En mi post de 4 Febrero último, titulado "Los mercados contra España (o contra Zapatero)", mostraba mi asombro (e indignación) por el hecho de que unos cuantos especuladores pudieran poner en jaque a todo un país sobre la base de considerar que están incurriendo en un déficit público excesivo. Sobre todo en el caso de España que tiene una deuda pública total muy inferior a la media europea y la mitad de la italiana. Pero si el Ibex 35 había caído un 6% con este primer ataque (que en realidad iba dirigido contra el euro), en el segundo ataque más agresivo, del que me ocupo en el post de 29 de Abril, titulado "El poder (dañino) de los mercados", la bolsa cayó de nuevo y el riesgo-país de España subió bruscamente, si bien no tanto como el de Grecia, Irlanda o Portugal. El pasado 10 de Mayo, la UE frenó estos ataques poniendo en marcha un plan para la creación de un fondo de 750.000 millones de euros, autorizando al BCE a comprar deuda pública de los países amenazados. El Ibex 35 subió inmediatamente un 14,4% y ya parecía que el peligro de nuevos ataques estaba conjugado y, por tanto, que los especuladores habían cedido. Eso parecía, pero el poder del capital financiero es tal que, ahora, las presiones se han debido de dar en la esfera política, ya que Zapatero ha recibido demandas (incluso del propio Obama) para que demuestre que está dispuesto a tomar medidas duras de ajuste. Un Presidente de gobierno, realmente comprometido con la izquierda, debería haber tomado medidas de subidas de impuestos a las rentas altas y de un plan duro contra el fraude fiscal, pero es evidente que la correlación de fuerzas en nuestro país, y en Europa, no es propicia para llevar adelante políticas de izquierdas. Los mercados y el capital financiero están crecidos y, al parecer, la única forma que Zapatero ha encontrado para convencer a todo el mundo de que está dispuesto a emprender medidas duras, para estabilizar la economía, es acudir a lo que siempre se había negado a hacer: recortar derechos y ventajas a los más débiles. A los que nunca han propiciado la crisis, es decir a los trabajadores, los pensionistas, las familias con personas dependientes y hasta a las futuras madres. Y, al parecer, está dispuesto a llevar adelante una reforma del mercado de trabajo favorable para el empresariado. En suma, ha cedido ante el capital financiero y ante la derecha neo-con que reclamaba este tipo de medidas duras. Una victoria de la derecha y de los mercados que ya han expresado su satisfacción en los distintos medios y, desde luego, en la bolsa española que ha subido instantáneamente. Lo que no impide que la oposición redoble sus ataques, incluso culpando al gobierno por tomar medidas antisociales. ¡Qué hipocresía!
Y ya se puede decir que Zapatero está definitivamente hundido porque estas medidas y, los recortes en inversión pública, tendrán un efecto negativo entre los electores y porque nuestra recuperación podría retrasarse por una contracción de la demanda. Solamente puede ser positivo el que los grandes inversores vuelvan a creer en las posibilidades de hacer negocio en España, si bien puede que esas oportunidades de negocio se basen más en el clima de miedo, que se está transmitiendo a los trabajadores para que acepten condiciones de trabajo inferiores, que a un nuevo clima de mayor innovación y productividad.
Este golpe a quienes no son culpables de la crisis, me recuerda al extraordinario libro de Naomi Klein "La doctrina del shock" donde se relatan acontecimientos (la mayoría de América Latina) en los que el apretar las tuercas al pueblo venía precedido por algún "shock" planificado para crear miedo entre la población. En el caso de AL eran las fuerzas armadas y policíacas las que se encargaban de crear el "shock". En Europa somos más civilizados; el "shock" lo generan los "mercados", manipulados por especuladores, pero el efecto de miedo y desconcierto entre la población es parecido. Es el clima propicio para reducir el estado de bienestar y conseguir una mano de obra más dócil y barata.
¿Se movilizarán ahora los trabajadores?
Y ya se puede decir que Zapatero está definitivamente hundido porque estas medidas y, los recortes en inversión pública, tendrán un efecto negativo entre los electores y porque nuestra recuperación podría retrasarse por una contracción de la demanda. Solamente puede ser positivo el que los grandes inversores vuelvan a creer en las posibilidades de hacer negocio en España, si bien puede que esas oportunidades de negocio se basen más en el clima de miedo, que se está transmitiendo a los trabajadores para que acepten condiciones de trabajo inferiores, que a un nuevo clima de mayor innovación y productividad.
Este golpe a quienes no son culpables de la crisis, me recuerda al extraordinario libro de Naomi Klein "La doctrina del shock" donde se relatan acontecimientos (la mayoría de América Latina) en los que el apretar las tuercas al pueblo venía precedido por algún "shock" planificado para crear miedo entre la población. En el caso de AL eran las fuerzas armadas y policíacas las que se encargaban de crear el "shock". En Europa somos más civilizados; el "shock" lo generan los "mercados", manipulados por especuladores, pero el efecto de miedo y desconcierto entre la población es parecido. Es el clima propicio para reducir el estado de bienestar y conseguir una mano de obra más dócil y barata.
¿Se movilizarán ahora los trabajadores?
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