Hace unos días, compré un DVD del film Inside Job. Se trata de un documental extraordinario que explica, con enorme claridad y contundencia, la forma en que los magnates (¿o deberíamos decir mangantes?) de Wall Street, la Banca de Inversiones y hasta las propias Agencias de calificación, realizaron enormes negocios con productos financieros, como los paquetes de hipotecas subprime y, en general, con los derivados o hedge funds que el común del público no entiende y que, cuando estalla la crisis inmobiliaria y financiera generada por esas prácticas, produjeron enormes daños a decenas de millones de esa gente común en forma de fuertes pérdidas de sus ahorros, en el mejor de los casos, y en el peor por la pérdida de sus viviendas y de sus empleos.
Las agencias de calificación o de rating, de las que las 3 más reputadas (Moody's, Fitch y Standard&Poor's) son norteamericanas, tuvieron un papel lamentable cuando dieron la máxima calificación (AAA) a Bancos (caso Lehman Brothers) o a empresas (caso Enrom) que quebraron poco después o tuvieron que ser rescatadas por los Estados. Y el caso es que, al parecer, no han tenido que pagar indemnizaciones por sus errores y nos siguen dando lecciones como si nada hubiera ocurrido. En el caso de los países de la UE, con problemas de déficit público, estas Agencias se permiten establecer sus dañinas calificaciones de forma bastante arbitraria generando "profecías que se autocumplen", como la reciente de "bonos basura" para Portugal que, al encarecer los tipos de interés que este país tiene que pagar, contribuye a que sus bonos acaben convirtiéndose finalmente en "basura". Si esa calificación fuese el resultado de estudios rigurosos y objetivos no habría nada que objetar. Pero es evidente que no es así. De repente, sin que Portugal haya cambiado nada su funcionamiento financiero, su calificación se ha bajado cuatro escalones. Todos los indicios son los de que los especuladores, con intereses muy vinculados con los de las Agencias (en realidad, todos constituyen conglomerados de intereses) han visto un buen negocio en el ataque a la deuda portuguesa y se han lanzado a ese ataque, que también es contra el euro y que afecta muy directamente a España que tiene más del 40% de la deuda portuguesa. Pero, esta vez la cosa ha sido tan descarada que ha levantado una auténtica tormenta europea contra las principales agencias de rating americanas, rompiendo así una especie de miedo a molestar a dichas agencias que se había podido apreciar en los Gobiernos europeos y en la propia dirección de la UE. No solo el Presidente de la Comisión de la UE, el portugués Durao Barroso, ha alzado la voz contra el poder de las agencias sino también el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, que ha propuesto limitar el poder de las citadas agencias. Y ya se habla de propiciar una Agencia de rating independiente y europea, que diese servicio al BCE y a la Banca europea que lo requiriese.
Xavier Vidal-Folch, en su artículo de El País de hoy, dice con mucha claridad, lo que muchos pensamos: ¡Que las corran a gorrazos!
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