jueves, diciembre 08, 2005

Liberal, un término equívoco

Pocas veces nos encontramos con términos que presenten significados tan diferentes, incluso contradictorios, como es el de liberal.
En el terreno económico, la idea de liberalismo no admite muchas dudas: se trata de la doctrina elaborada por el economista Adam Smith (1723-1790) en su libro "La riqueza de las naciones" que ha tenido numerosos seguidores, uno de cuyos máximos exponentes, hoy, es el Premio Nobel Milton Friedman.
Sin embargo, el término "liberal", en EEUU, se aplica también como sinónimo de progresista o izquierdista, a aquellas personas que lucharon por los derechos civiles, contrarios a las guerras de Vietnam o Iraq, que apoyan una Sanidad Pública y también a los que configuran la rama más izquierdista del partido Demócrata. Ejemplos de este tipo de "liberales" son Michael Moore o Hillary Clinton. Todo lo contrario de lo que significan otros políticos, que en Europa conocemos como liberales, como fueron Ronald Reagan o Margaret Thatcher, por no hablar de Pinochet. Es decir, la derecha más conservadora.
En la España del siglo XIX, los liberales también presentaban connotaciones políticas que hoy calificaríamos como progresistas o izquierdistas: contrarios al absolutismo, partidarios del estado laico y de la instrucción pública; seguidores de los principios de la Revolución Francesa, o sea la libertad, la igualdad y la fraternidad.
No parece probable que el General Torrijos y sus 50 compañeros, fusilados por la monarquía absolutista en las playas de Málaga, conociesen la doctrina liberal de Adam Smith.
En el siglo XX se puede decir que son los republicanos, con la izquierda a la cabeza, quienes recogen el legado de aquellos liberales luchando contra la España negra representada por el absolutismo o el centralismo, la Iglesia y más tarde por la dictadura franquista.
Después de Franco, la transición española fue el resultado de un pacto constitucional entre una derecha moderada y liberal, la izquierda y una parte de los nacionalistas. La Constitución solo fue puesta en cuestión por el nacionalismo vasco y la derecha más conservadora. Hoy, esta derecha conservadora, representada por el PP, no solo pretende apoderarse de la Constitución sino que se reclama liberal. Bienvenidos sean, si fuesen sinceros, con las ideas de libertad e igualdad o del laicismo. O si no pretendiesen inmovilizar y congelar la Constitución. Resulta sintomático que los liberales más auténticos de esta derecha sean vistos con sospecha, como es el caso de Ruiz Gallardón, cuando no atacados con virulencia como ocurre con unos de los padres de la Constitución: Miguel Herrero de Miñón. Y también que los principales voceros de este supuesto liberalismo sean personajes como Jiménez Losantos, director de La Mañana de la COPE y de Libertad Digital, verdaderos especialistas en las artes de la manipulación mediática y la crispación política.

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