domingo, marzo 27, 2011

Notas de un observador. 11/13

Impresiona ver la foto de la reunión del Gobierno con los 41 grandes empresarios de nuestro país en que solo aparece una mujer quien, además, es presidenta de Hispasat, una empresa pública.


Está claro que el poder económico es netamente masculino. Los esfuerzos para dotar de alguna igualdad al poder político, con la paridad en el Gobierno, no parece que tenga el menor efecto en el ámbito de la gran empresa. A este hecho ya nos referíamos en el anterior post 11/12, así como a la ventaja que las mujeres muestran en el ámbito de la escuela y de la Universidad.

Pero, curiosamente, en nuestro país hay "ilustres" mujeres que no les importa tanto el que las mujeres, siendo mejores en el ámbito educativo, no tengan más oportunidades para ocupar puestos de poder, sino, por el contrario, les preocupa el que los chicos se sientan tan relegados por el feminismo que acaban teniendo mucha mayor tasa de fracaso escolar que las chicas. Vean lo que dice Cristina López Schlichting, en La Razón, sobre este asunto:
Hemos pasado de la represión de la mujer al escarnio del varón. Uno de cada tres alumnos entre 18 y 24 años fracasa en España en los estudios -más del doble que la media europea- y los chicos claudican un 57 por ciento más que las chicas. España, aislada con el franquismo, ha vivido el choque de golpe desde 1975 y con el zapaterismo ha elevado a dogma el endiosamiento femenino. Nuestros hijos varones crecen en un ambiente que les hace lamentar su sexo. Quizá sea el momento de una reflexión”.
Y, desde luego, es momento para la reflexión. En primer lugar, la de proporcionar un mayor refuerzo educativo para los retrasados en la escuela, sean chicos o chicas, pero también sobre cuales son las razones por las que las mujeres, con mejores cualificaciones que los hombres, no puedan acceder a los puestos altos de la empresa, con la misma facilidad que ellos. No parece que aquí opere ningún "endiosamiento femenino" y mucho menos que sea "elevado a dogma por el zapaterismo" (¡que extrañas afirmaciones suele emplear la derecha mediática!). Quizás, esa reflexión nos lleve a la conclusión de que la igualdad requiere, todavía, cambios profundos en la propia mentalidad de muchas mujeres y muchos hombres sobre el reparto familiar de las tareas y sobre la implementación de facilidades que liberen a la mujer de una parte de esas tareas caseras, con ayudas externas y la universalización de la educación infantil.

Unos cambios que pueden tardar varias generaciones en completarse, pero que pueden dar lugar a un mundo nuevo basado en la cooperación y no en los enfrentamientos armados. Porque la mujer tiene más sentido de protección y de relación humanas que los hombres. Suele ser más abierta al diálogo entre personas.


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