lunes, mayo 25, 2009

Sostenibilidad y crisis

Para la sostenibilidad del planeta Tierra, la buena noticia es que la crisis está suponiendo un parón, incluso una ligera bajada, en las emisiones de gases invernadero a la atmósfera y una reducción en el consumo desaforado de recursos que amenazan con agotar las disponibilidades sostenibles de nuestra casa común: la Tierra. La mala noticia es que todos los gobiernos de países desarrollados se han apresurado a dedicar fondos a reactivar la demanda sin prestar mucha atención a la sostenibilidad de esa demanda. De hecho, la sostenibilidad casi ha desaparecido de los medios informativos más difundidos en favor del problema del empleo.

Por ejemplo, en España, donde el automóvil es uno de los principales causantes de las emisiones de CO2 y de la contaminación en las ciudades, el Gobierno se ha apresurado a conceder subvenciones a la compra de coches, al parecer sin gran discriminación en relación con la capacidad contaminadora de esos coches. Se comprende que la industria del automóvil es uno de los grandes focos de generación de empleo y que, con 4 millones de desempleados, el evitar nuevas pérdidas de empleos se haya convertido en la primera prioridad. Pero no hay duda de que esas medidas van a contribuir a retrasar aún más el cumplimiento de los acuerdos de Kyoto, por parte de España.

En España, parece que casi las únicas medidas que se barajan para evitar el desempleo son las de reactivar la demanda y nunca otras, más creativas, como sería la de fomentar la solidaridad entre trabajadores y empresarios para repartir más el empleo existente. Es decir, mantener el empleo realizando menos horas y congelando o reduciendo salarios. Son fórmulas que se han dado en países más cooperadores como los nórdicos o Japón. En España, cualquier político que osara plantear algo por el estilo sería inmediatamente crucificado por la oposición. Es el estilo hispano que también podemos observar en América Latina y que se deriva de esa necesidad de pertenencia a un grupo que parece consustancial con la cultura hispana. Es el conmigo o contra mí, el no dar ni agua al que piensa diferente. Algo de eso escribí en un artículo, de Julio 2006, que titulaba: "La imparable necesidad de pertenencia".

En la escala de Maslow, los hispanos se concentran masivamente en ese nivel de pertenencia a un grupo (partido político, equipo deportivo, cofradía, país o región, etc.) En cambio en la cultura anglosajona, y más en la nórdica, hay una mayor tendencia a situarse en los niveles de "reconocimiento y estima" y, en mucha menor medida, en el de la "autorealización", que también aparece entre personalidades del mundo hispano.

Una tarea pendiente, principalmente en el mundo hispano, es la de saber escuchar y tratar de entender al diferente. La tarea de reconocer y valorar la diversidad en todas sus manifestaciones. Comprender que los contrarios forman parte de lo mismo: el ying y el yang, las dos caras de la misma moneda.

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