sábado, abril 17, 2010

Un mundo imprevisible e insensato

La reciente erupción volcánica de Islandia, que ha paralizado el tráfico aéreo de Europa y otras regiones, nos hace conscientes de que vivimos en un planeta imprevisible sujeto a cambios muy profundos que la madre Naturaleza (la Pacha Mama) nos propina sin previo aviso, además de las insensatas alteraciones que ya la propia humanidad se encarga de producir.

A lo largo de millones de años, la naturaleza ha transformado nuestro planeta de manera radical. Hoy, se calcula que la edad del Planeta Tierra es de cerca de 4.600 millones de años, pero los continentes, tal y como los conocemos, datan de poco más de una decena de millones de años. En el Jurásico (hace menos de 200 millones de años), casi todos los continentes estaban unidos y solo hace una decena de millones de años esos continentes tenían un aspecto parecido a los actuales. Y, muy lentamente, estos continentes continúan moviéndose.

Pero si estos movimientos continentales son imperceptibles, no lo son otras perturbaciones geológicas, marinas y atmosféricas como los terremotos, los volcanes, los tsunamis, los huracanes y los tifones que se producen continuamente y que generan perturbaciones graves en las sociedades humanas. Si una erupción volcánica, calificada como vulgar o modesta, como la del Eyjafjalla de Islandia, genera tal cantidad de problemas ¿que ocurrirá cuando la naturaleza nos propine un golpe realmente duro? Ya ha habido algunos, como el tsunami de Indonesia, el huracán Katrina o el terremoto de Haití. Habrá cada vez más y no solo por efectos puramente naturales. No es descartable que el calentamiento global alimente algunas de estas perturbaciones catastróficas. Ya en 2009 algunas instituciones, como la Fundación Vida Sostenible, ya advertían sobre el impacto geológico del cambio climático. El profesor vulcanólogo, Bill Mc Guire, decía: "El cambio climático no sólo afecta a la atmósfera y los océanos sino también a la corteza terrestre. Toda la Tierra es un sistema interactivo". Y, también, que: "Cuando se pierde el hielo, la corteza terrestre rebota de nuevo y eso detona terremotos, que desatan deslizamientos de tierra submarina, que causan tsunamis". Y esa pérdida de hielo está aumentando con el calentamiento global, particularmente en el llamado "permafrost" que, al deshelarse, podría liberar gran cantidad de gases de efecto invernadero lo que aceleraría el calentamiento global.

Nuestro insensato desarrollo ha perdido la conexión con la madre Tierra, la Naturaleza, y nos conduce a una sociedad insostenible, basada en el consumo desaforado y en la dependencia de las máquinas. En el caso que nos ocupa, la dependencia del transporte aéreo. Por cierto, un tipo de transporte especialmente contaminante y generador de CO2.
Una muestra de la insesatez de nuestro tipo de desarrollo es el hecho de que la "huella ecológica" del ciudadano medio europeo o norteamericano equivale a unas 6 hectáreas de terreno cuando, en el planeta, disponemos de poco más de 2 hectáreas per cápita. Es decir que necesitaríamos 3 planetas como la Tierra para que todo el mundo pudiera vivir al estilo del mundo desarrollado. Es cierto que la mayor parte de la población mundial vive en un mundo subdesarrollado, pero también lo es que es el estilo de vida occidental el que se considera como modelo y el que se exporta a todo el planeta. Un planeta cuya población ha crecido de forma exponencial desde mediados del siglo XIX, cuando era de 1.000 millones, hasta llegar a cerca de 7.000 millones hoy. Esto es absolutamente insostenible. En los países desarrollados ya hay una tendencia a una baja natalidad pero también a una mayor longevidad, lo que implica un envejecimiento de la población. En China, además, hay un control estricto de la población. Una estudiante china me decía que ella podría tener dos hijos por tener educación superior pero que a un ciudadano medio se le exigía, bajo penas de multas, tener un hijo como máximo. Menos mal, si ahora hay ya más de 1.300 millones de chinos, no quiero ni pensar qué pasaría si no se controlase la natalidad, en China.

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