En los últimos tiempos, tenía la intención de desinteresarme de los avatares de la política de nuestro país, ya que me causan, cada vez, un mayor malestar y desazón internos. Esto me dejaría más espacio mental para dedicarme a leer antíguos textos taoistas y budistas que me aquietan el espíritu y me proporcionan paz y equilibrio mental. Sin embargo, parecería que Jose Luis Rodriguez Zapatero (ZP) estuviera empeñado en romper esa paz espiritual generando operaciones arriesgadas que vuelven a introducir un punto de suspense en la actividad política y, consecuentemente, a producirme un renovado interés por esa actividad.
Primero fue la decisión de pactar, con el PP de Euskadi, el nombramiento de un lehendakeri socialista: Patxi López. Se puede argumentar que el pacto lo hizo el PSE y no el PSOE pero, a todas luces, es claro que si ZP se hubiese opuesto a la operación esta no se hubiese culminado. Y, sin duda, ZP corre un riesgo evidente. En primer lugar, porque la operación podría fracasar ya que se hace en contra de la gran mayoría del pueblo vasco que, según las encuestas, preferiría un pacto entre PNV (partido más votado) y el PSE. En segundo lugar (y más importante) porque tal pacto garantizaría el apoyo del PNV a los Presupuestos del Estado y a la estabilidad del Gobierno de España. La situación actual, en cambio, supone la segura hostilidad del PNV y, por tanto, una peligrosa inestabilidad para este Gobierno. Esto, combinado con el avance del PP en las encuestas electorales, que dan a este partido ganador en las elecciones europeas, hacen pensar que otras formaciones políticas podrían escorarse hacia el lado del PP, para lograr futuras ventajas. Así pues, el pacto en Euskadi con el PP se parece al abrazo del oso que puede terminar con el objeto de ese abrazo.
En estas circunstancias, y con la crisis de fondo en el panorama político, ZP ha tomado una decisión drástica (que no puedo sino aplaudir) que es la de tomar el toro por los cuernos (¿no era eso lo que pedía la oposición?) haciendo una fuerte remodelación del Gobierno, constituido ahora por una mayoría de fieles, que le hacen aparecer ante la opinión pública como el auténtico y único responsable de la situación política y económica. Singularmente, el cambio fundamental ha sido la sustitución del conservador Solbes por una tecnócrata que, hasta ahora, ha dado muestras de ser una excelente gestora si bien no especialmente política. Es esperable que este cambio traiga un impulso a políticas de gasto público del estilo "keynesiano" como son las puestas en marcha por Obama en los EE.UU. Es lo que proponen algunos asesores notables, como los premios Nobel Krugman y Stiglitz, y el profesor Vicenç Navarro (al que hago frecuente referencia en este Blog). Por el contrario, Solbes ha demostrado una especial alergia al gasto público, singularmente al gasto social en el que estamos a la cola de Europa, junto a Grecia y Portugal.
Sin embargo, España tiene un considerable margen para hacer políticas drásticas de gasto público, ya que la deuda pública actual no llega al 50% del PIB mientras que otros importantes países europeos presentan una deuda pública superior al 70% PIB (Italia alrededor del 100% PIB). Solo los países nórdicos podrían tener una deuda pública inferior a la española. Así las cosas, no se comprende que, en una crisis de demanda como la actual, la derecha española (incluido Solbes) se empeñen en políticas de austeridad del gasto público o, lo que es lo mismo, en negar las políticas keynesianas que casi todos los países, singularmente EE.UU., están impulsando como salida a la crisis. En el caso de España, con más razón dado el brutal incremento del desempleo. Sospecho que ZP está tratando que esas políticas se apliquen en España con un impulso a la inversión en infraestructuras y a una aplicación más intensa de la Ley de Dependencia. Esa parece ser la intención al nombrar a Blanco para Fomento y a Trinidad Jimenez para Sanidad-Dependencia. Se trata de dos personas de perfil claramente político y fieles a Zapatero.
En el caso del nombramiento de Elena Salgado como Vicepresidenta segunda con Economía, también parece claro que ZP intenta asegurar su complicidad en las decisiones de gasto público, al mismo tiempo que una gestión eficaz de dicho gasto, dadas las conocidas características de gestora minuciosa y trabajadora que la ministra Salgado ha demostrado poseer.
No obstante, la situación económica del país es tan crítica que no se puede descartar la posibilidad, y hasta la probabilidad, de un fracaso en alguna de estas operaciones (la de Euskadi o la del Gobierno de España) o de las dos. Y un fracaso muy llamativo (como sería el que la tasa de paro sobrepasase el 20% de la población activa en 2010) podría significar la dimisión de Zapatero y el adelanto de las elecciones generales con la probable victoria del PP.
Nunca antes había deseado, como ahora, el rotundo éxito de las políticas emprendidas por un gobierno de España. Tomar riesgos merece premio.
Primero fue la decisión de pactar, con el PP de Euskadi, el nombramiento de un lehendakeri socialista: Patxi López. Se puede argumentar que el pacto lo hizo el PSE y no el PSOE pero, a todas luces, es claro que si ZP se hubiese opuesto a la operación esta no se hubiese culminado. Y, sin duda, ZP corre un riesgo evidente. En primer lugar, porque la operación podría fracasar ya que se hace en contra de la gran mayoría del pueblo vasco que, según las encuestas, preferiría un pacto entre PNV (partido más votado) y el PSE. En segundo lugar (y más importante) porque tal pacto garantizaría el apoyo del PNV a los Presupuestos del Estado y a la estabilidad del Gobierno de España. La situación actual, en cambio, supone la segura hostilidad del PNV y, por tanto, una peligrosa inestabilidad para este Gobierno. Esto, combinado con el avance del PP en las encuestas electorales, que dan a este partido ganador en las elecciones europeas, hacen pensar que otras formaciones políticas podrían escorarse hacia el lado del PP, para lograr futuras ventajas. Así pues, el pacto en Euskadi con el PP se parece al abrazo del oso que puede terminar con el objeto de ese abrazo.
En estas circunstancias, y con la crisis de fondo en el panorama político, ZP ha tomado una decisión drástica (que no puedo sino aplaudir) que es la de tomar el toro por los cuernos (¿no era eso lo que pedía la oposición?) haciendo una fuerte remodelación del Gobierno, constituido ahora por una mayoría de fieles, que le hacen aparecer ante la opinión pública como el auténtico y único responsable de la situación política y económica. Singularmente, el cambio fundamental ha sido la sustitución del conservador Solbes por una tecnócrata que, hasta ahora, ha dado muestras de ser una excelente gestora si bien no especialmente política. Es esperable que este cambio traiga un impulso a políticas de gasto público del estilo "keynesiano" como son las puestas en marcha por Obama en los EE.UU. Es lo que proponen algunos asesores notables, como los premios Nobel Krugman y Stiglitz, y el profesor Vicenç Navarro (al que hago frecuente referencia en este Blog). Por el contrario, Solbes ha demostrado una especial alergia al gasto público, singularmente al gasto social en el que estamos a la cola de Europa, junto a Grecia y Portugal.
Sin embargo, España tiene un considerable margen para hacer políticas drásticas de gasto público, ya que la deuda pública actual no llega al 50% del PIB mientras que otros importantes países europeos presentan una deuda pública superior al 70% PIB (Italia alrededor del 100% PIB). Solo los países nórdicos podrían tener una deuda pública inferior a la española. Así las cosas, no se comprende que, en una crisis de demanda como la actual, la derecha española (incluido Solbes) se empeñen en políticas de austeridad del gasto público o, lo que es lo mismo, en negar las políticas keynesianas que casi todos los países, singularmente EE.UU., están impulsando como salida a la crisis. En el caso de España, con más razón dado el brutal incremento del desempleo. Sospecho que ZP está tratando que esas políticas se apliquen en España con un impulso a la inversión en infraestructuras y a una aplicación más intensa de la Ley de Dependencia. Esa parece ser la intención al nombrar a Blanco para Fomento y a Trinidad Jimenez para Sanidad-Dependencia. Se trata de dos personas de perfil claramente político y fieles a Zapatero.
En el caso del nombramiento de Elena Salgado como Vicepresidenta segunda con Economía, también parece claro que ZP intenta asegurar su complicidad en las decisiones de gasto público, al mismo tiempo que una gestión eficaz de dicho gasto, dadas las conocidas características de gestora minuciosa y trabajadora que la ministra Salgado ha demostrado poseer.
No obstante, la situación económica del país es tan crítica que no se puede descartar la posibilidad, y hasta la probabilidad, de un fracaso en alguna de estas operaciones (la de Euskadi o la del Gobierno de España) o de las dos. Y un fracaso muy llamativo (como sería el que la tasa de paro sobrepasase el 20% de la población activa en 2010) podría significar la dimisión de Zapatero y el adelanto de las elecciones generales con la probable victoria del PP.
Nunca antes había deseado, como ahora, el rotundo éxito de las políticas emprendidas por un gobierno de España. Tomar riesgos merece premio.
1 comentario:
Muy buen post Ramón, lo voy a menear con tu permiso.
Gracias.
Besos.
Publicar un comentario