-con. Ya en mi artículo, de 2 de Abril de 2006, "Keynesianismo en USA" trataba este tema aunque, en aquel entonces, yo pensaba que solo estaba lanzando una "boutade" y no un análisis serio.

Ahora bien, acabo de leer un extraordinario artículo de Vicenç Navarro, que abunda en esta misma idea, y que se titula "El error de las izquierdas". En este artículo se pueden leer frases como las siguientes:

El gobierno Reagan fue enormemente intervencionista. El gasto público federal aumentó y la carga fiscal de la mayoría de la población aumentó como ningún otro Presidente había hecho antes en tiempos de paz en EE.UU. Y sus políticas públicas fueron profundamente keynesianas, en absoluto liberales. Ejemplos hay miles. Uno de ellos es que cuando la economía estadounidense cayó en recesión al principio de su mandato (en 1982 el PIB de EE.UU. se contrajo un 1,9%, la mayor caída desde la II Guerra Mundial) y el desempleo aumentó a un 9,2% (la cifra mas alta desde los años treinta), la administración Reagan (definido por el ideólogo ultraliberal Xavier Sala i Martí como “el gran liberal”) respondió de la manera que los libros de texto definen como keynesianismo.

Por tanto, no nos debe sorprender lo que ocurre en estos momentos. Lo que diferencia una política conservadora de otra de carácter socialdemócrata, no es la cuantía del gasto público sino a favor de quienes está dirigido ese gasto. Los datos demuestran que el gasto público de los gobiernos conservadores de EE.UU favorecen fuertemente a la población de rentas más altas, es decir a las clases dominantes. Este gasto público tiene un componente importante de gasto militar, que está destinado a consolidar el poderío de los EE.UU en el mundo, lo que favorece a sus grandes empresas transnacionales, mientras que el gasto público en servicios sociales (educación, sanidad, atención a las familias...) tiende a reducirse dejando un mayor campo de actuación a la iniciativa privada. El resultado es que las rentas del capital se han incrementado sustancialmente en los últimos años y las del trabajo han disminuido. En otro artículo de V. Navarro se da el dato de que, hace unos 40 años, el 20% de la población con rentas más altas se llevaba el 43% del total de la renta del país y, actualmente, el 52%. Al mismo tiempo, el 20% de menor renta ha pasado de ganar el 5% del total al 3,4%. En suma, las desigualdades de renta entre la población americana se han agudizado durante los años de gobiernos conservadores, después de casi 50 años de relativa mayor equidad, como se aprecia también en un gráfico de remuneración de ejecutivos que presenté en un artículo anterior de este Blog (28/10/2008).

El error de las izquierdas es intentar ser más liberales que los neo-con, tratando de reducir la intervención del Estado y el gasto público, sin advertir el contenido de clase que pueden tener las políticas de gasto público. No es tan importante la cuantía de este gasto como su estructura. Las izquierdas con potencial de gobierno (el PSOE en nuestro caso) deberían plantear un gasto público social suficiente para tener unos servicios de educación, sanidad, y atención a las familias y políticas activas de empleo, de la mayor calidad y eficacia. Por el contrario, las políticas sociales del gobierno del PSOE, mantienen a nuestro país en la cola de Europa en esos aspectos. V. Navarro lo dice con gran claridad:
La izquierda debiera promover el keynesianismo social que facilitara las rentas del trabajo, cuya disminución es la causa del desplome de la demanda, causa mayor de la recesión actual.

Ello quiere decir que hay que aumentar el gasto público (incluyendo el gasto público social que refuerza al mundo del trabajo) de una manera mucho más acentuada de lo que está proponiendo el Ministro de Economía del Gobierno socialista español, el Sr. Solbes. El objetivo de este aumento de gasto público es crear empleo a base de aumentar el gasto en los servicios públicos que en España están muy poco desarrollados. Sólo un 9% de la población adulta trabaja en sanidad, educación, servicios sociales, escuelas de infancia y servicios de dependencia, comparado con un 15% en la UE-15 y un 25% en Suecia, uno de los países que tienen mayor protección social y mayor eficiencia económica.

En aspectos como la calidad de la enseñanza, primaria y secundaria, el problema es todavía más grave: el porcentaje de jóvenes que abandona sus estudios, antes o al finalizar los estudios secundarios, está aumentando hasta más del 30%, mientras que en la UE15 se aprecia una disminución del abandono hacia un 15% (en Finlandia y Suecia menos del 10%). Todos los expertos consideran que este fracaso escolar es un serio obstáculo para una mayor productividad de la economía. En estas condiciones, no es raro que nuestro país presente los peores índices de desempleo de toda Europa.

Cuando todo esto ocurre, no podemos seguir pretendiendo que España es un país puntero y que somos la octava potencia económica, y sin dar señales de alarma. Es ya hora de que las clases trabajadoras salgan de su letargo y presionen a Gobierno y Sindicatos, de forma que el PSOE deje de ser el partido de centro-derecha que es y se convierta, realmente, en uno de centro-izquierda mediante una política, no de boquilla, sino auténticamente socialdemócrata.

No hay comentarios: