Hace poco, oí un debate en TV, sobre el caso del accidente del Yak 42 (que causó la muerte de 62 militares), en el que algún tertuliano/a afirmó que el ex-ministro Trillo ya había saldado sus posibles responsabilidades políticas al resultar elegido, por Alicante, en las elecciones generales de 2004. Tal afirmación hizo que me diera cuenta de que mucha gente no es consciente (o no quiere serlo) de que, en nuestro sistema político, no es realmente el elector quien elige a cada diputado sino que esta decisión recae, en mayor medida, sobre los dirigentes de los partidos políticos que tienen la misión de elaborar las listas. El pueblo llano solo puede elegir entre un partido u otro. Por eso, cuando en una circunscripción electoral (Alicante) un partido (PP) tiene casi seguros 6 escaños, es prácticamente imposible que quien va en la lista como número 1 (Trillo) no salga elegido, aún cuando tuviese el rechazo (cosa que dudo) de una parte de los votantes de su partido. Esto solo sería posible si las listas fuesen abiertas y los electores pudieran tachar nombres o, por lo menos, decidir el número de orden que quisiera asignar para cada candidato de la lista. Entonces, y solo entonces, se podría afirmar que un candidato elegido ha saldado sus responsabilidades políticas. Con el sistema actual, muy poco democrático, esto no es posible afirmarlo.
Hace ya casi 2 años, escribí un artículo sobre "Las deficiencias del sistema electoral", en España. Trataba este tema de las listas cerradas y también las de la falta de proporcionalidad para los pequeños partidos que se presentan en todo el Estado. Ponía como ejemplo el que, a IU, le costaba un escaño 257.000 votos, mientras que al PSOE o PP les costaba unos 66.000 votos. En las elecciones de 2008 la cosa ha sido más grave: con casi 1 millón de votos IU ha obtenido 2 escaños, lo que supone un coste de casi 500.000 votos por escaño. Y, en estos últimas comicios, hay un nuevo partido damnificado: UPyD que obtuvo un escaño con 300.000 votos.
Estas dos deficiencias, las listas cerradas y la falta de proporcionalidad, hacen que nuestro sistema político se pueda considerar democráticamente defectuoso. Es cierto que hay países (como el Reino Unido) donde la proporcionalidad resulta todavía menor, pero es que el ciudadano no elige partidos sino directamente a los candidatos. Otros (Finlandia) tienen sistemas que combinan inteligentemente los dos aspectos: cierta proporcionalidad en la elección de partidos y elección directa de candidatos.
Y si bien es posible que, algún día (cuando IU sea determinante para la gobernabilidad), se modifique la ley electoral para mejorar la proporcionalidad, por la introducción de un sistema de restos en la elección de una parte de los diputados, me parece impensable que las cúpulas de los partidos renuncien al enorme poder que les da la confección de listas cerradas. Y, sin embargo, la posibilidad de que el elector pueda decidir sobre los nombres de los candidatos es lo que haría que estos fuesen verdaderamente responsables ante sus electores y no ante la cúpula de su partido. Y esta es la esencia de la democracia: responder ante el elector. Es lo que haría que los parlamentarios tuvieran criterio propio y cierta independencia ante su propio partido.
No es raro oir o leer a dirigentes políticos hablar de regeneración democrática, pero sí es muy raro que esa "regeneración democrática" haga referencia a la reforma del sistema electoral, sobre todo en lo que se refiere a las listas abiertas. Para las elecciones de 2004, el diario El Mundo publicó la recopilación de "100 propuestas para la regeneración democrática de España"; en el punto 2 de la Organización del Estado se trata la reforma electoral, pero solo en lo que se refiere a la corrección de la proporcionalidad por el sistema de restos. No se dice nada sobre el tema de las listas abiertas que es más importante. Y es que parece haber una "ley del silencio" sobre este asunto, ya que a los grandes partidos no les interesa, en absoluto, tocarlo.
Pero creo que, en nuestro país, no habrá verdadera "regeneración democrática" si no se reforma la ley electoral, tanto en lo que se refiere a la proporcionalidad como, y especialmente, en la adopción de un sistema de listas abiertas en el que el elector tenga poder de decisión sobre cada candidato individual.
Hace ya casi 2 años, escribí un artículo sobre "Las deficiencias del sistema electoral", en España. Trataba este tema de las listas cerradas y también las de la falta de proporcionalidad para los pequeños partidos que se presentan en todo el Estado. Ponía como ejemplo el que, a IU, le costaba un escaño 257.000 votos, mientras que al PSOE o PP les costaba unos 66.000 votos. En las elecciones de 2008 la cosa ha sido más grave: con casi 1 millón de votos IU ha obtenido 2 escaños, lo que supone un coste de casi 500.000 votos por escaño. Y, en estos últimas comicios, hay un nuevo partido damnificado: UPyD que obtuvo un escaño con 300.000 votos.
Estas dos deficiencias, las listas cerradas y la falta de proporcionalidad, hacen que nuestro sistema político se pueda considerar democráticamente defectuoso. Es cierto que hay países (como el Reino Unido) donde la proporcionalidad resulta todavía menor, pero es que el ciudadano no elige partidos sino directamente a los candidatos. Otros (Finlandia) tienen sistemas que combinan inteligentemente los dos aspectos: cierta proporcionalidad en la elección de partidos y elección directa de candidatos.
Y si bien es posible que, algún día (cuando IU sea determinante para la gobernabilidad), se modifique la ley electoral para mejorar la proporcionalidad, por la introducción de un sistema de restos en la elección de una parte de los diputados, me parece impensable que las cúpulas de los partidos renuncien al enorme poder que les da la confección de listas cerradas. Y, sin embargo, la posibilidad de que el elector pueda decidir sobre los nombres de los candidatos es lo que haría que estos fuesen verdaderamente responsables ante sus electores y no ante la cúpula de su partido. Y esta es la esencia de la democracia: responder ante el elector. Es lo que haría que los parlamentarios tuvieran criterio propio y cierta independencia ante su propio partido.
No es raro oir o leer a dirigentes políticos hablar de regeneración democrática, pero sí es muy raro que esa "regeneración democrática" haga referencia a la reforma del sistema electoral, sobre todo en lo que se refiere a las listas abiertas. Para las elecciones de 2004, el diario El Mundo publicó la recopilación de "100 propuestas para la regeneración democrática de España"; en el punto 2 de la Organización del Estado se trata la reforma electoral, pero solo en lo que se refiere a la corrección de la proporcionalidad por el sistema de restos. No se dice nada sobre el tema de las listas abiertas que es más importante. Y es que parece haber una "ley del silencio" sobre este asunto, ya que a los grandes partidos no les interesa, en absoluto, tocarlo.
Pero creo que, en nuestro país, no habrá verdadera "regeneración democrática" si no se reforma la ley electoral, tanto en lo que se refiere a la proporcionalidad como, y especialmente, en la adopción de un sistema de listas abiertas en el que el elector tenga poder de decisión sobre cada candidato individual.
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