viernes, noviembre 05, 2010

Lo que Europa debe aprender de España

Ya en mi post Spain is different, de Enero 2007, me refería a un aspecto positivo de la "anomalía" española en relación con el resto de Europa y con muchos otros países. A saber: el que tengamos dos apellidos y que el de la madre no se pierda, como es normal en dichos países. Entonces, yo ya decía que lo más lógico sería que el primer apellido fuese el de la madre ya que, biológicamente, constituye el ascendiente más seguro.

Ahora, se está armando bastante revuelo con la idea de que se pueda elegir el primer apellido entre el del padre o el de la madre y que, si no hay acuerdo en la pareja, se decida por orden alfabético de los apellidos. No quiero ni pensar la que se hubiese armado si la decisión hubiese sido que el primer apellido fuese siempre el de la madre, tal como yo considero lo más lógico, por razones biológicas evidentes.

En todo caso, los dos apellidos constituyen una diferencia positiva en relación con Europa. Siempre me ha asombrado el que la mayoría de las mujeres europeas acepten sin rechistar el perder la identidad de su apellido familiar y tomen el del marido, como si ellas pasasen a ser de su propiedad. Y es que, en realidad, eso es lo que pasaba en la antigüedad agraria en que, al casarse, la mujer pasaba a ser parte de otro grupo productivo familiar: el de las tierras de la familia del marido. Lo que cambió, en España, por el poder que tenía la Reina Isabel de Castilla, y nos hizo entrar en la modernidad, aunque de forma ficticia ya que las mujeres españolas siguieron estando sometidas a los maridos. Y es que las tradiciones son muy fuertes en todos los países y, por tanto, aunque en la mayoría de ellos existe la posibilidad legal de cambiar de apellido, en casi todos esos países las mujeres siguen ostentando el apellido de sus maridos al igual que, apostaría, a que en España, las familias van a continuar haciendo, por consenso, que el primer apellido sea el del padre y no el de la madre.

Por lo demás, ahora no se me ocurre ninguna otra cosa importante y positiva que Europa pueda aprender de España. Y sí bastantes que no deberían aprender, como el "botellón", el nivel de ruido, la crueldad con los animales o la agresividad con los diferentes o los que piensan distinto (agresividad fomentada, cada día, por la prensa diestra). Y, por supuesto, el alto nivel de desempleo y de corrupción que tenemos en nuestro país.

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