La cultura social imperante, en un país, puede cambiar muy rápidamente en consonancia con los cambios políticos o bien mantenerse y hasta reforzarse, contra todo pronóstico, como hemos visto en España en algunos aspectos como las procesiones o las fiestas taurinas (ver en este Blog: "La tradición se perpetúa"). En el caso de las corridas de toros, la reciente prohibición aprobada por el Parlamento catalán ha producido un inmediato clamor a favor de la llamada "fiesta nacional" en gran parte del país, en muchos casos no tanto por un verdadero interés en su defensa, sino como reacción del nacionalismo españolista en contra del nacionalismo catalán. Es posible que las tradiciones taurinas (especialmente en fiestas locales, que aún continúan en Cataluña) reciban, ahora, un nuevo impulso en una buena parte de nuestro país.
Por el contrario, lo que se podría llamar "moral sexual" ha cambiado muy rápidamente en nuestro país desde la llegada de la democracia. Hace menos de 50 años el que una pareja viviesen juntos, antes de casarse, podía ser objeto de escándalo y sería intolerable para los padres, en una familia normal. Hoy es bastante corriente que las parejas convivan y se casen solo cuando deciden tener descendencia. También entonces, en la España franquista, no era posible el matrimonio fuera de la Iglesia Católica (salvo casos excepcionales) mientras que hoy, según Wonkapistas, los matrimonios civiles ya han superado a los eclesiásticos.
En este punto, cabe preguntarse ¿qué es lo que hace que ciertos aspectos culturales se mantengan o se refuercen y otros cambien con inusitada rapidez? Y también ¿cómo influyen los factores culturales en el comportamiento de otros aspectos decisivos de nuestra sociedad, como son el fracaso escolar, el aprendizaje de idiomas o las fuertes oscilaciones del empleo y del comportamiento de algunas variables económicas?
No tengo respuestas, validadas científicamente, pero sí algunas reflexiones orientadas por mi propia experiencia.
La rapidez del cambio en el comportamiento sexual de los jóvenes se explica fácilmente porque al darse una mayor permisividad social, consecuencia de la mayor libertad política y de prensa e información y de la creciente permeabilidad social en relación con otros países de nuestro entorno, aparece también un cambio orientado por la propia naturaleza e inclinación de la juventud por satisfacer los deseos sexuales. Esta inclinación natural está, cada vez más, exenta de los obstáculos represivos que imperaban en la época dictatorial y que ostentaba la Iglesia Católica. Hoy, aunque el poder de la Iglesia sigue vigente en muchos aspectos, su influencia en este campo concreto de la educación sexual aparece ya notablemente restringida.
Más difícil de entender es la "anomalía española" en el terreno socio-económico. ¿Porqué hay tan pocas oportunidades de trabajo para los jóvenes en España? Esto no es de ahora. Recuerdo la época en que yo viajaba a otros países (Finlandia, principalmente) y en que jóvenes extranjeros nos visitaban. En casi todos los países europeos (especialmente, los nórdicos) cualquier joven encontraba trabajos a tiempo parcial que le permitían subsistir: fregar platos, limpiar casas, cuidar niños o bien hacer trabajos de refuerzo, en horas punta, en establecimientos comerciales. En España esto era casi desconocido. Conozco algunos extranjeros que habían planeado permanecer meses en España pensando en que siempre encontrarían algún trabajo, aunque fuese mal pagado. Empeño inútil. Yo mismo, cuando era joven (en los años 50) y disponía de una moto, quise emplearme en un trabajo de reparto de publicidad y mensajería. Trabajé varios días hasta que caí en la cuenta de que la gasolina que gastaba costaba casi tanto dinero que lo que conseguía con el trabajo. Naturalmente, lo dejé y me dediqué a dar clases particulares de matemáticas a algunos estudiantes que preparaban el ingreso en escuelas de Ingeniería. Eso, sí me compensaba ampliamente pero era algo que yo no podía hacer en otros países ni un extranjero en España.
Hoy, las cosas siguen casi igual en ese terreno. Somos el país de Europa con un mayor desempleo juvenil (más del 30%) ya que la mitad de los jóvenes, entre 16 y 34 años, tardan más de un año en encontrar un empleo, después de finalizar los estudios (fuente: INE). Esto no se explica más que por la cultura existente de protección de los hijos por la familia española tradicional. En nuestro país, hay un alto porcentaje de mayores de 25 años que viven con los padres. Esto sería impensable en un país nórdico, como Dinamarca o Finlandia, donde la gran mayoría de los jóvenes viven de manera independiente desde los 18 ó 20 años de edad. Incluso los universitarios, ya que tienen becas o préstamos del Estado así como facilidades para residencias estudiantiles. Según vamos apuntando hacia el Sur, el porcentaje de jóvenes que viven con los padres aumenta; en Italia, Grecia, Portugal y más fuertemente en nuestro país. Y no se ve, en el horizonte, que se vaya a producir un cambio positivo en la independencia juvenil, a corto plazo.
También somos el país europeo en el que la crisis produce un mayor desempleo. Y ello es consecuencia de nuestra burbuja inmobiliaria que ha sido excepcionalmente aguda. En los años previos a la crisis se construían, en España, tantas o más viviendas que en Francia, Italia y Alemania juntas. Y en gran medida, en las costas. Si cualquier persona razonable se podía dar cuenta, ya en 2004 ó 2005, que eso era un sinsentido y que la burbuja tenía que desinflarse muy pronto, cabe preguntarse ¿porqué los precios y la construcción de viviendas han continuado creciendo hasta el año 2009? La respuesta la da otra de las anomalías culturales de nuestro país: la propensión a imitar lo que hacen otros, especialmente si han tenido éxito. Esta propensión, que puede parecer razonable cuando se hace en el momento oportuno, es fatal si no se tienen en cuenta los tiempos y las dimensiones del problema. En los años en los que me dediqué a la agricultura, pude observar una gran tendencia de los pequeños agricultores a hacer casi todos lo mismo. Si un determinado cultivo había resultado excepcionalmente rentable un año, casi todos los pequeños agricultores de la zona tendían a poner ese cultivo sin considerar que se produciría un exceso de oferta que llevaría a un desmoronamiento de los precios y, por lo tanto, a fuertes pérdidas. En el caso de las viviendas, el éxito de la especulación inmobiliaria de los primeros años del nuevo siglo produjo, en muchos compradores, ese mismo efecto de imitación, impulsados también por jefecillos de oficinas bancarias que estaban haciendo su agosto consiguiendo sustanciosas hipotecas. Cuando la burbuja se desinfló en 2009, muchos compradores que creían ser tan "listos" que iban a vender muy pronto la vivienda obteniendo un buen beneficio, se han encontrado con una hipoteca mayor que el valor actual de la compra. El efecto de arrastre del derrumbe inmobiliario, desde 2009 hasta quizás 2013, es demoledor para el empleo y la demanda no solo de la construcción, sino de una parte importante de la industria y el comercio en España. Y hay que decir que la inmigración, que fue un recurso de mano de obra barata, está siendo ahora un colchón que incide en una pequeña reducción del desempleo de nativos españoles.
En mi opinión, la tan cacareada "reforma laboral" no va a tener apenas efecto en la creación de empleo. A corto plazo solo la inversión empresarial tendrá consecuencias en el incremento del empleo. Y esa inversión no se hará en función de la reforma laboral, sino de las expectativas de beneficios. No obstante, habrá que estar atentos a las consecuencias de la reforma en la tasa de temporalidad. Si se consigue una reducción sustancial del 30% de temporalidad que hay ahora en la población ocupada será un éxito de la reforma.
Más importante serían las reformas estructurales que se describen en la "Ley de Economía sostenible", si bien sus efectos serían a medio y largo plazo, y mucho más el que se llegase a un cierto "Pacto por la Educación", a pesar de las zancadillas que el PP está poniendo. En mi opinión, la excelencia en Educación y en Formación profesional son los pilares que realmente podrían suponer, a largo plazo, un cambio definitivo para nuestra anomalía como país europeo.
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