lunes, agosto 22, 2011

Notas de un observador. 11/35: JMJ

He estado dudando sobre si decir algo, en estas Notas, sobre la visita del Papa y la JMJ (Jornada Mundial de la Juventud). El acontecimiento ha tenido una tan gran relevancia como para no pasar inadvertido a este observador. Mis dudas vienen del hecho de mi desconfianza ante la figura de este Papa, lo que hace que lo que pueda escribir acerca de este personaje carecerá de la debida objetividad. ¡Qué le vamos a hacer, si esa mirada torva y esa voz meliflua se me antojan perversas! Sobre todo cuando dicen que, siendo Cardenal Ratzinger, se ocupó de ocultar los casos de pederastia cometidos por una parte del clero católico además de manifestarse muy contrario a la Teología de la Liberación de América latina. Así que escribiré sobre su visita a Madrid, en los actos de la JMJ, pero advirtiendo que mi pretendida objetividad puede haber quedado bastante tocada por mis prejuicios sobre el Papa Ratzinger (Benedicto XVI).

En contraste con esa visión, puede que falsa, de la persona del Papa me he sentido muy cercano a esas personas jóvenes que reflejan, en sus caras, unas miradas limpias y una inocencia -especialmente las chicas- dignas de admiración (hace falta ser inocentes para ser seguidores de ese personaje). Estos jóvenes, de muchos países y culturas diferentes, nos han alegrado la vida a los que les hemos visto por TV. Esperemos que, finalmente, sigan el mensaje de ese maestro espiritual, llamado Jesús de Nazaret, antes que los del Papa actual.

Como observador, he puesto atención en muchas de las frases que el Papa ha emitido, y algunas me han parecido sorprendentes porque dejan claro que sus prioridades están más en reforzar la estructura jerárquica y sacerdotal de la Iglesia que llevar el mensaje de Jesús a la sociedad. Por ejemplo, le he oído decir que estaba "impresionado por la gran asistencia de obispos y sacerdotes en estos actos" y que "no se puede seguir a Jesús sin la Iglesia". Esto último deja claro que su prioridad es la estructura eclesiástica, ya que la experiencia viva dice justamente lo contrario, hasta el punto de que se podría decir, más justamente, que "no se puede seguir a Jesús con la Iglesia". Y es que la realidad nos dice que cada vez que sacerdotes o seglares católicos intentan seguir, de verdad, las enseñanzas de los Evangelios, entran en contradicción con la jerarquía católica. Y, en algunos casos, sus enseñanzas son consideradas "incompatibles" con la fé católica y, en otros, se acercan más a otras enseñanzas espirituales como el budismo zen o el hinduismo. Voy a tomar tres casos, los tres de jesuitas que han vivido culturas asiáticas, de la India o del Japón:

Anthony de Mello, fue un jesuita y maestro espiritual muy próximo a las antiguas enseñanzas esotéricas. En este caso, en 1998, la Congregación para la Doctrina de la Fé (una especie de Inquisición edulcorada) dirigida entonces por el cardenal Ratzinger, calificó un buen número de sus escritos como "incompatibles" con la fé católica.

Hugo Enomiya Lasalle, jesuita alemán, vivió en Japón donde abrazó la filosofía del budismo Zen, sin dejar de ser cristiano, llegando al grado de roshi (maestro Zen). Vivía en Hiroshima cuando esta ciudad casi despareció por la bomba atómica americana y sufrió las secuelas de la radioactividad. Fue un gran difusor del Zen entre los católicos cristianos y no se sabe que haya sido condenado por la jerarquía eclesiástica. Era un alemán muy inteligente.

Finalmente, quizás el caso más importante de llevar a la práctica el mensaje de Jesús, entre los hindues más pobres, fue Vicente Ferrer que dejó la Cía. de Jesús en 1970 para casarse con su compañera y colaboradora la periodista inglesa Anne Perry. El siguiente video, que recoge las propias palabras de Vicente Ferrer, es la mejor muestra de un trabajo verdaderamente cristiano, sin necesidad de recurrir a la jerarquía de la Iglesia y sin siquiera reivindicar el ser cristiano, respetando siempre las culturas y creencias de aquellos para cuyo bienestar dedica su vida:





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