Como consecuencia de la convocatoria de la huelga general del pasado 29 Septiembre, la derecha política y mediática española se lanzó a una desmesurada campaña de descalificación y demonización de los Sindicatos de trabajadores. Lo que no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta que la huelga iba dirigida contra las reformas y ajustes emprendidos por un Gobierno que la derecha detesta. Y es que lo que realmente la derecha neo-liberal teme y combate es la movilización de las clases trabajadoras y, por ende, a su capacidad organizativa concretada en los Sindicatos de clase.
El neo-liberalismo conservador intenta presentar a las organizaciones sindicales como un residuo del pasado. Algo retardatario para el avance de la sociedad moderna. Hagamos algunas reflexiones sobre estas ideas.
Tomemos, para empezar, el caso de nuestro país. Acaba de fallecer un representante mítico del sindicalismo de clase español: Marcelino Camacho. Todo el mundo, incluida la derecha más cerril, reconoce su enorme labor en la construcción de la Democracia en la lucha antifranquista y, después, en la Transición, al frente del principal sindicato de clase: Comisiones Obreras que tuvo sus inicios, en la clandestinidad, en los años 50 al formarse comisiones de trabajadores para gestionar acciones de presión como plantes o huelgas. Una de las primeras Comisiones Obreras que tomaron tal nombre fue la de la mina La Camocha, en 1957, con ocasión de una huelga. El año 1962 fue el gran salto de la lucha de la clase obrera en España, con un buen número de huelgas entre las que destacan la gran huelga minera de Asturias que empezó en el pozo La Nicolasa, a primeros de Abril, y que duró cerca de 3 meses ininterrumpidos. Fue una huelga muy diferente de las que se hacen ahora. Se pararon las minas de carbón durante meses y los mineros resistieron, sin paga alguna, soportando detenciones y palizas por parte de la Guardia Civil. Al final, se consiguieron acuerdos de incrementos salariales que llegaron hasta duplicar salarios, en algunos casos. Y todo sin que se diese noticia alguna en la prensa española. Solo cuando terminó la huelga aparecieron algunos titulares que decían: Se ha resuelto el conflicto de la minería asturiana. Algo incomprensible para el lector no avisado.
A partir de entonces, la estrategia de CC.OO. (por iniciativa del PCE) fue la de acudir a las elecciones sindicales en las empresas y colocar auténticos representantes de los trabajadores en el Sindicato Vertical, a pesar del estricto control al que estaban sometidos por el régimen fascista. En el tardo-franquismo, las organizaciones ilegales (CCOO, UGT, USO, CNT...) fueron ganando fuerza representativa, dentro del Sindicato Vertical, de tal manera que las grandes empresas preferían negociar directamente con CCOO y UGT que dentro de la legalidad franquista. Así las cosas, al inicio de la transición a la democracia, la utilización de los recursos del Sindicato Vertical (salas de reuniones, etc.) por los representantes reales de los trabajadores llegó a ser casi normal, si bien con el continuo acoso de los elementos fascistas del Sindicato Vertical. La matanza de los abogados laboralistas de CC.OO (todos ellos del PCE), en su despacho de Atocha, supuso un punto de inflexión que llevó al Presidente Suárez a la legalización del PCE y de los sindicatos representativos, en Marzo y Abril de 1977. A partir de entonces, la transición a la democracia fue imparable y, en Junio de ese año, el Presidente Suárez convocó las primeras elecciones democráticas, después de más de 40 años, que dieron paso a la Constitución de 1978.
Desde entonces, el papel jugado por los Sindicatos de clase ha sido clave para la estabilidad del sistema democrático. Su actuación ha estado siempre presidido por una gran responsabilidad, empezando por su participación activa en la aceptación y explicación, a los trabajadores, de los pactos de la Moncloa en los que el Gobierno de Suárez, la oposición de izquierdas, los partidos nacionalistas y la derecha, a diferencia de lo que ocurre ahora, se pusieron de acuerdo para lograr acuerdos que pusieran fin a la grave situación económica que había llevado al país a una inflación de cerca del 40%. Hoy, en otra grave crisis económica, es impensable que los partidos políticos se pongan de acuerdo en casi nada (salvo por intereses de partido y no de país). La comparación de la responsabilidad de los políticos de entonces con los de ahora, es abrumadora.
En el ámbito internacional, cabe decir que los países europeos más solidos, con menor desempleo, altos salarios, mayor bienestar social y menor corrupción (los países nórdicos) son también los que tienen tasas de sindicación más altas (alrededor del 70% frente a nuestro 20%)
Y, en el caso de América Latina, hoy es de todos conocido que un hombre nacido en el seno de una familia de campesinos pobres y analfabetos y llamado Luiz Inacio Lula da Silva, después de una vida de trabajo, acabó convirtiéndose en el líder del Sindicato metalúrgico del polo industrial más importante de Brasil y cofundador del Partido de los Trabajadores que le llevó a la Presidencia del Gobierno del país, desde el año 2002. Durante su presidencia, Brasil ha dado un giro espectacular. El país se ha convertido en una potencia económica mundial, la sexta del planeta, con crecimientos sostenidos de hasta el 8% en plena crisis mundial. Al mismo tiempo, su Gobierno ha acometido una reducción muy apreciable de la pobreza con sus planes contra el hambre, como el Programa Hambre Cero asesorado por el teólogo de la liberación Fray Betto.
Estas son solo unas pequeñas muestras de lo que la acción sindical ha representado en el mundo. Pero para una comprensión más completa del sindicalismo y el movimiento obrero en todo el mundo, habría que remontarse al siglo XIX y, muy especialmente, a la reivindicación de la jornada de 8 horas del 1º de Mayo de 1886, en Chicago.
PS: el artículo Vicenç Navarro, aparecido el 5/11/10, y titulado Los problemas de Obama (y de Zapatero), describen muy bien cómo ambos presidentes perdieron el apoyo de la izquierda su base electoral (entre otros de los sindicatos) por llevar adelante las políticas conservadoras de la derecha. Lo que hace que su derrota esté cantada. Recomiendo una atenta lectura del artículo a quienes se interesen por las razones que conducen a Obama (y a Zapatero) a la derrota.
El neo-liberalismo conservador intenta presentar a las organizaciones sindicales como un residuo del pasado. Algo retardatario para el avance de la sociedad moderna. Hagamos algunas reflexiones sobre estas ideas.
Tomemos, para empezar, el caso de nuestro país. Acaba de fallecer un representante mítico del sindicalismo de clase español: Marcelino Camacho. Todo el mundo, incluida la derecha más cerril, reconoce su enorme labor en la construcción de la Democracia en la lucha antifranquista y, después, en la Transición, al frente del principal sindicato de clase: Comisiones Obreras que tuvo sus inicios, en la clandestinidad, en los años 50 al formarse comisiones de trabajadores para gestionar acciones de presión como plantes o huelgas. Una de las primeras Comisiones Obreras que tomaron tal nombre fue la de la mina La Camocha, en 1957, con ocasión de una huelga. El año 1962 fue el gran salto de la lucha de la clase obrera en España, con un buen número de huelgas entre las que destacan la gran huelga minera de Asturias que empezó en el pozo La Nicolasa, a primeros de Abril, y que duró cerca de 3 meses ininterrumpidos. Fue una huelga muy diferente de las que se hacen ahora. Se pararon las minas de carbón durante meses y los mineros resistieron, sin paga alguna, soportando detenciones y palizas por parte de la Guardia Civil. Al final, se consiguieron acuerdos de incrementos salariales que llegaron hasta duplicar salarios, en algunos casos. Y todo sin que se diese noticia alguna en la prensa española. Solo cuando terminó la huelga aparecieron algunos titulares que decían: Se ha resuelto el conflicto de la minería asturiana. Algo incomprensible para el lector no avisado.
A partir de entonces, la estrategia de CC.OO. (por iniciativa del PCE) fue la de acudir a las elecciones sindicales en las empresas y colocar auténticos representantes de los trabajadores en el Sindicato Vertical, a pesar del estricto control al que estaban sometidos por el régimen fascista. En el tardo-franquismo, las organizaciones ilegales (CCOO, UGT, USO, CNT...) fueron ganando fuerza representativa, dentro del Sindicato Vertical, de tal manera que las grandes empresas preferían negociar directamente con CCOO y UGT que dentro de la legalidad franquista. Así las cosas, al inicio de la transición a la democracia, la utilización de los recursos del Sindicato Vertical (salas de reuniones, etc.) por los representantes reales de los trabajadores llegó a ser casi normal, si bien con el continuo acoso de los elementos fascistas del Sindicato Vertical. La matanza de los abogados laboralistas de CC.OO (todos ellos del PCE), en su despacho de Atocha, supuso un punto de inflexión que llevó al Presidente Suárez a la legalización del PCE y de los sindicatos representativos, en Marzo y Abril de 1977. A partir de entonces, la transición a la democracia fue imparable y, en Junio de ese año, el Presidente Suárez convocó las primeras elecciones democráticas, después de más de 40 años, que dieron paso a la Constitución de 1978.
Desde entonces, el papel jugado por los Sindicatos de clase ha sido clave para la estabilidad del sistema democrático. Su actuación ha estado siempre presidido por una gran responsabilidad, empezando por su participación activa en la aceptación y explicación, a los trabajadores, de los pactos de la Moncloa en los que el Gobierno de Suárez, la oposición de izquierdas, los partidos nacionalistas y la derecha, a diferencia de lo que ocurre ahora, se pusieron de acuerdo para lograr acuerdos que pusieran fin a la grave situación económica que había llevado al país a una inflación de cerca del 40%. Hoy, en otra grave crisis económica, es impensable que los partidos políticos se pongan de acuerdo en casi nada (salvo por intereses de partido y no de país). La comparación de la responsabilidad de los políticos de entonces con los de ahora, es abrumadora.
En el ámbito internacional, cabe decir que los países europeos más solidos, con menor desempleo, altos salarios, mayor bienestar social y menor corrupción (los países nórdicos) son también los que tienen tasas de sindicación más altas (alrededor del 70% frente a nuestro 20%)
Y, en el caso de América Latina, hoy es de todos conocido que un hombre nacido en el seno de una familia de campesinos pobres y analfabetos y llamado Luiz Inacio Lula da Silva, después de una vida de trabajo, acabó convirtiéndose en el líder del Sindicato metalúrgico del polo industrial más importante de Brasil y cofundador del Partido de los Trabajadores que le llevó a la Presidencia del Gobierno del país, desde el año 2002. Durante su presidencia, Brasil ha dado un giro espectacular. El país se ha convertido en una potencia económica mundial, la sexta del planeta, con crecimientos sostenidos de hasta el 8% en plena crisis mundial. Al mismo tiempo, su Gobierno ha acometido una reducción muy apreciable de la pobreza con sus planes contra el hambre, como el Programa Hambre Cero asesorado por el teólogo de la liberación Fray Betto.
Estas son solo unas pequeñas muestras de lo que la acción sindical ha representado en el mundo. Pero para una comprensión más completa del sindicalismo y el movimiento obrero en todo el mundo, habría que remontarse al siglo XIX y, muy especialmente, a la reivindicación de la jornada de 8 horas del 1º de Mayo de 1886, en Chicago.
PS: el artículo Vicenç Navarro, aparecido el 5/11/10, y titulado Los problemas de Obama (y de Zapatero), describen muy bien cómo ambos presidentes perdieron el apoyo de la izquierda su base electoral (entre otros de los sindicatos) por llevar adelante las políticas conservadoras de la derecha. Lo que hace que su derrota esté cantada. Recomiendo una atenta lectura del artículo a quienes se interesen por las razones que conducen a Obama (y a Zapatero) a la derrota.
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