domingo, diciembre 18, 2005

Leer y escribir

Es sabido que somos uno de los países de Europa donde menos se lee . Nuestro índice de difusión de prensa es de 105 ejemplares por mil habitantes cuando la media europea es de 217 y en Finlandia, cabeza del ranking, es de 455. Probablemente, el índice de lectura de libros en España es todavía más bajo. Aparte de las lecturas infantiles (Salgari, Guillermo, Dumas....), yo mismo no empecé a leer libros, seriamente, hasta que tuve 20 años. Recuerdo (¿con nostalgia?) mis frecuentes visitas a la sección de préstamo de libros de la Biblioteca Nacional de Madrid, donde descubrí a Alexis Carrel, Teillard de Chardin, Axel Munthe, Arthur Koestler, el Yoga, el poema épico finlandés Kalevala (que me condujo a Finlandia), Bertrand Russell, Mircea Eliade..... Desde entonces me he vuelto un gran aficionado a la lectura y he leído más de mil libros (no es mucho: un par de libros al mes, en 50 años). Sin embargo, he de confesar que no soy un gran lector de novela o narrativa de ficción; más del 90% de los libros que leo son de ensayo, filosofía, economía, socio-política, historia, orientalismo o de divulgación científica. Son pocas las novelas que me han proporcionado disfrute al leerlas. Recuerdo algunas: La isla del Tesoro, la Colmena de Cela, Sinuhé el egipcio de Mika Waltari, La ciudad de los prodigios de Mendoza, 100 años de soledad de García Marquez y pocas más. Aparte, desde luego, de los clásicos españoles (Cervantes, Quevedo..), ingleses (Shakespeare, Dickens..), rusos (Tolstoi, Dostojevski..), franceses (Balzac..) y de las novelas de entretenimiento como las policiacas (Agatha Christie o Vazquez Montalbán) o las históricas de Pérez Reverte. Algunas novelas de éxito como "El código Da Vinci" se leen rápido por su intriga, pero son verdadera bazofia literaria. Últimamente he leído "Las intermitencias de la muerte" de Saramago que me ha aburrido bastante. Lo reconozco, no soy un gran aficionado a la novela; me gustan los libros de conocimiento de la realidad científica, medioambiental, política, histórica o económica. Ahora estoy releyendo un libro apasionante: Breve historia de casi todo de Bill Bryson que describe, desde un punto de vista humano, a los científicos más importantes y la historia de sus descubrimientos en astronomía, geología, física, química y biología.
He leído bastante, pero hasta hace solo 10 años no había escrito casi otra cosa que no fuesen informes y proyectos profesionales. Desde que me jubilé he tenido el tiempo suficiente como para escribir sobre mis ideas e impresiones de la realidad que vivo. En el año 1995 inicié una serie de escritos, titulados por las fechas, sobre los temas más variados de cada momento. El documento se tituló: Circumlloquia y tiene 100 páginas con un anexo de la bibliografía leída durante su elaboración. Además de esto, tengo escritas unas 50 páginas de mis sueños desde el año 1980. Solo los escribo cuando me parecen interesantes o evocadores. He comprobado que los años en que más sueños documento son los que han sido más problemáticos para mí. En los últimos años no he documentado ninguno. Y, desde luego, no los enlazaré en este weblog porque tengo cierto pudor por lo suponen de intimidad para mí y para otros.
Escribir es un ejercicio muy útil para un viejo. A mi edad se olvidan las cosas y las palabras, y escribir obliga a ejercitar la mente y la memoria. Se necesita información de Internet y de prensa o libros. Hay que acudir al diccionario de sinónimos cuando uno no encuentra las palabras justas. Y, también, para un joven que está educándose es importante leer y escribir. Todo el mundo lo puede hacer; aunque no sea uno un creador. Yo no lo soy. Solo unos pocos son capaces de hacer literatura creativa.
En todo caso: no hay nada que sea más recomendable y accesible, para casi todos, que leer y escribir.

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