Seguramente, casi todos hacemos propósitos para realizar en un año que comienza. Y casi todos nos olvidamos de nuestros propósitos a los pocos días de empezarlo. Sin embargo, este año no voy a tener propósitos muy concretos, sino de carácter más bien filosóficos, con lo que es más probable llegar a cumplirlos. La idea básica es no pretender cambiar nada externo, ni siquiera aspectos de uno mismo relacionados con el exterior. Nada del tipo de "voy a levantarme a tal hora para hacer tal y tal ejercicio" o "voy a leer o escribir o hacer caligrafía.. tantas horas a la semana" , etc. etc.
No. Solo imbuirme de algunas ideas fuerza que iluminen mi interior, y aquieten mi mente. Para lograr la paz interior, la serenidad del espíritu y alejarme de todo estrés. Y nada mejor para lograrlo que cultivar las filosofías orientales que, durante miles de años, han demostrado ser las más apropiadas para ese objetivo: el camino del TAO o el camino del ZEN. Si bien, tanto la filosofía taoista como la del budismo Zen implican no tener propósito alguno, con lo que este propósito para el año (de cultivar estas filosofías), implicaría el no proponerme tal cosa, lo que en nuestra lógica occidental sería un contrasentido, mientras que para estas filosofías sería algo apropiado y natural.
En un post de Marzo de 2008, titulado "TAO/ZEN y la espontaneidad" reproduzco algunos párrafos del libro de Lao-tse, el TAO Te Ching, lleno de muchos de estos aparentes contrasentidos que responden a la dualidad del Yin y Yang:
Pocos en el mundo llegan a comprender la utilidad de enseñar sin palabras y del no hacer nada.
El que sabe no habla y el que habla no sabe.
Las palabras sinceras no son agradables y las agradables no son sinceras.
El hombre bueno no ama discutir, y el discutidor no es bueno.
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El que sabe no habla y el que habla no sabe.
Las palabras sinceras no son agradables y las agradables no son sinceras.
El hombre bueno no ama discutir, y el discutidor no es bueno.
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Así que, si tengo algún propósito será el de leer, una y otra vez, el Tao Te Ching (mejor tratando de entender los caracteres chinos) y otros libros que siguen esas filosofías. Ahora estoy leyendo "Canto al corazón de la confianza" (en chino "Xìng Xin Ming"), del tercer patriarca Zen, Jianzhi Sengcan, con comentarios del maestro zen español Dokusho Villalba. Para mí, tiene la ventaja de que los versos están escritos con sus caracteres chinos, además de su traducción al español. Y hay que decir que si se traduce literalmente, carácter por carácter, el texto es susceptible de ser interpretado de muy distintas maneras. Otra de las características de estas filosofías en sus versiones originales.
Si sigo vivo dentro de un año, me comprometo a comentar hasta que punto estos propósitos, o no-propósitos, han tenido algún efecto en mi vida y en las de los que me rodean.
Si sigo vivo dentro de un año, me comprometo a comentar hasta que punto estos propósitos, o no-propósitos, han tenido algún efecto en mi vida y en las de los que me rodean.
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