En nuestro país, hay una percepción bastante generalizada de que nuestro sistema de salud público es uno de los mejores de Europa y, quizás, de todo el mundo. Esta percepción, a mi parecer errónea, está basada en algunos datos objetivos ciertos pero no totalmente concluyentes.
En primer lugar, las personas mayores recuerdan la desastrosa situación sanitaria durante el franquismo, y hasta bien avanzada la transición democrática. En los años 70 todavía había muchos pueblos de más de 10.000 habitantes sin un ambulatorio o centro de salud público. Por ejemplo, un pueblo tan próspero como Mora de Toledo, repleto de bares y oficinas bancarias, no tenía un centro de salud. La gente dependía de igualas con médicos privados o de experimentados curanderos. Para casos importantes era necesario acudir a un hospital de Toledo y el hacinamiento y las colas eran enormes. En Andalucía, donde vivo, la atención sanitaria, para la mayoría, era entonces todavía peor. De ahí que muchos ciudadanos, principalmente de las clases populares, califiquen la situación de hoy, comparada con la de entonces, como muy buena. Aunque diste mucho de serlo.
En segundo lugar está la esperanza de vida de los ciudadanos españoles, una de las más altas del mundo después de Japón y HongKong. Los datos del PNUD, para 2005, daban 82,3 años de esperanza de vida en Japón y, en Europa, de 81,5 para Islandia y 80,5 para Suecia y España. Los demás países europeos presentan esperanzas de vida algo inferiores, pero casi siempre superiores a la de los EE.UU que es de 78 años. Ahora bien, la esperanza de vida no viene determinada totalmente por la calidad del sistema de Salud, sino más bien por la alimentación y el estilo de vida. Es posible que, en el futuro, la esperanza de vida en España disminuya algo, dada la tendencia a la alimentación "basura" y a la obesidad de los niños y de los jóvenes de ahora, así como al creciente "stress" del estilo de vida moderna.
Y, en tercer lugar está la gran difusión que los medios de comunicación dan a éxitos específicos de la medicina española como son los trasplantes, en los que somos un país puntero dada la alta tasa de donación de organos en España (quizás, la más alta del mundo), lo que incrementa la percepción de que tenemos un sistema de salud de primera división.
Sin embargo, no todo el monte es orégano. Hay muchas deficiencias en la atención sanitaria española si la comparamos con los países punteros de Europa. Las fuentes de información que he utilizado provienen de experiencias propias y otras de informaciones ajenas. Veamos algunas de las deficiencias detectadas:
Acabo de leer que los españoles consumieron 23 millones de cajas de antidepresivos en 2007. Un claro ejemplo de la utilización abusiva de fármacos para resolver problemas que, en su mayor parte, requieren otro tipo de tratamiento para el que faltan profesionales en el sistema público: los psicólogos. Y una experiencia reciente me ha demostrado la falta de atención al usuario fuera de los límites de un Centro de Salud: una persona de edad acude, un sábado, a Urgencias con una fractura de peroné. Para salir del Centro, con la pierna escayolada y en un día lluvioso, todo lo que el sistema ofrece es hacer una llamada para un taxi; no se le suministran muletas o una silla de ruedas (para devolver más adelante), con lo que se las tiene que arreglar con la ayuda manual de un familiar para acceder a su casa.
Para conseguir un sistema de Salud, público, que se pueda considerar excelente, no solo hay que incrementar el personal sanitario sino, también, formar a este personal en el sentido de que sea capaz de ponerse en lugar del usuario para conocer, y resolver bien, sus problemas. No solo los puramente médicos sino también los sociales relacionados con la salud.
En primer lugar, las personas mayores recuerdan la desastrosa situación sanitaria durante el franquismo, y hasta bien avanzada la transición democrática. En los años 70 todavía había muchos pueblos de más de 10.000 habitantes sin un ambulatorio o centro de salud público. Por ejemplo, un pueblo tan próspero como Mora de Toledo, repleto de bares y oficinas bancarias, no tenía un centro de salud. La gente dependía de igualas con médicos privados o de experimentados curanderos. Para casos importantes era necesario acudir a un hospital de Toledo y el hacinamiento y las colas eran enormes. En Andalucía, donde vivo, la atención sanitaria, para la mayoría, era entonces todavía peor. De ahí que muchos ciudadanos, principalmente de las clases populares, califiquen la situación de hoy, comparada con la de entonces, como muy buena. Aunque diste mucho de serlo.
En segundo lugar está la esperanza de vida de los ciudadanos españoles, una de las más altas del mundo después de Japón y HongKong. Los datos del PNUD, para 2005, daban 82,3 años de esperanza de vida en Japón y, en Europa, de 81,5 para Islandia y 80,5 para Suecia y España. Los demás países europeos presentan esperanzas de vida algo inferiores, pero casi siempre superiores a la de los EE.UU que es de 78 años. Ahora bien, la esperanza de vida no viene determinada totalmente por la calidad del sistema de Salud, sino más bien por la alimentación y el estilo de vida. Es posible que, en el futuro, la esperanza de vida en España disminuya algo, dada la tendencia a la alimentación "basura" y a la obesidad de los niños y de los jóvenes de ahora, así como al creciente "stress" del estilo de vida moderna.
Y, en tercer lugar está la gran difusión que los medios de comunicación dan a éxitos específicos de la medicina española como son los trasplantes, en los que somos un país puntero dada la alta tasa de donación de organos en España (quizás, la más alta del mundo), lo que incrementa la percepción de que tenemos un sistema de salud de primera división.
Sin embargo, no todo el monte es orégano. Hay muchas deficiencias en la atención sanitaria española si la comparamos con los países punteros de Europa. Las fuentes de información que he utilizado provienen de experiencias propias y otras de informaciones ajenas. Veamos algunas de las deficiencias detectadas:
- La principal deficiencia es la baja atención al usuario, por parte de los médicos de atención primaria, a causa principalmente del poco tiempo asignado para cada usuario. En el caso de mi centro de salud de Málaga es, ahora, de 5 minutos (anteriormente menos). Lo normal en algunos países que conozco es de 15 ó 20 minutos. Solo con suficiente tiempo es posible escuchar con atención al paciente y aconsejarle debidamente, sin tener que acudir al fácil recurso de la receta farmaceútica, que observamos que se da con frecuencia, incluso accediendo a las pretensiones del usuario, sin un verdadero análisis de las necesidades reales. De ahí que el porcentaje de gasto farmaceútico sobre el total del coste de la medicina pública es casi el doble del que presentan otros países.
- La baja atención indicada viene agravada por el hecho de que una gran parte de los médicos del sistema público trabajan también para el privado, donde extreman su atención y amabilidad, utilizando el sistema público principalmente para expedir recetas, que se han prescrito en consultas privadas con el fin de que resulten más baratas a los usuarios.
- Las facilidades para conseguir recetas farmaceúticas contrasta con las dificultades para ser tratado por un especialista o para conseguir determinados análisis. En muchos casos, la consulta al especialista conlleva esperar una cola que se demora muchos meses.
- La baja atención médica contrasta con la mejor y más amable atención del personal de enfermería (especialmente el personal femenino) que, sin embargo, está subutilizado en relación con otros países en los que desarrollan algunas competencias que, en España, se asignan exclusivamente a los médicos (Ver artículo de V. Navarro "El copago sanitario").
- Si bien en los procesos más tecnificados, como los de cirujía o los transplantes, la actuación médica podría calificarse de profesionalmente excelente, para la mayoría de los casos, las actuaciones que tienen connotaciones sociales o de atención comunitaria, como son los de las enfermedades mentales o las que requieren una atención domiciliaria, dejan mucho que desear. En el caso de los enfermos mentales graves, el personal dedicado (psiquiátras, psicólogos, enfermería, monitores, etc.) es de 3 a 5 veces inferior a lo que es normal en los países que prestan más atención a estos problemas (países nórdicos y otros de Europa y Australia).
- Incrementar el número de médicos jóvenes, a plena dedicación al sistema público, de forma que se llegase a una atención primaria de un mínimo de 10-15 minutos por usuario.
- Campañas formativas sobre el riesgo que supone el abuso de los fármacos lo que, por otra parte, se puede conocer con la mera lectura de los prospectos que acompañan a los mismos, de forma que los usuarios sean más receptivos a tratamientos basados en recomendaciones de hábitos de vida: alimentación sana, eliminación de tóxicos (alcohol, tabaco, drogas...), realización de ejercicios (andar, nadar, actividades relajantes,etc.).
- Mayor impulso a un tipo de medicina preventiva que promueva la salud y evite futuras enfermedades. A lo que contribuiría la introducción de más medicina alternativa en el sistema de salud. Actualmente ya se hace en algunas Comunidades con la acupuntura o la homeopatía. Se podrían introducir otras como la quiropráctica, los masajes y las técnicas de relajación o de TaiChí.
Acabo de leer que los españoles consumieron 23 millones de cajas de antidepresivos en 2007. Un claro ejemplo de la utilización abusiva de fármacos para resolver problemas que, en su mayor parte, requieren otro tipo de tratamiento para el que faltan profesionales en el sistema público: los psicólogos. Y una experiencia reciente me ha demostrado la falta de atención al usuario fuera de los límites de un Centro de Salud: una persona de edad acude, un sábado, a Urgencias con una fractura de peroné. Para salir del Centro, con la pierna escayolada y en un día lluvioso, todo lo que el sistema ofrece es hacer una llamada para un taxi; no se le suministran muletas o una silla de ruedas (para devolver más adelante), con lo que se las tiene que arreglar con la ayuda manual de un familiar para acceder a su casa.
Para conseguir un sistema de Salud, público, que se pueda considerar excelente, no solo hay que incrementar el personal sanitario sino, también, formar a este personal en el sentido de que sea capaz de ponerse en lugar del usuario para conocer, y resolver bien, sus problemas. No solo los puramente médicos sino también los sociales relacionados con la salud.
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