Llamaremos viejos a las personas de más de 65 años y jóvenes a los de menos de 40. En nuestra cultura occidental, es claro que las preferencias de la sociedad se dirigen hacia los jóvenes. No es raro que a un viejo, para alagarle, se le diga: ¡está Ud. muy joven! o ¡parece Ud. más jóven! Frases que, para las culturas asiáticas (china o japonesa) serían una gran descortesía, casi cercana al insulto. Son culturas de gran carga moral, en las que la experiencia y la sabiduría de los años son un valor reconocido. Los viejos gozan de prestigio en la sociedad, por lo que detentan el poder y son escuchados.
Sin embargo, en el Occidente consumidor, un viejo está en una fase en que no produce nada ni consume en demasía. Tienen poco valor para el mercado, si bien están teniendo cada vez mayor valor para los poderes públicos ya que constituyen un yacimiento de votos muy considerable: más de 8 millones de votos. Lo paradójico del caso, es que los viejos nos vamos haciendo cada vez más conservadores (lo que conduce al voto de derechas) pero la gran mayoría está cada vez más necesitada de políticas públicas en sanidad, pensiones y atención social (lo que conduce al voto de izquierdas). Es una situación a partir de la cual, probablemente, la derecha política se empiece a plantear más seriamente las políticas sociales (lo que llevaría a aumentar impuestos) mientras que el PSOE plantea proyectos sociales irreales (Ley de Dependencia) ya que insiste en no aumentar impuestos. Es un indicio de que el PSOE se dirige claramente hacia los jóvenes (el futuro) antes que a los viejos. Una situación paradójica que se agravará en el futuro ya que, en 2050, la población española será la más anciana de Europa con un 35% de mayores de 65 años y la menor en población en edad de trabajar (53%). Un problema que solo se solucionará con la entrada masiva de trabajadores inmigrantes.
He dicho que los viejos tenemos tendencia a volvernos conservadores. Pero hay conservadores y conservadores. Es claro que todos estamos de acuerdo en muchas cuestiones: la necesidad de respeto y consideración hacia padres, maestros y educadores, la supresión de la drogadicción y la criminalidad, la erradicación de la pobreza, el cumplimiento de las leyes, la seguridad, la conservación del medio ambiente y de los edificios históricos, ciudades menos contaminadas con más parques y jardines ....
En lo que diferimos es en los métodos y formas de conseguir los objetivos: unos toman como modelo el sistema americano liberal, de fuerte penalización y de protección policial dura y otros planteamos un modelo socialdemócrata basado en la protección y la actuación social para reducir la criminalidad. Un análisis objetivo de los resultados inclinan claramente la balanza hacia el lado de las democracias noreuropeas: al precio de mayores impuestos hay más igualdad y seguridad. La marginación y la criminalidad se reducen considerablemente.
Sin embargo, en el Occidente consumidor, un viejo está en una fase en que no produce nada ni consume en demasía. Tienen poco valor para el mercado, si bien están teniendo cada vez mayor valor para los poderes públicos ya que constituyen un yacimiento de votos muy considerable: más de 8 millones de votos. Lo paradójico del caso, es que los viejos nos vamos haciendo cada vez más conservadores (lo que conduce al voto de derechas) pero la gran mayoría está cada vez más necesitada de políticas públicas en sanidad, pensiones y atención social (lo que conduce al voto de izquierdas). Es una situación a partir de la cual, probablemente, la derecha política se empiece a plantear más seriamente las políticas sociales (lo que llevaría a aumentar impuestos) mientras que el PSOE plantea proyectos sociales irreales (Ley de Dependencia) ya que insiste en no aumentar impuestos. Es un indicio de que el PSOE se dirige claramente hacia los jóvenes (el futuro) antes que a los viejos. Una situación paradójica que se agravará en el futuro ya que, en 2050, la población española será la más anciana de Europa con un 35% de mayores de 65 años y la menor en población en edad de trabajar (53%). Un problema que solo se solucionará con la entrada masiva de trabajadores inmigrantes.
He dicho que los viejos tenemos tendencia a volvernos conservadores. Pero hay conservadores y conservadores. Es claro que todos estamos de acuerdo en muchas cuestiones: la necesidad de respeto y consideración hacia padres, maestros y educadores, la supresión de la drogadicción y la criminalidad, la erradicación de la pobreza, el cumplimiento de las leyes, la seguridad, la conservación del medio ambiente y de los edificios históricos, ciudades menos contaminadas con más parques y jardines ....
En lo que diferimos es en los métodos y formas de conseguir los objetivos: unos toman como modelo el sistema americano liberal, de fuerte penalización y de protección policial dura y otros planteamos un modelo socialdemócrata basado en la protección y la actuación social para reducir la criminalidad. Un análisis objetivo de los resultados inclinan claramente la balanza hacia el lado de las democracias noreuropeas: al precio de mayores impuestos hay más igualdad y seguridad. La marginación y la criminalidad se reducen considerablemente.
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